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viernes, 25 de septiembre de 2015

La marina vizcaína.- 1919

La marina vizcaína.- 1919


   Desde los más remotos tiempos vienen figurando en la “Historia de la Navegación” un gran número de marinas vascongados.

La ría en y las fábricas de “El Desierto”
   Ilustres y célebres navegantes que realizaron grandes descubrimientos; capitanes, pilotos y marineros que hicieron atrevidas e interesarles travesías; pescadores arriesgados que lucharon en cercanos y alejados mares contra las más recias tempestades, mentidos en débiles embarcaciones.

   Todos esos vascongados, habían hecho su aprendizaje en nuestro mar Cantábrico y su acendrada afición a la náutica era debida a su carácter emprendedor y ansioso de buscar fortuna, pero también muy principalmente a que nuestros antepasados dedicaron una buena parte de sus riquezas a construir y armar buques.

   Ya en tiempos del famoso Consulado de Bilbao, ilustre Corporación que dio a luz excelentes reglamentos y disposiciones para las contrataciones marítimas y para la navegación, tenía la construcción de buques gran importancia en Vizcaya, y eran ya muchos los armadores vascongados propietarios de naves que se dedicaban a toda clase de travesías.

Bilbao.- Un barco en Sendeja.
    Decayó años después en Vizcaya el negocio marítimo, y no volvió a resurgir hasta después de terminadas las guerras civiles. Durante ese tiempo fueron nuestros marinos a ocupar plazas en las compañías de navegación más importantes de España, y en ellas y en los cargos de más confianza, figuraron siempre nombres de marinos vascongados.

   El resurgimiento de la navegación en Vizcaya, tuvo lugar después del año 1876, en que terminada la guerra carlista, empezaron a exportarse desde Bilbao a Inglaterra, principal mente, grandes cantidades de mineral de hierro.

   Allá por el año 1882 D. Eduardo de Aznar y de la Sota, en unión de su socio D. Juan Bautista Astigarraga, fundó la “Compañía Bilbaína de Navegación”.

Bilbao.- Barcos junto a Sendeja y Arenal.
   Algunos años más farde, el mismo Sr. Aznar, con su sobrino D. Ramón de la Sota, formaba otra nueva entidad para la adquisición de buques de gran tonelaje.

   D. José María Martínez de las Rivas, adquirió también por aquellos tiempos varios hermosos vapores.

   D. Modesto Abásolo, padre del actual conde de Abásolo, con su “Soc¡edad Marítima Vizcaya”, D. Fernando Carranza, D. Juan Durañona y al algún otro armador, que seguramente no recordaré en este momento, eran los que representaban unos veinte o treinta buques de gran tonelaje, que eran todos los que pertenecían a la matrícula de Bilbao hacia el año 1899, época de la terminación de nuestras guerras coloniales.

   Fue durante los años 1889 y 1900 cuando en Bilbao se dio un gran empuje al negocio marítimo.

   Se adquirieron por diverjas compañías de navegación que se formaron, más de cien vapores de gran tonelaje. El principal promotor fue aquel hombre bondadoso, de esclarecido talento mercantil, que se llamó D. Eduardo de Aznar y Tutor, quien conocía mejor que nadie en España el negocio marítimo y que solamente para las compañías que dirigía adquirió treinta vapores.

Baracaldo: Barcos junto a la fábrica de Altos Hornos.
   Llegó a notarse en aquella época escasez de personal marino. Hubo que habilitar para capitanes a pilotes jóvenes, sin gran experiencia. Sin embargo, no se condujeron mal éstos, y es que los marinos vascongados se han distinguido siempre por su esmerado cuidado en el cumplimiento de su deber y por su gran prudencia y esas son las condiciones más preciadas que pueden poseer les que se dedican a esa arriesgada profesión.

   Al mismo tiempo que se adquirían nuevos buques en el extranjero, resurgía también en Bilbao la construcción de buques, y el Sr. Martínez Rivas en sus “Astilleros del Nervión” y los señores Sota y Aznar, en los de “Euskalduna”, empezaban la construcción de vapores de gran tonelaje, que después ha sido aumentada con los que se construyen en los “Astilleros de Sestao”, de la Constructora Naval y otros muchos talleres más modestos.

