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jueves, 22 de septiembre de 2016

El porvenir Industrial de Vizcaya.- 1965

El porvenir Industrial de Vizcaya.- 1965


   Las declaraciones el Presidente de la cámara de Comercio, don Isidro Delclaux, exponiendo las líneas maestras del desenvolvimiento industrial vizcaíno y los problemas y dificultades con que se tropieza, han vuelto a poner sobre el tapete de la más palpitante actualidad un tema vital para todos los vizcaínos.

Vista nocturna de la fábrica de A.H.V. de Baracaldo.
Imagen tomada de la página “todocolección”. http://www.todocoleccion.net/
   El enorme desarrollo de Vizcaya iniciado en el siglo pasado ha colocado a nuestra provincia a la cabeza de las concentraciones fabriles de España. A la minería ha ido sucediendo la siderurgia, construcción naval, industrias transformadoras, químicas, navieras, etc. El resultado lo ha constituido el de una evidente prosperidad que nos ha colocado a la cabeza de España, juntamente con Guipúzcoa, en lo que a renta per cápita se refiere.
   En la historia industrial de Vizcaya en lo que va de siglo podrían distinguirse de una forma muy elemental y somera tres etapas:

Primera. 1900-1936 es la época del mineral de hierro, de la creación de los grandes complejos siderúrgicos, de la construcción naval, de los fabulosos negocios navieros de la postguerra de 1914.
Segunda. 1939-1959, la industria vizcaína se hace más diversificada, aparece la industria química, multitud de industrias transformadoras; esta época padeció, sin embargo, de varios defectos fundamentales. La economía española atravesó en este período dificultades especialísimas, encerrada en sí misma, con un grado de proteccionismo a ultranza y con el problema esencial de la escasez, lo que trajo consigo el estraperlo, la especulación, el cupo, la licencia y el privilegio. Muchas de las pequeñas industrias transformadoras se montaron entonces al calor de los cupos de hierro, prevalidas de unas circunstancias coyunturales tan especiales.
Tercera. 1959-1964, el impacto de las medidas estabilizadoras fue tanto mayor cuanto que no se limitó a meras restricciones, sino que supuso el final de una era de autarquía económica y de proteccionismo integral y el comienzo de una gradual liberalización de la economía.

   El anterior panorama, un tanto anárquico, con empresas claramente marginales, con una mentalidad en donde no existían en muchas ocasiones el principio de la racionalidad económica, la conciencia de los costes, la selectividad de las inversiones, ya que las circunstancias coyunturales sumamente favorables no hadan temer peligro alguno. Todo esto cambió radicalmente a partir de 1959.

   Los empresarios vizcaínos han atravesado una dura etapa en la que tienen que hacer frente a estos problemas:
1) Dura competencia interior y exterior provocada por la liberalización (a veces esta competencia ha sido desleal, en régimen de “dumping”), lo que obliga a afinar extraordinariamente en precios y calidades, producía “stocks” que no tenían salida y alarmante disminución de los márgenes de beneficios.
2) Los salarios tienden a crecer a veces más rápidamente que la productividad sin que siempre puedan repercutirse sobre los precios de los artículos.
3) La presión fiscal tiende a ser mayor.

   La restructuración de las empresas se imponía como una exigencia ineludible. Las necesidades de renovación de los equipos, de la técnica y de la organización, exigían en las grandes industrias de cabecera, enormes inversiones en un momento coyuntural extraordinariamente delicado. (Por ejemplo, en el sector siderúrgico, el más importante de nuestra provincia, la coyuntura mundial fue francamente desfavorable con una enorme sobreproducción. Afortunadamente, el signo ha cambiado en los últimos tiempos, la demanda de acero es ahora muy superior; este fenómeno se ha reflejado en nuestras factorías que no sufren en estos momentos de una competencia exterior en régimen de “dumping”, lo que les ha permitido aligerar notablemente sus “stocks”.


   El proceso de Liberalización ha sido un duro tira y afloja entre los intereses de la industria transformadora que necesitaba importar materias primas y equipo capital, lo que ha permitido incrementar grandemente su productividad, y los intereses de la industria básica, que no estaba acostumbrada a tan dura competencia, y que alegaba en su defensa varias razones:
1.º La competencia exterior desleal en régimen de “dumping”.
2.º En los casos de competencia normal usual en el comercio internacional se argumentaba que las estructuras productivas españolas no estaban en condiciones de resistirlas, porque su proceso de readaptación era largo y penoso, y además porque no basta tratar de programar un proceso de fabricación en serie con dimensiones adecuadas que se acerquen a las óptimas, si el mercado interior es estrecho, y, por lo tamo, la demanda no va a responder a la oferta.

   Las grandes empresas (muchas de las cuales han tenido que reducir y aun suprimir los dividendos a sus accionistas), sino también a las pequeñas nacidas al calor del periodo anterior. Estas empresas excesivamente atomizadas (el minifundismo es una plaga extendida tamo en el sector agrícola como en el industrial), tienen que realizar grandes esfuerzos por readaptarse, especializarse, por renovarse, muchas veces es necesaria la expansión y la fusión con otras empresas hasta alcanzar las proporciones  mínimas convenientes, pero todo esto supone una serie de dificultades y resistencias no sólo económicas sino de tipo psicológico y humano. En definitiva, en este como en otros muchos aspectos, estamos pagando el precio de los años de autarquía, vividos de espaldas a la división internacional del trabajo.

