Hombres de hierro en tierra de hierro.- 1951
Desde los primeros siglos de nuestra era se
viene utilizando el mineral para la fabricación de hierro en Vizcaya. Comenzó
esta fabricación arrancando el mineral y transportándolo a las ferrerías
emplazadas en los montes junto a los bosques, por las ventajas de un carboneo
fácil para la alimentación de los rudimentarios hornos en que se fundía el
mineral, como lo atestiguan los montones de escoria que aun se ven en las
montañas de Somorrostro, Durango, Marquina, Berriz y otros lugares de la
provincia. La operación, no muy complicada, era lenta; el mineral, desmenuzado
en pequeños trozos, se mezclaba con arcilla y cal, para hacer una bola que se
colocaba en el horno, rodeada de carbón vegetal, fundiéndose en pequeñas masas
que hábilmente batidas sirvieron para forjar las primeras piezas precursoras de
la poderosa siderurgia vizcaína. Todos los trabajos se realizan a mano, lo
mismo el soplado que el maceado o batido.
Más tarde, las ferrerías se situaron en los
valles junto a los ríos, buscando la corriente de agua para suplir por fuerza
natural el trabajo del hombre, viviendo así largos años, hasta que los
progresos industriales del siglo XIX convirtieron el penoso arañar en el filón
de la mina en técnica explotación a cielo abierto, y el trabajoso acarreo del
mineral en poderosos medios de transporte, surgiendo así la moderna industria minero-siderúrgica.
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Interior de la antigua ferrería de Lebario, en Abadiano (Vizcaya), desaparecida en el año 1927. |
Las ferrerías situadas en los montes se
llamaban “agarrolas”, y las movidas por agua “cearrolas”, palabras eúscaras que
pueden traducirse en el sentido de la fábrica en sito seco y fábrica en sito de
agua.
Existieron dos clases de ferrerías: las
“mayores” y las “menores”, con misión propia cada una. En las primeras se
fundía la masa mineral utilizando el carbón vegetal con el impulso del aire que
daban los fuelles o barquines a través de una tobera.
Las masas de hierro que se fabricaban eran
de doce a dieciséis arrobas, y con cada una se hacían cuatro tochos de una vara
de largo cada uno.
Estos
tochos pasaban a las ferrerías “menores” o “tiraderas”, en donde adelgazaban y
convertían en barras, herrajes, arados, etc. Para el forjado se servían de un
martillo de seis a ocho quintales, que golpeaba sobre un yunque metido en
tierra.
Vizcaya fue aumentando sus ferrerías, que
pasaron de 80, a principio del siglo XVI, a 109 mayores y 70 menores, en el
siglo XVII, con una producción de 7.500 toneladas al año, no obstante la
sensible decadencia que experimentó España en este periodo. El objeto principal
de sus actividades eran los útiles para la agricultura, las anclas, cadenas,
clavazón y herrajes para la obra naval, tan potente en la costa vasca, y la
fabricación de armas blancas templadas por los ferrones de Tavira – hoy Durango
-, en aguas del Ibaizabal.
El hierro de Vizcaya fue muy conocido y
apreciado allende los mares. En las mazmorras de la Torre de Londres se exhiben
los hierros que sirvieron de prisión y de tortura, nominándolos “hierros de Bilbao”.
Shakespeare, alude en dos de sus famosas obras o trabajos de hierro de Bilbao,
llamando, en Hamlet, “bilboes” a los grilletes empleados para los marineros que
se amotinaban a bordo de los barcos y en
The Merry Wives of Windsor, “bilbos” a las espadas labradas con hierros de
Bilbao.
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Ferrería
de Poval, en Somorrostro (Vizcaya).
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Una de las ferrerías de Vizcaya que más
importancia tuvo en el siglo XVII fue la de Lebario, sita en Abadiano, y que
hasta 1927 estuvo en buen estado de conservación, siendo destruida en aquella
fecha para construir en su lugar una central hidroeléctrica. La del Poval, en
Somorrostro, se ha conservado admirablemente hasta época reciente.
