La minería de hierro en
Vizcaya.- 1951
SU
PASADO
No pretendemos
desarrollar, una vez más, el tema de nuestra tradicional minería, ni producir
datos estadístico conocidos, pero con el fin de señalar el contraste entre el
pasado y el porvenir, podemos recordar aquellas explotaciones que llegaron a
producir hasta seis millones de toneladas en los últimos años del siglo
anterior y primeros del presente. Realmente fue extraordinario este criadero
vizcaíno, y debemos tener en cuenta para apreciar la importancia de las
producciones logradas, que los medios de que entonces se disponía eran
rudimentarios y la superficie del yacimiento relativamente pequeña. Pocos
criaderos de mineral de hierro, en el mundo, si es que ha habido alguno,
alcanzaron el valor por hectárea que llegó a pagarse en algunas minas
vizcaínas; y fue precisamente este valor el que dio origen a aquella minería
subdividida hasta el extremo en que, salvo algunas excepciones, cada concesión,
con unas pocas pertenencias, trabajaba aisladamente con elementos propios e
independientes, y frecuentemente con medios de transportes particulares. La
proximidad al puerto y el alto precio de sus minerales, explican que fuese
posible esta explotación aislada, porque en general el criadero, más que por la
cantidad, se distinguió por la facilidad de su laboreo y, sobre todo, por la
excepcional calidad de su mineral. Prescindiendo de la “vena” y el “campanil”,
ya agotados, en todo el mundo siderúrgico se conocen los “rubios” de Bilbao y
se aprecian por su extraordinaria facilidad de reducción y su especial
comportamiento en el horno alto.
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Mina
en el barrio bilbaíno de La Peña.
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Después de aquellas épocas en que el Fuero
de Vizcaya prohibía la salía de sus minerales, y de aquellas otras en que la
producción era muy reducida, en cierto que cuando se lograron producciones
fuertes, la mayor parte de los minerales se dedicaron a la exportación. Mucho
se ha censurado la liberalidad con que fue entregada al extranjero esta riqueza
nacional, y no cabe duda de que si contásemos hoy con aquellas existencias,
podrían ser otros nuestros programas siderúrgicos, pero no podemos compartir
nosotros tales censuras porque tenemos el pleno convencimiento de que, con el
producto de nuestras minas, pudo ser una realidad el puerto de Bilbao, la
siderurgia vizcaína, las empresas navieras y una gran parte de la industria
española. Si aquel despilfarro fue el motor de arranque que puso en marcha la
gran maquinaria de las actividades industriales diseminadas por toda España,
sólo nos toca, por nuestra parte, dar las gracias a Dios por habernos concedido
aquella riqueza, y gracias también a los hombres, que con su talento y espíritu
de empresa, supieron, no solo ponerla al descubierto, sino emplearla en otras
actividades que fueron el origen de nuestro desarrollo industrial.
Desgraciadamente la decadencia del criadero,
fatal e inevitable, ha provocado la baja en su producción, y de aquellas cifras
de cinco y seis millones alcanzadas al comenzar este siglo, se ha pasado a las
actuales con una extracción de unas 800.000 a 900.000 Tons., y con un producto
de inferior calidad. Fue el año 1940 el último en que la producción (1.500.000
toneladas) excedió del millón de toneladas, y mientras no de ponga en actividad
nuestras explotaciones, es difícil rebasar de nuevo esta cifra.
CONDICIONES
ACTUALES DE LA MINERÍA DEL HIERRO
Si todos los precios sufren fuertes
variaciones en el transcurso del tiempo, las experimentadas en el mercado
internacional del mineral de hierro, son sin duda unas de las más típicas.