   Aquellas grandes adquisiciones de buques, que importaron unos cien millones de pesetas fue posible hacerlas con relativa facilidad por el espíritu de confianza mercantil y por la facilidad de asociación que existe en Bilbao para constituir sociedades anónimas.
   
   Basta que unas personas de reconocida seriedad inicien un negocio y digan que lo han estudiado, para que los capitalistas grandes y chicos se fíen de sus palabras y acudan con sus fondos a suscribir el capital solicitado. 

Portugalete: El vapor “Giralda” saliendo del Abra.
   El negocio marítimo fue malo hasta hace cuatro años. Si bien algunos años producían los vapores una utilidad bruta de diez o quince por ciento, que no podía considerarse como un buen negocio, teniendo en cuenta la amortización rápida que por desgaste de material tienen los vapores, hubo algunos años que la mayor parte de los buques estuvieron amarrados porque se perdía dinero en cualquier tráfico a que se dedicasen.

    En cambio, en estos cuatro años, puede decirse que han sido objeto del negocio mas grande que se ha conocido.

   Con motivo de la escasez de tonelaje por los torpedeamientos y por otras causas debidas también a la guerra europea, ha sufrido tal transformación este negocio que por lo que se refiere a Bilbao y a los cien millones que próximamente tenía invertidos, puede calcularse que se han convertido en unos dos mil millones teniendo en cuenta el valor actual de la flota y las utilidades realizadas en estos últimos años.

   Y como una buena parte de ese dinero se haya depositado en fondos de reserva de las compañías navieras para dedicarlos a nuevas adquisiciones de buques, puede asegurarse para el porvenir, y por lo que se refiere a la matrícula de Bilbao, un gran desarrollo de la marina mercante.

Bilbao: Barcos en Uribitarte.
Publicado el 11 de Septiembre de 1.911

Por Rufino de Orbe en el semanario España.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Bilbao, puerto cerrado.- 1919

Bilbao, puerto cerrado.- 1919

   Extraña notar cómo este Bilbao, que tiene abiertos ante sí los caminos del mundo, es tan hermético para las nuevas ideas universales. En la historia de la villa, el mar es siempre la arteria vivificante.  Desde que la población se manumite de las luchas primitivas de sus banderizos y rompe la marcha hacia lo futuro, es imposible hablar de ella sin hablar de su puerto. En las orillas de su canal, los carpinteros de ribera levantaban costillares de naves. Sus capitanes eran los más duchos de la península. Ya en un viejo grabado del siglo XVII, aparece la ría llena de bergantines que arriban repletos de bienandanza mercantil. La flota bilbaína traficaba con las colonias, con los Países Bajos, con Inglaterra y toda la Escandinavia. ¿Cómo fue que el espíritu errabundo, curioso, inestable, de aquellos hombres, no llenó de inquietudes el país?. A veces he pensado si no habrá sido precisamente el quietismo del labriego, el estatismo de la montaña, los que agobiarían a Elcano, a los muchos vascos de alma exploradora que se lanzaron en pos de Colón. ¡Hombres enrolados en carabelas que enfilaban sus proas hacia una descomunal quimera!. Decididamente, hicieron bien alejándose. De haber estado tierra adentro, hubieran sido gentes peligrosas y mal vistas: reformadores, descontentos,  heterodoxos. Se fueron con los ojos sedientos de nuevos panoramas y al regresar del periplo azaroso, hallaron su solar inconmovible. Todavía hoy le dura esa resistencia. Yo no sé si atribuirla a la forma un poco anormal en que aquí se crean los elementos directores del país. En Bilbao no mandan las jerarquías nobiliarias; son los ricos los que ejercen preponderancia. Esto no encerraría peligro, si no fuese porque aquí los ricos llegan en tandas. El dominio de la riqueza es tolerable cuando logra tener buenas maneras. Un hombre a quien encumbra un golpe de fortuna, es casi siempre vanidoso y despótico, pero luego el ambiente va suavizando a las generaciones sucesivas. La desgracia de las corrientes ideales que llegaban a Bilbao por los caminos del mundo, ha sido encontrarse con una tanda de ricos, nueva e incomprensiva. Los nietos de los enriquecidos por el auge minero de 1876, eran hoy hombres afables, acogedores, tolerantes. No discutían con aquella terquedad de sus abuelos, no se alzaban frente al obrero rebosantes de amor propio. Los refinamientos, la sensibilidad del siglo los iban ganando. El reflujo que hasta nosotros llegue del volcán del oriente de Europa, los hubiera encontrado atentos. Mas de pronto, viene una nueva tanda de ricos, la del auge naviero, hecha no por elaboración, sino por resurgimiento, y penetra en todos los lugares donde se organiza la dirección del país. Las ideas universales que quieran penetrar en Bilbao encontrarán otra vez, oponiéndose a su paso, un bloque berroqueño.