   En definitiva el que Vizcaya siga ocupando la primacía dentro del desarrollo industrial de España en unos tiempos en que las corrientes centrifugas parecen querer imponerse por doquier, depende de forma decisiva de la capacidad de los empresarios vizcaínos para adaptarse a las nuevas y cambiantes circunstancias; tarea dura la que tienen ante sí, pero en la que necesitan estar ayudados por el Estado que debe realizar enormes inversiones en infraestructura.


   En la nueva etapa del desarrollo industrial de España, las provincias vascongadas han de jugar un papel primordial (existen una serie de factores que no se improvisan y que empleando la fecunda terminología de Alfred Marshall podemos dividir en economías internas, como son las derivadas de la utilización de terrenos y edificios, de los materiales, de la maquinaria, de la mano de obra de la investigación, de la financiación, de las rentas, de la división del trabajo, etc., y las economías externas, derivadas de una mayor especialización, la de encontrar un mayor mercado, de la mejora de la mano de obra especializada, del abaratamiento de los costos de producción como consecuencia del desarrollo de otros sectores industriales, etc.). A todas estas razones hay que añadir las derivadas del perfeccionamiento del “clima” de la comunidad, lo que en definitiva pone en juego todo conjunto de variables cualitativas resumidas en el término “Innovación” y que juegan un papel decisivo en el proceso de desarrollo.

   Por ello, las regiones industrializadas gozan de la riqueza, no solamente debido a sus recursos naturales, cuanto a sus rituales de vida eminentemente dinámicos, de su espíritu empresarial, de sus  parrones de consumo, de su alto nivel educativo, una abundante formación profesional, de mayores oportunidades y por tantos otros aspectos que de ninguna forma se improvisan de la noche a la mañana. Pero el reconocer las grandes ventajas que la zona fabril del Norte de España, (donde Vizcaya en particular) poseen pura una rápida expansión no nos debe hacer olvidar los inconvenientes que hay salvar.

   El primero de ellos, depende de la clase empresarial vizcaína que como conjunto tendrá que demostrar una vez más su capacidad de maniobra y su coraje para hacer frente a las nuevas circunstancias, la honda reestructuración industrial necesaria, es una labor lenta y difícil.

   Pero para que el esfuerzo de trabajadores y empresarios fructifique  es preciso, además, remover otro tipo de obstáculos para lo cual, es preciso la colaboración del sector público. La atormentada orografía de nuestra provincia complica aun más la situación. El principal núcleo industrial, Bilbao, Baracaldo, Sestao, Basauri, etc.), se encuentra localizado en el valle del Nervión, en el que la aglomeración fabril urbana está llegando a extremos tales que la sobresaturación va a producirse en muy pocos años.

   Para que puedan darse los presupuestos de una expansión industrial  hacen falta terrenos, buenas comunicaciones, agua, etcétera. Por lo que respecta a los solares, las industrias, sobre todo las pequeñas, está en trance de estrangulamiento por la dramática escasez y los precios exorbitantes que elevan en globo los costes fijos de cualquier instalación industrial. Los problemas del agua para usos industriales es igualmente agobiante (este es un problema general de todos los países desarrollados, y como muestra tenemos la preocupación del difunto presidente Kennedy de que el agua llegase a escasear en las zonas industriales de los Estados Unidos).

Vista aérea de la desembocadura del Nervión, el Abra al fondo.
Imagen tomada de la página “todocolección”. http://www.todocoleccion.net/
   El problema de la saturación del valle del Nervión puede solucionarse de momento industrializándose rápidamente los de Asúa y de San Salvador, pero es requisito indispensable la creación de un excelente nudo de comunicaciones que haga rápido y fácil el acceso entre las distintas zonas entre sí, y esto, es algo que no se ha conseguido hasta ahora, porque para acometerlo sería necesario que el Sector Público lleve a cabo fuertes inversiones.

   El Presidente de la Cámara de Comercio, señor Delclaux, apuntó en su conferencia de prensa la idea de industrializar igualmente el valle de Guernica, dadas las excelentes condiciones naturales que dicha ría de más de diez kilómetros de longitud y la abundancia de terrenos industriales pueden proporcionar. Sin embargo, existe el grave inconveniente de las grandes obras de infraestructura precisas (canalización del río, dragado, creación de muelles, diques, etc.), así como la notable mejora a realizar de las comunicaciones de toda esa zona con el resto de la provincia, tanto por ferrocarril o por carretera (otros posibles polígonos de descongestión el Duranguesado y Plencia-Butrón).

   Para conseguir que este proyecto se transformase en realidad sería necesario una constante presión, un continuo hacerse notar ante las autoridades centrales por parte de las autoridades provinciales, organismos (tanto oficiales como privados), empresarios y opinión pública a través de los medios de información. Aun así puede parecer problemático que en momentos como los actuales en que los recursos destinados al crecimiento por parte del Sector Público son limitados y harto escasos para las enormes necesidades a cubrir a escala nacional, máxime con una política de descentralización industrial reflejada en los polos de crecimiento, parece problemático, repetimos, arrancar de los poderes centrales la realización de un proyecto tan ambicioso, que desde luego colmaría para varios decenios, los ya apremiantes problemas de la industria vizcaína.