Desde hace ya muchos años se distinguen por su regularidad estas oscilaciones
periódicas; con momentos de alza que se suceden cada 11 o 12 años y periodos de
depresión, tan intensos, que obligan con frecuencia a la paralización total de
aquellas explotaciones que, por la calidad de sus minerales y su elevado costo
de extracción, unidos a la falta de reservas en la empresa explotadora, no se
pueden soportar la prolongada crisis. Y es curioso analizar el gráfico de los
precios de exportación en los últimos 60 años; su periodicidad constante, sus
alzas de corta duración y la base mucho más amplia de los años críticos.
Con estos antecedentes, todas las empresas
saben perfectamente que es indispensable aprovechar los años de elevado precio
de venta, para reforzar su tesorería y amortizar en fuerte proporción sus
instalaciones. Cuando, por las circunstancias que fueses, esta condición no se
cumple, el peligro de la paralización en la próxima crisis es inminente.
El final de nuestra guerra de liberación
coincidió con alza de 1939, pero más tarde, y siguiendo las vicisitudes de la
guerra europea, se produjo la correspondiente crisis, agravada en nuestra
patria por las condiciones en que se desarrollaba su economía. Tales
circunstancias determinaron una vida verdaderamente difícil, durante aquellos
años, para la industria minera de toda España y, como es natural, no escaparon
las de Vizcaya de aquellas dificultades.
La crisis pude ser resuelta, gracias a la
concesión de una “cuenta combinada”, administrada por la “Comisión
distribuidora del mineral de hierro”, y que permite mejorar el cambio
correspondiente a estas exportaciones, concediendo a los mineros compensaciones
que pueden cubrir el creciente costo de explotación y dedicar alguna pequeña
cantidad a sus amortizaciones. Si, como consecuencia de la situación
internacional, el mercado se mantiene en alza, no se debe perder de vista las
consideraciones antes expuestas, para permitir a las empresas reforzar su
economía aprovechando la favorable coyuntura presente.
No siempre las ventajas que reporta la
“cuenta combinada” son suficientes para explotar económicamente algunos
yacimientos que, principalmente por el precio de transporte a puerto, a través
de la RENFE, tienen un costo total para sus minerales que rebasa el precio de
venta. En estos casos sólo cabe, o bien, si esto no es posible, el apoyo
directo del Estado. Y a nuestro juicio, cualquier solución es beneficiosa para
la economía nacional, ya que permitiría convertir en valor real una riqueza que
hoy sólo existe en potencia.
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Plano
inclinado de las Sociedad Franco-Belga
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CARACTERÍSTICAS
DE LOS MINERALES ESPAÑOLES
La “Comisión distribuidora” además de
administrar la Cuenta combinada a los efectos compensatorios ya citados, cumple con la
función primordial de garantizar el conveniente suministro de minerales a la
siderurgia nacional, compaginando en lo posible las peticiones de cada fábrica
con las disponibilidades de las calidades solicitadas. El interés nacional
exige, como es lógico, producir la máxima cantidad de lingote con una
determinada cantidad de carbón disponible; es decir, obtener el mayor
rendimiento de los hornos altos, lo cual conduce al empleo de los minerales más
ricos o más fácilmente reducibles.
La tarea es difícil, y no por falta de
minerales precisamente, puesto que hay un exceso que se dedica a la
exportación; la dificultad estriba en la escasez de aquellas calidades que
mejor se acomodan a la condición pedida, sea por su ley en hierro, o sea, en
fin, por su comportamiento en el horno alto. Los minerales más solicitados y
que mejor reúnen estas características, son los de la “Compañía Española de
Minas del Rif” y los “rubios” de Vizcaya; pero, aunque por causas diferentes,
ninguna de estas calidades se logra en cantidad suficiente para satisfacer las
demandas siderúrgicas.
Es preciso pues, entregar al consumo
nacional minerales de otras procedencias, y que sólo pueden emplearse en
determinada proporción para la carga del horno alto. Unos, como los de Sierra Menera
y los de Granada son blandos y pulverulentos; otros, como los procedentes de la
cuenca de Asturias y Galicia, son extremadamente duros, compactos y poco
permeables, y, por último, los carbonatos calcinados de Vizcaya contienen
excesiva cantidad de azufre, y son también blandos con elevada proporción de
polvo.