“En la ría de Bilbao”.- Cuadro de Tomas Campuzano.
   Cuando todavía no estaban estirpados definitivamente los sedimentos feudales, ese despotismo advenedizo desentonaba menos, pero ahora su sola insinuación puede causar serias conturbaciones. Los deberes sociales del hombre rico son mayores de día en día. Ha de revertir una parte de su dinero sobre aquellos que le han ayudado a ganarlo; ha de ejercer, por decirlo así, una munificencia reparadora. Cuando el rico dota a su ciudad de una Biblioteca que permite adquirir cultura a los hijos de sus obreros, no hace más que devolver el favor que antes le hicieron los obreros; auxiliándole a formar la fortuna con que pudo comprar la Biblioteca. En todo el mundo se nota una tendencia de justa mediatización. Estas teorías inyectan de sangre los ojos de los nuevos ricos. No conciben que nadie pueda mandar en su dinero, aunque ellos, en cambio, encuentran hacedero mandar en la dignidad ajena. Algunos intentan presentarse como víctimas: “¡Pero es que nosotros lo hemos de hacer todo!”. No comprenden, los necios, esa alta felicidad, ese alto orgullo de poder ampararlo todo, de poder remediarlo todo. Cuanto mayor es la merced que se desea, mayor es la potestad a quien se pide. Se implora de Dios la salud perdida, la vuelta del desaparecido, lo que no está dentro de los poderes humanos. Si de los ricos se solicita hoy tanto, es porque ellos son como dioses terrenales, y pueden evitar, con su dinero, la muerte del hijo raquítico, la entrada en un hospital, las horas de hambre con toda su cohorte de malas tentaciones. Pero este placer de aliviar y consolar, este señorial deleite de acercarse algo a la omnipotencia, no está en el catálogo de los regocijos opulentos. El nuevo rico sólo juzga indispensables en su equipo dos utensilios: el automóvil y la concubina. Lo demás le parece cosa de poco cuidado, a lo menos mientras haya tercios de la Guardia civil.


   Yo no entiendo cómo se pueden vivir las horas actuales en tan profunda despreocupación y en tan profundo egoísmo. Uno de los días de recientes fiestas atronaban una calle principal (diez minutos antes de comenzar la corrida de toros) cientos y cientos de automóviles que corrían trepidantes, veloces, enrareciendo el aire con una neblina fétida. Junto a mí, por la acera, pasaron dos obreros. Uno de ellos, calmosamente, dijo a su amigo: “En estos coches, hemos de ir nosotros al trabajo”. Bajo la gasconada de ese obrero, había un concepto profundo. No rechazaba, aun en plena subversión del orden presente, su deber humano de trabajar, mas exigía, para después de cumplido ese deber, la suma de comodidades que creía le eran debidas. Y en tanto esas ideas llenan de graves alarmas y meditaciones todos los Estados, una gran parte de la juventud vizcaína -que como juventud debía ser vanguardia- se enternece contemplando el acervo de mojigaterías que pretende entronizar el nacionalismo. Para contener la lucha de clases y atajar las sacudidas sociales, el nacionalismo ha inventado un bálsamo de Fierabrás: el imperio de las buenas costumbres vascas, unas costumbres ficticias, confeccionadas a base de sonido de tamboril, canto de coros dóciles y hogueras para tostar heterodoxos. Yo no creo en, ninguna pasada costumbre angélica de ningún país. Desde que hincamos los dientes en el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, somos propensos al pecado. Revisando más de una vez las páginas del Fuero, la ley patriarcal y peculiar de Vizcaya, he visto consignados castigos para homicidas, jugadores y blasfemos, así como disposiciones sobre mancebas de clérigos e hijos habidos por mujer, en dañado ayuntamiento, con clérigo o fraile. El pecado original ha endurecido la cerviz de los hombres y nos hace caer en flaquezas. Las costumbres pasadas, como obra de seres arcillosos, no fueron impolutas, a pesar de cuanto digan los que quieren crear aquí un pueblo elegido que no se ha de juntar con el Heteo, el Chananeo y el Jebuseo, para no contaminarse.