   Pero si esta solución no se puede conseguir por el momento, el objetivo de todas las fuerzas representativas de Vizcaya debe de consistir en exponer ante el poder central, la urgente necesidad de remediar la serie de problemas que a medio y aun a corto plazo se le van a plantear a la provincia en orden a su expansión, y que si no son rápidamente solucionados amenazan con estrangular el crecimiento económico de una de las más prosperas regiones ele España.

   Uno de los factores que más decisivamente han influido en la prosperidad de Vizcaya, lo constituye la ría del Nervión, auténtica arteria del conglomerado fabril que se extiende desde Santurce hasta Galdacano. El emporio de riqueza que en lo que va de siglo se ha creado alrededor de esta vía marítima, a la vista está, no hace falta ponderarlo.

   Pero nada resultaría en estos momentos más peligroso que dormirse en los laureles y pretender vivir de las rentas y del esfuerzo de generaciones anteriores. Maravilla el trabajo realizado por nuestros abuelos que canalizaron la ría, construyeron el puerto, los diques, los rompeolas, los cargaderos y toda clase de instalaciones portuarias muy adecuadas para principios de siglo, pero que hoy en día han quedado evidentemente atrasadas.

Mapa de carreteras de Vizcaya de 1956.
   Han sido varios lustros en los que la labor realizada en la infraestructura de nuestro puerto ha sido escasa, lo que ha contribuido a su evidente descapitalización. Ahora se pretende remediar este problema y en las inversiones del Plan de Desarrollo están previstos 1.194 millones de pesetas para nuestro puerto, lo que indudablemente contribuyen a aliviar la situación. Pero, además, existe un problema de fondo de indudable gravedad. Nuestra ría y nuestro puerto está a la cabeza de los puertos de España en el tráfico de mercancías, destacando por su importancia vital, el de materias primas para las industrias de transformación, pero hay que tener en cuenta que tanto las plantas siderúrgicas, como los cargaderos de mineral y muchas de las instalaciones portuarias, así como su configuración se encuentran instalados un tanto arbitrariamente para las necesidades, ya que fueron programados hace más de medio siglo, con vistas al comercio con Inglaterra. A finales del siglo pasado los barcos ingleses que venían por mineral y que traían carbón inglés a bajo precio para aprovechar el flete, no contaban con el calado y con el tonelaje de los buques actuales.

   De esta forma, el gran problema que se presenta al área industrial del Nervión es la imposibilidad de recibir barcos de gran tonelaje (este problema se encuentra especialmente agudizado en las plantas siderúrgicas por necesitar grandes suministros de carbón y hierro para sus fundiciones).

   Tampoco pueden salir estos buques con mineral o lingote de hierro por razón del calado y porque las instalaciones de carga de mineral se encuentran demasiado anticuadas en relación con los nuevos sistemas, en que se ahorra tiempo y mano de obra. El problema puede ser atenuado aunque no solucionado totalmente mediante el dragado y ensanche de la ría, pero considerando el enorme tráfico existente resulta cada vez más difícil el movimiento de los grandes barcos que no sólo tienen que esperar las mareas, sino también se ven obligados a realizar difíciles maniobras en medio de la ría.

   ¿Cuál puede ser la solución a este problema?. ¿Reside acaso en la terminación de las obras e instalaciones del canal de Deusto?. Francamente creemos que no, más pronto o más tarde es vital acometer la tarea de construcción del puerto exterior, pues el actual, construido hace más de medio siglo se nos ha quedado pequeño.

   Pero no es el del puerto el único problema de comunicaciones que tiene Vizcaya; el de los ferrocarriles y carreteras puede alcanzar igualmente proporciones dramáticas.

   Los ferrocarriles que comunican nuestras provincias con el resto de España padecen los graves defectos estructurales heredados de generaciones pasadas de toda la red nacional. El transporte se mueve principalmente a lo largo de un reducido número de líneas de gran volumen que parten de forma radial de Madrid y conducen a las otras zonas de gran actividad económica en la periferia. Como es lógico, esta estructura crea graves problemas, ya que muchas veces deja deficientemente comunicadas entre sí a zonas de la periferia densamente pobladas y de gran actividad económica. Así no existe comunicación directa continua por ferrocarril a lo largo del Cantábrico; la comunicación directa entre el Norte y el Mediterráneo es igualmente muy defectuosa (termina prácticamente en las Vascongadas); las existentes entre la frontera francesa, Cataluña y Levante, con la región andaluza, resultan asimismo insuficientes.

   No es de extrañar, por tanto, que nuestras líneas férreas, a pesar del Plan de Modernización de la RENFE (que mejorará notablemente nuestras comunicaciones con Madrid y Barcelona) sigan con todos los viejos defectos (vía estrecha y única, material móvil anticuado, etc.), lo que transforma por ejemplo un viaje a Oviedo o a Santiago en toda una aventura.