No podemos entrar en el análisis detallado
de estas características, pero si diremos, aunque sólo sea de pasada, que, por
el momento, el remedio más eficaz contra estos males es el de aglomeración o
“sintering”, y que a aplicarlo tienden las grandes empresas siderúrgicas.
“Altos Hornos de Vizcaya” que contaba con una planta en Sagunto, tiene ya en
construcción adelantada, una instalación importante en Sestao. Cuando el
“sinterin” pueda producirse en cantidad suficiente, los minerales defectuosos será
problema de fácil solución el abastecimiento de esta primera materia a la
siderúrgia nacional, aunque ella consuma, como es de esperar, cantidades muy
superiores a las que hoy necesita.
Otra procedencia interesante de mineral de
hierro es la utilización de las cenizas de tostación de las piritas que se
consumen en España. Esto exige instalaciones para la recuperación del cobre y
otros metales; eliminación de elementos nocivos y aglomeraciones del residuo
pulverulento. Es un tema de gran interés que se estudia en estos momentos,, y
confiamos en que la solución del problema sea pronto una realidad.
Hemos dicho que los “rubios” son, y han sido
siempre, los minerales más solicitados por nuestra siderurgia; como su
producción es insuficiente y sus reservas escasas, quedó prohibida desde años
su exportación, dando lugar esta medida restrictiva a numerosos escritos de
reclamación por parte de las empresas productoras, ya que, a su juicio, la
restricción no ha sido debidamente compensada. Si el interés nacional justifica
plenamente que esta riqueza minera quede reservada a las necesidades del
mercado interior, parece lógico que tal medida viniese acompañada de una
ordenación de las explotaciones y que los precios de tasa sean equivalentes a
los que perciban los exportadores. Porque hoy se da el caso de que minerales de
alto valor pero que no pueden ser exportados, alcanzan menor precio que el
logrado en el exterior por otros de inferior calidad.
ESTUDIO
Y RECONOCIMIENTO DEL CRIADERO
El progresivo agotamiento de las minas
vizcaínas u la falta de datos concretos sobre sus probables reservas, son temas
que vienen preocupando desde hace muchos años a productores y consumidores y,
en general, a todos cuantos se interesan por estas cuestiones. Se publicaron
diversos trabajos por los técnicos más destacados, pero sólo podían éstos
apoyarse en datos aislados de cada una e las empresas, faltando el estudio de
conjunto y sobre todo el reconocimiento que pueda completarlo. Y si entidades
oficiales y particulares quisieron organizar este estudio de carácter general,
sus intentos fueron estériles, por causas diversas, hasta el Instituto del
Hierro Acero, en el momento de su constitución, decidió acometer esta empresa
poniéndose de acuerdo para ello con la Dirección General de Minas y
Combustibles.
Se nombró una Comisión Técnica; se publicó
el estudio geológico de la región y se procedió más tarde al estudio en detalle
de cada zona. Sobre estas bases teóricas se fija la situación más conveniente
de los sondeos, y el Instituto del Hierro realiza el trabajo de reconocimiento
facilitando los datos reales que han de servir para la revisión del estudio
teórico y la apreciación de las probables reservas minerales.
El primer trabajo ultimado y publicado, se
refiere al extremo Sur del criadero, llamado “Zona de Bilbao”, porque en este
término municipal están enclavadas las minas más importantes. Se ha comenzado
también el reconocimiento de la llamada “Zona de Rodovalle”, entre Gallarta y
el mar, donde trabajan dos equipos de sondeo, y quedan para un estudio
posterior la zona de Galdames, la de Sopuerta y la limítrofe con la provincia
de Santander.
Una vez reunidos los trabajos e cada una de
las zonas, podrán ser recopilados en un estudio final e incluso cabe entonces
revisar algún trabajo de detalle y practicar nuevos reconocimientos que aclaren
los puntos dudosos.