Siempre se trabajó con gran entusiasmo en
esta región por el fomento y desarrollo de la industria del hierro. La Real
Sociedad Vascongada de Amigos del País, trató de asuntos siderúrgicos en una
junta celebrada en Bilbao, en 1772. Después de dar cuenta uno de los socios de
sus visitas a las fábricas de Suecia, Austria y otros países, la Comisión de
Ferrones propuso se hicieran nuevos estudios para mejorar la calidad de los
productos, así como su abaratamiento, ofreciendo premios a los ferrones o
particulares que con sus nuevos procedimientos o maquinaria consiguieran
resultados prácticos en ese sentido.
El primer horno alto levantado en Vizcaya se
instaló en Bolueta, por la Sociedad “Santa Ana de Bolueta”, en el año 1848.
Unos años más tarde, en 1854, se instaló otro horno alto en la fábrica “Nuestra
Señora del Carmen”, en Baracaldo, por los señores Ibarra Hermanos, y la
tradición cuenta que el encendido de este horno se hizo con fuego que se llevó
de la ferrería el Poval, en Somorrostro, que a la sazón pertenecía también a
los señores Ibarra.
La fábrica de “Nuestra Señora del Carmen”
obtuvo la Medalla de Oro en la Exposición Universal de París en 1855, por la calidad
extremadamente dulce de sus hierros. Esta fábrica y “La Vizcaya”, que se montó
en Sestao en 1882, constituyeron la base de la formación, en 1902, de la
Sociedad “Altos Hornos de Vizcaya”.
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de 1951.
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Existieron también en aquella época fábricas
de hierro en Astepe (Amorebieta), Miravalles, Usánsolo y Santa Agueda.
Don Federico Echevarria, en el año 1876, fue
el iniciador de una fundición que, en desarrollo y progreso continuos, dio
lugar a la constitución, en 1920, de la “Sociedad Anónima Echevarria”, con sus
tres fábricas en Recalde, Santa Agueda y Castrejana, En 1892 se funda la
“Compañía Anónima Basconia”, para fabricar hojalata en su fábrica de Basauri,
Dos Caminos, instalando posteriormente hornos de acero y trenes de laminación.
Y en 1902 se crea la “Sociedad Altos Hornos de Vizcaya” S.A., por la fusión de
“Altos Hornos y Fábrica de Hierro y Acero de Bilbao”, “Sociedad Metalúrgica y
Construcciones de Vizcaya” y la “Compañía Anónima Iberia”.
Así nació y creció, fundamentalmente en las
antiguas ferrerías, la actual industria siderúrgica vizcaína, que representa
aproximadamente, en el total de la producción nacional, del 60 al 70 por 100,
en la de lingote de hierro, y del 50 al 60 por 100 en la de acero.
Cuando mayor incremento adquirió la
siderurgia en Vizcaya, así como en el resto de España, fue en el periodo
comprendido entre 1923 y 1929. Durante esta época se modernizaron y ampliaron
las industrias siderúrgicas. En 1924 se puso en marcha una nueva instalación en
Sagunto (Valencia), para utilizar los minerales de Sierra Menera de las
provincias de Teruel y Guadalajara.
Levantada por la “Compañía Siderúrgica del Mediterráneo” con capital
vizcaíno, pasó más tarde a ser propiedad de “Altos Hornos de Vizcaya”, S.A.
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de 1951
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Toda clase de respeto y admiración merecen
aquellos antiguos ferrones de Vizcaya, que con su laboriosidad llegaron a
conseguir la fabricación de un hierro que hizo famoso en todo el mundo el
nombre de España, y es justo que en esta ocasión les rindamos un emocionado
recuerdo, como asimismo a tantos y tantos ilustres vizcaínos, que en los
tiempos modernos continúan la trayectoria marcada por sus mayores laborando en
pro de la industria de Vizcaya, que es lo mismo que decir industria nacional.
Publicado en 1951 en la
revista METALÚRGIA Y ELECTRICIDAD.
Obra original
perteneciente a los fondos bibliográficos de la Fundación Sancho el Sabio
Fundazioa. (Vitoria-Gazteiz).
http://hdl.handle.net/10357/8536
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