   Parecidos problemas presentan las carreteras por la orografía tan accidentada de nuestra provincia. Así, si la progresión constante de automóviles y de vehículos industriales continúa al ritmo actual, el Gran Bilbao, cuyos problemas de ordenación urbana son ya tremendos, corre peligro de estrangulamiento, la llamada “Solución sur”, es a este respecto, de una urgencia vital ineludible.

   Pero no existe solamente el problema de los accesos por carretera a la zona de Bilbao, uno de los más difíciles entre todas las provincias españolas, y el de las comunicaciones entre los diferentes núcleos urbanos y fabriles (como muestra tenemos el tramo de Bilbao hasta Portugalete que requiere urgente ampliación y mejora), existen otros proyectos más ambiciosos, como el famoso triángulo Bilbao-Vitoria-San Sebastián, que desgraciadamente no ha pasado hasta ahora de mero proyecto, ya que en un plazo corto no lleva trazas de que sea acometido a pesar de los grandes beneficios que reportaría a toda la región.

Aeropuerto de Sondica en 1967
Imagen tomada de la página “todocolección”. http://www.todocoleccion.net/
   En cuanto a las líneas aéreas, su porvenir debe de ser brillante, dado el gran tráfico de pasajeros que da nuestra provincia, pero igualmente se precisa mejorar notablemente el aeropuerto de Sondica.

   Como resumen puede afirmarse que el futuro de Vizcaya depende de una parte no despreciable de que la mejora de nuestra infraestructura se lleve a cabo, y para ello, todas las fuerzas representativas de la provincia deben redoblar sus esfuerzos para lograrlo.

***

Publicado en 1965 por Jesús Dorao Lanzagorta.

Obra original perteneciente a los fodnos bibliográficos de la Fundación Sancho el Sabio Fundazioa. (Vitoria-Gazteiz).


http://hdl.handle.net/10357/40211


viernes, 2 de septiembre de 2016

Desde Bilbao a Santurce.- 1957

Desde Bilbao a Santurce.- 1957


   Bilbao se despereza y mira desde el “bocho” en que se asienta un horizonte hoy limpio, recortado de pronto por el anillo de sus montes. Un cerco que sólo permite la escapada de los ojos, aguas abajo, por la ría. Un cerco que sólo permite la escapada de los ojos, aguas abajo. Por la ría. Son las siete de una mañana extrañamente soleada. Las gentes van de prisa a los lugares de trabajo. Una riada humana se desborda en las calles, camino de las fábricas.

La ría y al fondo el monumento a Churruca.
   Zorroza, Luchana, Baracaldo, Sestao, Portugalete. Los barrios y los pueblos que se alzan a izquierda de la arteria industrial de Vizcaya, esa ría ancha sembrada en esta orilla de Altos Hornos, de astilleros, de unas cuantas docenas de factorías importantísimas, de un centenar de fábricas que tienen a esta banda de agua ennegrecida por corazón que todas necesitan.

   El tren arranca suave junto a un costado del puente de la Victoria.

   Zorroza. Todavía es Bilbao. El último barrio que por aquí le crece a la ciudad.

AL GUARDAGUJAS LE MOLESTA EL HUMO

   Unos cuantos hombres beben y charlan animadamente en el bar. A las ocho en punto tienen que estar en el trabajo.

-La S.E.I.D.A. está cerrada.

   Aquí tiene su fábrica de carrocerías metálicas esta Empresa española que ha lanzado al mercado los primeros trolebuses construidos en nuestra Patria. Al día siguiente volverán los obreros de sus vacaciones y todo marchará al ritmo de antes, al movimiento acelerado de siempre. Ahora son ellos los que se empeñan en invitarme. Está al caer la hora de empezar los sudores y con ellos me marcho hasta la fábrica. Todos trabajan en Industrias Químicas Canarias. El complejo mecanismo productivo se pone en marcha rapidísimamente. Diez minutos después un camión ya cargado frena sus ruedas sobre la báscula. Cuatro hombres se cuelgan del techo agarrándose a las viguetas de hierro. Un aparato eléctrico va cargando de sacos un segundo camión. Del techo va cayendo el mineral formando en el montón estalagmitas caprichosas que se desmoronan para que otras se alcen.

-A veces eso se pone como si fueran los Picos de Europa.

   El guardagujas de la estación es un hombre sano. Gallego de nacimiento lleva por estas tierras treinta y cinco años justos.

La central térmica de Burceña,
 que será inaugurada en breve.
   -Aquello que hay junto al andén es una fábrica de jabón.