Regatas de balandros en Bilbao
   Pero lo que se pretende es vivir no de apariencias -que al cabo, si eran puras y se vivía de ellas, se vivía de pureza- sino bajo las apariencias. Por salir con la verdad a la superficie, unos cuantos pobres diablos de aquí y algún lansquenete literario destacado en Madrid, han dado en decir que mis escritos van contra Bilbao, cuando no van más que contra los procedimientos de ciertas gentes de Bilbao. Esta habilidad de cubrirse con el decoro de la urbe no es rara entre nosotros. Si las gentes dan con sus obras a la ciudad, sordidez, egoísmo y torpeza, la ciudad no se desacredita, pero en cambio se la denosta si se publica la conducta de esas gentes. No importa que a pesar de los millones entrados desde 1914, nadie –excepto D. Horacio de Echevarrieta- haya hecho una ofrenda magnífica a obras de cultura; no importa que haya familias que duerman a la intemperie; no importa que la prostitución, azuzada por el dinero, realice una trágica siega entre muchachas apenas núbiles. Todo eso se cubre con blasonar de los grandes presupuestos de las Corporaciones, con vestir bien a los guardias municipales y dar unas carreteras cuidadas a los automovilistas veraniegos. Los optimistas a ultranza, cuando escuchan estas cosas gritan: “¿Es que hay algo mejor en otros lugares?”.  Supongamos que no. No nos importa. Precisamente de lo que se trata es de superar a los otros lugares. A mi juicio, Bilbao es, entre todas las poblaciones españolas, la más viva, la más enérgica, la que puede llegar a hacer mejores cosas. Por eso mismo, cualquier error de orientación en ella es de una enorme trascendencia para toda España. Y ahora, en los momentos más críticos de la historia, nos amaga ese peligro. Al mismo tiempo que Europa está forjando rudamente los estatutos morales de lo futuro, estos hombres enriquecidos de pronto, los del auge naviero, los de la última tanda, amenazan invadir, llevando a rastras sus conceptos anacrónicos, los escaños de las Corporaciones públicas, los Consejos de Administración, todos los sitios donde el país tiene la rueda de su gobernalle. Las ideas universales van a encontrar, como antes, un bloque berroqueño cerrándoles el paso. Sólo que antes, las ideas eran calmosas, se avenían a estar cincuenta años desbastando generaciones, y ahora tienen prisa, piden plaza y, si no se les hace, la toman por sí mismas, terriblemente. Por amor a Bilbao, yo quisiera verla convertida en guía de toda España; sedienta de curiosidad en el pórtico de los caminos del mundo que se abren ante ella; ofreciendo su seno para la fecundación de todas las ideas generosas. Esa superchería de buenas costumbres vascas a base de tamboril, coro y hoguera, no le hace falta para nada. Está mucho más necesitada de que su puerto cerrado se abra ampliamente y deje pasar una idealidad europea y unas buenas costumbres europeas.

Publicado el 11 de Septiembre de 1.919

Por Joaquín Adán

En el semanario España.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

La Industria Vizcaína. Metalurgia, Navegación y Minas.- 1918.

La Industria Vizcaína. Metalurgia, Navegación y Minas.- 1918.

   Ciento cincuenta y cuatro Sociedades industriales fundadas en Bilbao en un solo año.- En menos de cuarenta años se extraen  de Vizcaya 150 millones de toneladas de hierro.- El capital de todas las industrias bilbaínas se eleva hoy a 1.500 millones de ptas.