Sería aventurado adelantar cifras sobre los
resultados más o menos probables de esta investigación, pero debemos salir al
paso de esos artículos pesimistas que de vez en cuando se publican sobre la
minería de Vizcaya. Una cosa es que las reservas de rubios sean escasas y que
las cifras de la producción no alcancen al millón de toneladas, y otra cosa muy
distinta, el pasar por alto las reservas de carbonato sin considerar las
posibilidades de esta explotación.
Lo que si creemos con firmeza es que el
reconocimiento que se está practicando sólo puede descubrir nuevas masas de
carbonatos, y que es sumamente difícil que se puedan poner en valor cantidades
apreciables de rubios, porque estos minerales, producto de la oxidación natural
del carbonato, solo puede encontrarse en las partes altas del criadero, y en
estas zonas bien reconocidas y explotadas, caben pocas sorpresas.
Sujeta siempre a la oportuna rectificación,
se viene dando, como reserva probable, la cifra de 70 millones de toneladas, de
las cuales un 20 por 100, aproximadamente, corresponde a los óxidos, o rubios, y
el 80 por 100 a los carbonatos calcinados. Y, aunque no pretendemos prejuzgar
el resultado final del reconocimiento, conviene señalar este cálculo actual de
las reservas, para fijar ieas y para apoyarnos en una hipótesis al tratar el
futuro de la minería.
Con estas reservas y los 230 millones ya
explotados hasta ahora, el criadero habrá contenido un total de 300 millones,
cantidad muy inferior a la calculada para otros yacimientos importantes del
mundo, pero, repetimos, que si el cubo total no es muy considerable, la calidad
de los minerales y su posición geográfica, han compensado largamente la falta
de cantidad y ha hecho célebre en el mundo siderúrgico al criadero de Vizcaya.
LAS
EXPLOTACIONES ACTUALES
Las reservas de rubios
están extendidas a lo largo del criadero, pero las más importantes pueden
agruparse en cuatro zonas:
Primera. Zona Sur.- Minas:
Abandonada, San Luis, Morro, etc.
Segunda. Zona de
Somorrostro.- Minas de la Orconera y otras.
Tercera. Zona de Sopuerta.-
Mina Sorpresa, etc.
Cuarta. Zona de
Santander.- Dicido y Setares.
Fuera de estos grupos quedan pequeñas
explotaciones de muy escasa producción y vida efímera.
De las minas citadas, solamente “Dicido”
arranca rubios en labores subterráneas con serias dificultades técnicas, por el
estado en que se encuentra la masa a causa de los trabajos antiguos, y aunque
estas dificultades limitan la producción, las reservas de esta mina son de gran
importancia dentro del total calculado.
El resto de los rubios se arranca a cielo
abierto y, dado lo avanzado de la explotación, los montes estériles recargan
considerablemente el costo. Es éste otro punto sobre el cual se debe llamar la
atención, porque en las épocas en que el margen de beneficio es muy escaso o
nulo, es obligado desmontar menor proporción de estéril y, por el contrario, en
los momentos favorables el desescombro se debe intensificar fuertemente para
equilibrar la explotación. Otra razón, y razón poderosa, a favor de la necesidad de reforzar la economía
de las empresas en los periodos de alza en el mercado.
Fuera de estas consideraciones, no existen
problemas importantes para estas minas. A través de la cuenta combinada se les
viene facilitando los elementos de trabajo que precisan, pero en general sus
instalaciones están completas y no tienen otras dificultades serias que la
acentuada falta e mano de obra. El ritmo actual de la producción de rubios,
unas 450 a 500.000 toneladas anuales, podrá mantenerse durante unos años, y las
explotaciones pueden ser consideradas como una continuidad de la grandeza
pasada.