    Me señala con el dedo cada cosa. Allá arriba el sanatorio Tres Cruces, una de las instalaciones sanitarias más importantes de España, propiedad del Seguro de Enfermedad, alza su tripleta de airosos pabellones. Más cerca a la derecha la central térmica de Burceña, ofrece al visitante una conquista nueva de la industria nacional. La central, que será inaugurada uno de estos días, producirá energía eléctrica con carbón y fuel-oíl. Una de las más modernas de este tipo ha sido importada de Norteamérica e instalada por técnicos americanos y españoles al servicio de Iberduero, que es la sociedad propietaria. Será empleada especialmente en épocas en que disminuya la producción de energía hidroeléctrica. Tiene barcos propios para llevar las escorias al mar y para traer el carbón necesario hasta la central. El Barco que trae el combustible se llama “Marques de Arriluce” en memoria del primer presidente de la Hidroeléctrica Ibérica, asesinado por los rojos a bordo del barco prisión “Cabo Quilates”. El que transporta los residuos se llama “Arteche”, en honor del actual presidente del Consejo de Administración. Conde de Arteche, de Iberduero, la compañía formada por la fusión de la primera con Saltos del Duero. Al fondo una columna de humo dibuja un hongo atómico y negrísimo.

   Las edificaciones de este importante lugar de sacrificios ocupan una superficie dilatada. Más allá una fábrica dedicada a la quema de sebos y grasas, llena el ambiente con un olor que molesta.

-Antes no había aquí tanta fábrica. Zorroza era, eso sí, el cementerio de los coches viejos. ¡Por que aquí se arreglaban todos los cacharros! Pero no había humo ni estos ruidos que vuelven a uno loco.

   Los entendidos decían que estas industrias matarían a las plantas. Pero el guardagujas cree que a quienes mata es a las personas.

   Y allí lo dejamos con su sonrisa de despedida sin terminar diciendo “no hay de que” a las gracias que le doy y un “nunca viene mal” al cigarrillo que le ofrezco.

   Atrás queda Zorroza con sus calles retorcidas aireando en los balcones las ropas que pusieron la víspera sus dueñas a secar. Las tiendas van abriendo sus puertas al comercio. Los bares ya hace tiempo que despertaron al negocio. En la base automovilista del Ejército, pegada a este barrio bilbaíno, reina la actividad desde temprano.

MAS QUE ESTO HAY EN EL BARRIO

   Luchana pertenece a Baracaldo. Pero hay en este barrio media docena de factorías encuadradas en la primera línea de la industria española. Es del todo imposible visitar una a una. La Lube-N.S.U. es la razón social que comprende la firma nacional a la casa alemana de prestigio mundial ha aportado herramientas, máquinas y la colaboración técnica precisa para hacer el milagro de que salga una moto completa cada doce minutos. Todo perfecto y rápido. Un probador –hay cuatro- sale con ella disparado por la pista aperaltada que rodea la fábrica hacia un camino infernal que sube monte arriba.

   -No todos valen para probadores -me dice el señor Sanchez de la Subdirección.– Agunos buenos corredores no han servido para eso. Hace falta una sensibilidad especial.

   Asusta verlos salir lanzados sendero arriba. Pero solo uno de ellos ha sufrido hace poco un accidente. La barra de protección no estaba echada y gracias a una hábil maniobra no se estrlló contra un tren que pasaba en aquel momento.

   Cerca de nosotros está la Sefanitro, esa gigantesca Empresa de interés nacional que muy pronto producirá anualmente 180.000 toneladas de sulfato amónico.

   Aquí la preocupación social es algo que salta a la vista. Basta ver el botiquin con toda clase de instalaciones precisas para su fin. Hasta allí llegan no solo los heridos de la fábrica, sino cualquiera del pueblo que lo necesita. Unos bidones me llaman la atención.

   -Son de aceite- me dicen -. Los traemos desde Jaén y los vendemos a los obreros muchas veces a menor coste, según el número de hijos que tengan. Los comedores de obreros y empleados son una maravilla. Ventilados y limpios, invitan a la alegría con sus jarrones de flores colocados con profusión. Mas de 500 obreros comen en el suyo completamente gratis. La comida es abundante y variada. Solo se cobra el vino a quien lo pida. La botella de tres cuartos a 1,25.

   -Casi todos lo piden- me dice el cocinero.

   La razón es que no les dejan llevar botellas al sitio de trabajo. Ni fumar, tampoco. Para eso tienen salas a propósito donde pueden hacerlo.

   -Porque si fuman por allí –me informa un técnico- ellos mismos resultan perjudicados en la salud. Además puede haber un escape de gases y originar una catástrofe espantosa.

   Por Navidad todo el personal de la fábrica –unos 1000 hombres- reciben un racionamiento especial y voluminoso donde no falta de nada. Y también por entonces se rifan entre los obreros media docenita de cerdos criados con las sobras de la comida.

   -Todo este  tinglado que usted ve –dice el jefe de control térmico- sirve para realizar lo que voy a explicarle en cuatro palabras.

   Y en una sola cuartilla me hace ver cómo llega el gas de las baterías de cok desde los Altos Hornos. La Sefanitro se aprovecha del hidrógeno y el resto lo devuelve a su origen. Por otro lado del aire quitan el nitrógeno y el oxigeno lo envían, para su aprovechamiento, a la Sociedad Española e Oxigeno. Del nitrógeno e hidrógeno combinaos resulta el amoniaco. Me sigue explicando que de la pirita se prepara el SO2, que en las torres de contacto pasa a ser SO3 y en absorción con agua se forma el ácido sulfúrico.

   -Sulfúrico más amoniaco nos da sulfato amónico. Lo que ahora está viendo.