   En un número de LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA, dedicado al antiguo señorío de Vizcaya, no puede faltar un bosquejo de su industria portentosa, que aunque presenta gran variedad puede, no obstante, clasificarse en tres grupos principales: industria siderúrgica, industria de navegación e industria minera

INTERIOR DE UNA NAVE DE NUEVOS TALLERES DE CALDERERÍA DE HIERRO.
   Comprende la primera las distintas fábricas de hierro y acero y las de construcciones metálicas y mecánicas. Son aquéllas las principales proveedoras del mercado español, habiendo llegado a producir, durante el último año anterior a la guerra, 324.000 toneladas de lingote, siendo así que la producción total en España alcanzó el referido año de 1913 la cifra de 445.000 toneladas. Es en ellas de admirar el grado y progreso de sus instalaciones, en las que figura todo cuanto hay de moderno en esta clase de fabricación, dándose la nota simpática que todas estas grandes manufacturas están dirigidas por ingenieros españoles.

   Causa también excelente impresión la visita a los grandes talleres de construcciones mecánicas con sus departamentos de calderería, donde se construye toda clase de puentes, armaduras, grúas, calderas, etc.; los de ajuste mecánico, en los que, con motivo de la guerra europea, han llegado a construirse máquinas de gran precisión, antes importadas del extranjero.

   En el segundo grupo figuran, Aparte de las veintitantas Compañías navieras que con un tonelaje de 450.000 tan importante y floreciente labor están desarrollando en los momentos actuales, más de veinte astilleros, emplazados todos en las márgenes del río Nervión, verdadero factor dinámico de la industria vizcaína. Entre ellos figuran factorías navales que construyen en serie barcos cargueros de 5.000 y 7.000 toneladas e incluso las máquinas propulsoras de los mismos; otros que llegan a construir trasatlánticos de más de 15.000 toneladas; otros que hacen el tipo costero de 300 a 600 toneladas, que en los momentos actuales tan señalados servicios han prestado en el transporte de carbón, y otros, en fin, más modestos, de cuyas gradas salen esos airosos veleros que traen a nuestra memoria las historias de los grandes navegantes españoles.

EL VAPOR “CONDE DE ZUBIRÍA”, SALIENDO DEL PUERTO DE BILBAO EN SU PRIMER VIAJE A INGLATERRA.
   A lo largo de ese mismo río Nervión se ven escalonados en larga fila una serie de barcos de distintas nacionalidades cargando mineral de hierro de lo más preciado del mundo, no sólo por la riqueza de su ley metálica de 48 a 58 por 100, sólo por el mineral sueco superado, sino también por hallarse desprovisto de fósforo.

   Los diques de abrigo construidos en el Abra para facilitar la entrada de los barcos en la ría, la canalización de ésta, los cargaderos mecánicos instados en su ribera, los tranvías aéreos y los ferrocarriles mineros han sido factores que han permitido la exportación de minerales en gran escala, llegándose en el año 1899 a exportar cinco millones y medio de toneladas, reduciéndose después esta cifra por agotamiento de algunas minas, limitándose los embarques en 1913 a unos tres millones de toneladas.

   Según las estadísticas publicadas por don Julio Lazurtegui en un interesante estudio titulado “Industrias claves de España”, el mineral de hierro producido por Vizcaya en un período de cuarenta años escasos ha sido de 150 millones de toneladas, de las cuales próximamente 131 millones constituyen las exportaciones, un millón y medio el cabotaje, y 17 millones y medio el consumo de las fábricas locales, que hoy absorben, según el mismo insigne publicista, 700.000 toneladas anuales.

  Complementan este cuadro de trabajo las fábricas de explosivos, productos químicos y cerámicos, empresas hidroeléctricas, utilizando en el resto de la Península saltos de agua de gran potencia; una red completa de ferrocarriles, de los que sin contar los mineros hay once en Vizcaya; fabricación de vidrio y cristal, de harinas, hilados y tejidos, material ferroviario, papel, etc., etc., y para comunicar a toda esta urbe industrial la savia vital de la técnica moderna, poseen los bilbaínos su Escuela propia oficial de Ingenieros Industriales, montada con todo lo que requiere la pedagogía industrial de nuestros días.