En análogas condiciones se produce una
cantidad similar de carbonato. Una pequeña proporción en labores subterráneas y
el resto a cielo abierto con idénticas características a las ya señaladas, con
instalaciones existentes y con elementos de trabajo que facilita la “Comisión
Distribuidora”.
Todo ello, repetimos, es una continuación
muy disminuida del pasado, porque apenas existen nuevas empresas y porque las
antiguas, explotan minas con marcada tendencia al agotamiento. En estas
condiciones la producción acentuará aun más su descenso y es preciso iniciar
sin demora la puesta en explotación de las masas en reserva.
EL
FUTURO DE LAS EXPLOTACIONES
Hemos dicho anteriormente que las favorables
condiciones del laboreo antiguo y el alto valor de sus productos, permitieron
aquellas especiales características de propiedades y explotaciones aisladas, a
pesar de que la naturaleza parecía haberlas dispuesto para ser tratadas,
lógicamente, como un conjunto.
El problema cambia fundamentalmente al
considerar la futura explotación de las masas de carbonato. Masas profundas,
con labores subterráneas; con fuerte desagüe; con la máxima mecanización
posible para alcanzar un alto rendimiento de la mano de obra; con pozos de
extracción y nuevos elementos de transporte; con instalaciones para la
calcinación y maniobra de los minerales, y con todos los elementos auxiliares
indispensables.
Con la sola enumeración de tales
condiciones, podemos darnos cuenta de la organización que requiere una
explotación de esta naturaleza y el volumen del capital a invertir. Solo
concebimos así, con empresas poderosas, con los mejores elementos de trabajo y
con una explotación extensa, bien estudiada técnicamente, la posibilidad
económica de arrancar y beneficiar el carbonato. No pueden subsistir en el
futuro las minas aisladas de pequeña extensión, y sería absurdo multiplicar
inútilmente instalaciones tan valiosas como los pozos de extracción y los
medios de transporte. Seguramente que explotadores y concesionarios de las
minas, se pondrán de acuerdo para fundar estas fuertes organizaciones, pero si
así no fuera, en algún caso, tendrían que ser aplicadas las disposiciones de la
nueva Ley de Minas, sobre la formación de Cotos Mineros.
Todo ello supone un cambio radical en la
tradicional minería vizcaína, única de abolengo en este país. Cambio en los
métodos de laboreo; cambio en el concepto de la explotación misma, y cambio, probable,
en las acostumbradas condiciones de arrendamiento.
Si éstas son las características generales
que deben reunir las futuras explotaciones cabe describir, aunque sea
someramente, las condiciones del laboreo y las del tratamiento del mineral.
El laboreo presenta algunas dificultades que
se derivan de dos causas principales; la intrusión de calizas estériles dentro
de la masa mineralizada y la naturaleza de la superficie. La primera causa
altera la marcha normal de las labores porque la materia a arrancar queda
interrumpida por estas masas de caliza cuyos límites irregulares son muy
difíciles de precisar, y ello, además de eliminar algún posible método de
laboreo, obliga a extraer una sensible proporción estéril, cuyo valor es muy
bajo y no siempre puede tener aplicación. La limitación impuesta por la
naturaleza de la superficie, también influye poderosamente en el costo, porque
el alto valor de los terrenos con los edificios y carreteras existentes hacen
indispensable conservar intacta tal superficie sin que llegue a afectarla la
explotación. Se eliminan así algunos métodos económicos de laboreo y será
preciso abandonar “in situ” cantidades de cierta importancia.
Por otra parte la pérdida de peso en la
calcinación (28 a 30%) y el obligado arranque de las calizas, elevan a 1.700 o
1.800 Kgs. La cantidad total a extraer por cada tonelada de mineral útil. Todo
ello y el desagüe que probablemente alcanzará cifras de importancia, encarecen
el costo de un producto que requiere después, un tratamiento especial para su
beneficio, pues el carbonato crudo sólo puede emplearse en la carga del horno
alto en muy pequeñas proporciones.