   Me lo dice como el prestidigitador que acaba de sacar media docena de huevos de una chistera vieja. Pero así es la cosa. Ante mis ojos hay una montaña de blanco mineral salado, apretando las paredes de un silo capaz para 50.000 toneladas.

Vista de la fábrica de Baracaldo de Altos Hornos de Vizcaya.
AL “BAR DE LOS JAMONES” VAN TODOS LOS ANDALUCES

   Sesenta mil habitantes empadronados. Otros cuantos miles que no están en el censo municipal. Las personas que viven en Baracaldo, un pueblo que ha crecido como la espuma desde hace ocho años para acá. Casi ya una ciudad. Y una ciudad cosmopolita de fronteras para adentro, donde hay representante de todas las provincias y pueblos de España.

   Luis “El Enano” es una institución popular. Con sus treinta y cinco años y su medio metro se lleva las simpatías de todos los que le conocen. Y son más de 60.000. Hasta hace poco ha estado en el Juzgado copiando el Registro Civil actas de muertos y de recién nacidos. Es un hombrecillo simpático y alegre, amigo de todos y enemigo de nadie.

   Con Luis sólo se codean, para los visitantes, los palacios a la inglesa con Jardines deliciosos que se ven acá y allá y la iglesia de San Vicente con una antigüedad que se remonta al siglo  XIII.

   ¡Ah!, y el Alcalde. Porque esta primera autoridad, a quien el pueblo mira con agradecimiento, ha realizado al frente del Ayuntamiento una labor social que a todos maravilla. Son cientos y cientos las casas que el Municipio ha levantado y ha puesto a disposición de quien las necesita con las máximas facilidades de pago.

   Trescientos cincuenta bares. Mas de 65.000 litros de vino despachados al día. A litro por barba. Claro que hay quien ni lo prueba y barbas que se metan entre pecho y espalda ocho o diez como si tal cosa.

   -Aquí se bebe de lo lindo- me dice el dueño de un bar.

   Los que trabajan en los Altos Hornos son los que más consumen porque el calor los debilita bebiendo agua y llevan sus botellas al trabajo. Pero todos los obreros, en general, le sacuden al tinto que da gusto.

   Otra nota curiosa. Todos los dueños de los bares son de fuera. Sólo dos o tres son del pueblo. Nadie se explica por qué cuando uno de aquí abre un bar lo tiran todos a hundir. Una paradoja que se paga cara. O demasiado barata, porque no suele ir nadie.

   Aquí me sale un amigo como a otro le sale un grano en la nariz. Un hombre abierto y comunicativo que se llama Luis Ibaurei. Con él voy ahora por Arriluce Ibarra, un precioso parque a cuyo lado se levanta la Escuela de Maestría de Altos Hornos, dirigida por religiosos y atendida por técnicos formidables, donde se dan cita cientos de obreros y oficiales de todas las cercanas factorías después de salir del trabajo.

   -En el Bar de los Jamones se reúnen todos los andaluces que han venido a Baracaldo. Por allí pasan todos.

   Y allí nos vamos porque, según él, -mi nuevo amigo-, aquello es digno de verse. No son muchos los que hay, porque la hora no es tampoco la más oportuna. Hay unas mesas llenas con cuartetos de jovenes que juegan al tute. Con los andaluces es sencillisimo establecer dialogo.

   Salvador Peralta es un mozo de veitiseis años que subió hasta Vizcaya desde Teba. A su gracia andaluza une un tartamudeo simpático que no le importa conozcan los lectores.

   -Porque eso de que los andaluces somos unos tíos vagos se lo cuenten a su abuela.

   Me dice Salvador que aquí hay días que gana hasta 25 durillos.

   Se llama José Mena Millán. También él subió hasta aquí con otra caravana desde otro pueblo del Sur.

   Van entrando más muchachos de vuelta del trabajo. Todos se conocen y se saludan. Se invitan unos a otros a “potes” y a “chiquitos”.

   -En este bar solo entramos andaluces.

   Y José Mena me hace un guiño picaresco como de capitán que ha conquistado una fortaleza a pulso. Una satisfacción que no vale dinero.

CUESTA ARRIBA POR UN PUEBLO ALARGADO

   Allá en Baracaldo, que ya he dejado atrás, comienza en hilera las factorías de Altos Hornos de Vizcaya. Bordeando la Ría se estiran hasta donde termina Sestao para entrar en Portugalete.

   En Sestao, con Ayuntamiento desde 1805, con una densidad de población y una superficie industrial que le hace ir en cabeza de los pueblos de España, no es fácil encontrar donde pagar algo para llevárselo a la boca. En cambio hay zanjas abiertas en todos los rincones, porque aquí va a alzarse pronto una central telefónica que permitirá instala treinta mil teléfonos.

   El pueblo con sus treinta mil habitantes se extiende a lo largo de tres kilómetros por la falda de un monte que ya dejó de serlo. Hay docenas de casas con sus fachadas limpias que parecen estrenadas ayer. Edificios alzados a distancia como jugando al escondite y gentes que suben hacia arriba, apoyando las manos en las piernas porque cansa la ascensión.