Sin extendernos demasiado en un tema que se
presta a muchas variantes y cuyo desarrollo sería impropio de este lugar,
diremos que la calcinación se realiza actualmente en hornos de cuba, con o sin
ventilación forzada y con dispositivos diversos de maniobra para la carga y
descarga del mineral, añadiendo que el tipo del horno ha cambiado muy poco en
estos últimos años y que tal vez se haya pecado por dedicar poco esfuerzo al
estudio de un proceso cuyo costo es hoy considerable, comparado con el precio
del producto. Era una práctica corriente verter en el horno el mineral tal como
sale de la mina, tanto el menudo como los trozos gruesos, y es evidente que la
marcha del horno tiene que resentirse de tal sistema, porque la ventilación y
el descenso de la carga son muy irregulares, y porque además el tiempo en que
la calcinación se realiza no es el mismo para un trozo grueso que para uno
menudo.
Algunas empresas han iniciado ya la
instalación de una planta de quebrantado antes de la carga del horno y, a nuestro
juicio, esta instalación es indispensable. Por una parte, la uniformidad del
tamaño, entre límites que determine la experiencia, mejorará considerablemente
la calcinación, y por otra, el poder partir con potentes quebrantadoras los
tamaños mas gruesos que puedan cargarse en la mina con medios mecánicos,
introducirá una sensible economía en el arranque. Pero nosotros añadiríamos a
esta planta un cribado para eliminar los menudos que perturban la marcha del
horno y frecuentemente descienden rápidamente por los intersticios del grueso
sin la debida calcinación.
Comprendemos perfectamente que entre la
aplicación de los medios mecánicos de cargue y quebrantado del grueso, la
proporción de menudos puede alcanzar proporciones elevadas, pero ello sólo implica la necesidad de considerar
con mayor atención el problema. La solución más lógica parece ser la de llevar
toos estos menudos, con o sin molienda previa, a la planta de “sintering”, con
las mezclas que la experiencia aconseje y por muy grave que sea el inconveniente
de que la pérdida de peso por la calcinación simultánea, disminuye la capacidad
de la planta.
El carbonato procedente de la calcinación en
horno de cuba es un mineral azufroso y blando, que también produce menudos en
proporción considerable, y cuya aplicación en el horno alto queda siempre
limitada. También aquí caben opiniones distintas que pueden dar lugar a
prácticas diferentes, pero en realidad sólo un estudio económico concienzudo,
basado en numerosos ensayos, podría decidir sobre la posibilidad y eficacia de
someter al “sintering” la totalidad del carbonato crudo, prescindiendo de los
hornos de calcinación. Contra en grave defecto ya señalado de disminuir la
capacidad de la planta de “sintering”, tendríamos la ventaja de obtener un producto
mejor desulfurado, más duro, y que podría entrar en la carga del horno alto en
una proporción mucho mayor que el calcinado actual. Si hoy día estos factores
no compensan el inconveniente apuntado, el día de mañana, al disminuir la
producción de rubios y aumentar las necesidades totales de minerales, tal vez
se imponga la ventaja de utilizar en mayor proporción en carbonato sinterizado.
Por esto seríamos partidarios de iniciar ese estudio comparativo de las
diversas soluciones con ensayos de tipo industrial.
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Vista
frontal de la mina “Cesar”.
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La Obsesión por acortar esta nota, nos ha
llevado a redactarla en una forma tan esquemática, que mejor parece un índice
de materias que un ligero trabajo sobre minería del hierro; con la triste
consecuencia de que su lectura no puede ser más plúmbea. Perdón por este cambio
de substancia, y perdón, sobre todo, al paciente lector que ha podido llegar al
final.
Publicado por Ricardo de
Gortazar en 1951 en METALÚRGIA Y ELECTRICIDAD.
Obra original
perteneciente a los fondos bibliográficos de la Fundación Sancho el Sabio
Fundazioa. (Vitoria-Gazteiz).