Preparación del caldo para los Altos Hornos.
   Me pierdo adrede por una callejuela que termina en el campo. Desde el final se divisan sobre el fondo soberbias construcciones que brillan a trozos a los choques del sol. Una mujer madura cuida de unas gallinas.

   -Esto primero que se ve es la Babcok Wilcox. Y la que está a la derecha la General Eléctrica Española. Estos edificios grises son de la fábrica de cementos Portland.

   Pabellones y más pabellones todos a la misma altura como un mar de tejados ayuntados. Una extensión inmensa que pertenece entera a esa empresa gigante e donde salen tubos de acero estirado sin soldadura, vagones, locomotoras, motores marinos, un enjambre de aparatos y máquinas que enorgullecen a nuestra industria.

    Junto a la estación hay un bar con murmullos de gente. Setenta copas ganadas en competiciones de bateles, trainerillas y traineras se alinean en un armario o se apiñan en un rincón de mostrador. Un chaval despejado me prepara un bocado de jamón, indicándome que en Portugalete hay muchos sitios donde comer. Y a Portugalete –dos kilómetros andando, porque el tren tardará un cuarto de hora- me voy por caminos que no han pisado muchos de estas tierras. ¡Algo maravilloso!.

PATRAÑAS QUE SE INVENTAN

   En mitad de la plaza, sobre una piedra monumental descansa el busto en bronce de Víctor Chávarri, el hombre de ímpetu y empresa que trajo a la realidad española la Iberia Altos Hornos que dio más tarde al fusionarse con Altos Hornos de Baracaldo, estos hoy famosos mundialmente Altos Hornos de Vizcaya. Bajo el busto dos obreros que en esta gran empresa dejaron el sudor. A un costado la basílica de Santa María con sabor de antigüedad que se remonta al siglo XI y su papel en las guerras carlista como fortaleza de unos hombres que en ella se defendieron con heroicidad. Y allá arriba el monte San Roque, arranque de “la baja” el 16 de agosto, día de fiesta grande en este pueblo, paréntesis limpio en esta margen lleno toda de humos. Ese día los mozos y las mozas, agarrados del brazo bajan desde allá arriba hasta la orilla, cantando sus canciones, a sobresalir en la caza de patos y divertirse con las cucañas.

La campana de Santa María en Portugalete.
   Miraba ahora desde la ría junto a otro amigo, de esos que uno se encuentra sin darse cuenta como, la maravilla del puente Colgante, Transbordador o Puente de Vizcaya, porque categoría sí que tiene para llevar encima media docena de nombres con sonoridad. Casi 49.000 taladros, más de 18.000 remaches y 326 metros de longitud de perfiles lleva este milagro en hierro que dibujó sobre un papel en blanco el arquitecto Palacio y hace ya tiempo es paso de uno a otro lado del agua.

   Y me contaba este buen muchacho –José Ortego en la partida de nacimiento- que él había oído hablar de un subterráneo bajo la planta de la iglesia donde la Santa Inquisición llevaba a sus condenados a morir.

   Una vendedora de periódicos pasa a nuestro lado y escucha las últimas palabras.
   Se enfurece y nos grita:

   -No haga usted caso, Joven. Esas son calumnias. Patrañas que se inventan.

   El chico se defiende porque él sólo me dijo que “había cído”. Pero la mujer insiste en que aquello no es cierto.

   Y me dice adiós mientras empuja hacia arriba con la cadera el montón de papel.

   Yo se lo digo a Portugalete, a este pueblo agradable que no tiene bailes cerrados y en la plaza vende a los mozos tiques para cuatro piezas por una sola peseta. Porque cuando la banda municipal descansa tocan los altavoces y su dueño ha pagado por eso una bonita cantidad en la subasta.

EN SANTURCE YA NO HAY SARDINAS FINAS

   Santurce, marinero y devoto de la Virgen del Carmen, enseña al visitante, junto a la rampa de su puerto, la imagen, alzada en piedra, de la Virgen. El 16 de Julio es el gran día de Santurce. Por la tarde, la Virgen Marinera, colocada sobre una trainera es llevada a la bocana del puerto entre vítores y jubilosas sirenas. Más de 50 embarcaciones de motor y numerosas barcas acompañan a la Madre de Dios en esta procesión porteña de todos los años. Los espigones del muelle y las bellas alamedas de Las Arenas, Neguri y Algorta, se pueblan del gentío devoto que saluda con blancos pañuelos a la milagrosa. Patrona de la Marina.

   Los remos de la embarcación de la Virgen los mueven desde siempre, por vieja tradición, los patronos pesqueros de Santurce. La procesión se detiene al final de su pequeña singladura. Las bandas de música no cesan en sus acordes durante todo el recorrido y las sirenas guardan ahora silencio. Varias coronas son arrojadas a las aguas azules, en memoria de los caídos en el mar, mientras la Virgen es vuelta cara a la ría mirando con su rostro hacia el marco que le tiende Vizcaya, la del mar y la de la industria, que hace presente allá al fondo con sus altas chimeneas, sus humaredas y sus astilleros.

La Virgen del Carmen recorre la ría en trainera. 
   -No se le ocurra. ¡Si no son de aquí! Las traen de fuera y encima las cobran como si fueran de oro.

   Este consejo de un hombrecillo, el olor que soltaban a asarse sobre la parrilla y sus dimensiones, demasiado grandes para los diminutivos de la copia, me hicieron desistir de mi intención. Y no probé las sardinas. Pero esto que yo hice porque me vino en gana le ocurre a los que llegan, las comen y las pagan diciendo cuando vuelven a sus tierras, que han catado las famosas sardinas. Y es que, por lo oído, en este pueblo que levantó su fama junto al Abra ya no se comen sardinas tan ricas como antes.

   Pues, sí señor, es cierto. Estas ni tienen grasa ni na. Fíjese que tamaño. Las de antes eran la mitad.

   Nos lo dice Valentín Fernández, ojos muy húmedos y arrugas en la frente, natural de Santurce y habitante del mar desde hace cuarenta años, pescador veterano de todo lo que salga.

   -Entramos con ardor a destrozar la pesca. Todo por no gastar lo que se debe. Y porque los barcos grandes se han comido a los chicos.

   Lo de siempre. Y nos explica la primera paradoja con su lenguaje cargado de vocablos enteros nacidos en el mar y frescos siempre. Ya no se pesca con “raba”. Ahí está el quid al parecer, La “raba” –huevas de merluza y bacalao echada al agua con prodigalidad llamaba a las sardinas a un banquete diario. Sin acabarlo nunca, caían  en las redes y un poquito después en la parrilla.

   -Pero ahora ya no hacemos eso. Pescamos con luz y por la noche. ¿Comprende? Las sardinas se escaman y salen de estampida. Hay que irlas cogiendo cuando saltan.

   Lo dice con un tono como si hoy cada día cometiesen una traición. Y me dice también que hoy un barril de raba cuesta más de 1.200 pesetas –él llegó a comprarlos por sólo cinco duros-; que las sardinas ya no vienen como antes junto al Abra y que las que se comen son de Levante o de Galicia y en los bares “las pasan de matute” como si fueran santurzanas legítimas. Otro interviene y Valentín Fernández, pescador fuera y dentro del mar dice:

   -Tú calla, que esto es para mí solo.

      Pero el amigo le quita la tajada y nos informa que un año, el día del Carmen, las sardinas que en el pueblo se comieron eran todas de Huelva.

   -Tome usted nota de esto y en ortografía hagamelo bien.

   Los barcos grandes –me explica- han costado mucho dinero y para no salir perdiendo pescan lo que sea. Y la pesca de la sardina con los viejos pescadores ha resultado perjudicada. Allí junto a la rampa hay amarrados un par de docenas de barcos que ya no salen a pescar porque los grandes se lo barren todo. Y allí está el “Virgen de Chanteiro”, la embarcación de Valentín, que va a salir ahora por si han dejado algo.

   -Aquellas de antes sí que eran sardinas de Santurce. Dígalo. Hoy ya no. Pregúntele a esa vieja que lo sabe mejor que yo.

   Y la anciana Josefa Luzaco, ochenta y seis años de edad, con una memoria prodigiosa, boca sin dientes que ha comido muchos kilos de sardinitas finas, afirma con la cabeza y dice:

   -Pero la vida no hay que contar la de antes, hombrete.

   La vieja sardinera de copla –que ya desaparece- tiene su fundamento en esta abuela que hoy se pasa las tardes sentada al sol junto a la iglesia. Por la orilla de la ría se fue miles de veces a Bilbao, con cesta en la cabeza y apretando pasos para llegar de las primeras. Porque ella era el Pico Amarillo, de las lanzadas que compraba la flor de la pesca nada más tocar puerto las embarcaciones y hacía sus perrillas cuando apuntaba el sol.

   -Entonces se trabajaba, pero se comía, Jopelín! Ahora Lujo, lujo.

   Ella sabrá por qué lo hice. Nosotros no conocimos lo de antaño ni llegamos a comprar, como ella, una arroba de sardinas por cuatro pesetas.

   -Antes se comía mejor de la pesca catorce veces. Y le digo poco.

   Si hubiera dicho 18 también se lo creeríamos, porque, según me dice, ha sido hasta hace poco una magnifica cocinera con el paladar en su sitio.

   Josefa Luzano cuenta ahora la muerte de Sindo –el hermano de una nuera- en el mar y la de dos mocetes del pueblo “cuando estalló la caldera del Pitorrita”. Y se nos va porque se acuerda que ha dejado abierta la puerta de la casa. Aquí me deja con la conclusión de que en Santurce ya no se comen sardinas santurzanas.

   -No deje de ver el rompeolas.

   Y allí me voy, donde el mar es ya mar a verle chocar contra los muros de piedra en una lucha desigual y embravecida. Dos horas mirando el trozo negro que viste los que arrastra la ría, el morado de la tarde plomiza, el verde de las orillas poco profundas y el intenso azul e una lejanía que se escapa.

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Publicado por Carlos Prieto Hernández en 1957 en EL ESPAÑOL.

Obra original perteneciente a los fondos bibliográficos de la Fundación Sancho el Sabio Fundazioa. (Vitoria-Gazteiz).

http://hdl.handle.net/10357/22372