MÁQUINA PARA CORTAR ENGRANAJES DE TURBINAS.
   La conflagración universal que de manera tan cruel hiere a la Humanidad entera ha sido causa de que el capital vizcaíno se emplee en nuevas industrias, habiéndose durante el año 1917 constituido 134 Sociedades mercantiles nuevas con un capital de 15S millones. En los momentos actuales está en curso de ejecución la gran factoría de construcciones Babcob & Wilcox para calderas, locomotoras, grúas eléctricas y tubos de acero sin soldadura, en la cual han de emplearse cerca de 4.000 obreros.

   La fábrica para planchas de blindaje que monta la Constructora Naval, y que requerirá una mano de obra de unos 3.000 operarios. Está a punto de ponerse en marcha el taller para el forjado de grandes piezas que en su fábrica de Sestao instala Altos Hornos de Vizcaya y del cual se carecía actualmente, siendo preciso importar del extranjero las piezas forjadas de grandes dimensiones.

   Terminaremos este ligero bosquejo consignando que el capital (acciones y obligaciones) en 31 de diciembre de 1916 de las Sociedades constituidas en Bilbao ascendía a 1.500 millones, de los cuales mil han sido invertidos en Vizcaya, y quinientos en el resto de la península. Claro está que en esta cifra no incluimos el capital de las Empresas extranjeras que operan en esta plaza.

Publicado el 15 de Septiembre de 1.918

Por LUIS POMBO

En LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA.

jueves, 20 de agosto de 2015

El problema de las relaciones del Puerto de Bilbao con América.- 1916

El problema de las relaciones del Puerto de Bilbao con América.- 1916

Velero subiendo la ría de Bilbao.
   No hay emporio marítimo en Europa que no cuide, con amor, de su intercambio mercantil allende el Atlántico; sin hablar de Londres, Amberes, Hamburgo, Liverpool, sostenedores de un enorme tráfico americano, los puertos de segunda categoría, El Havre, Burdeos, Marsella, Génova, Trieste, entre otros, cultivan un intenso comercio de ese linaje, base fundamental de su vida económica.

   Nada hacía presagiar el año 1300 -cuando otros centros marítimos de la Península extendían su tráfico por todos los puertos conocidos- que la Villa, en esa fecha fundada por D. Diego López de Haro, iba a eclipsar, pocos siglos después, en volumen de comercio marítimo, a todos los puertos de Iberia.

   Ya desde sus comienzos mostró Bilbao su espíritu expansivo. El ambiente que le rodeaba no era para otra cosa. Por toda la costa cantábrica resonaba, desde tiempo inmemorial, el martilleo de los constructores de naves, y a partir de remotas edades, ora mediante la pesca de la ballena, ora en trajinación de mercaderías, habían, los barcos de Vizcaya y de Guipúzcoa, extendido sus relaciones hasta el Norte de Europa, donde la depurada civilización de los Países Bajos irradiaba comercio, industria y mentalidad, particularmente desde aquellas ciudades, relicarios de arte, que se llamaban Iprés, Giante, Brujas, Amberes.

   Así llega la villa a la plenitud de su primer periodo, y deseosa de consagrar su poder económico, solicita y obtiene Carla Real, que el 22 de Junio de 1511, desde Sevilla, da existencia a la Casa de Contratac¡ón juzgado de los hombres de negocios de mar y tierra Universidad de Bilbao.

   Y como en Vizcaya, dominando la embocadura del Nervión, se hallaba aquel collado que, cerca de dos mil años antes, llamara Plinio Monte Maravilloso, como existían, en otros lugares del Señorío, masas considerables de minas ferruginosas, tocó a nuestra región tomar parte activísima en la edificación de la Europa moderna, esa Europa que ha vuelto a crear el Nuevo Hemisferio, haciéndole colosalmente productivo, al conjuro del carril de acero y de la locomotora.

   Por ese camino llegaba la bonanza al Señorío, donde 220 millones de toneladas de menas ferruginosas, de clase superior, aguardaban en 1870 el “fiat lux”. Así, entre 1875 y 1900, arrojaban sus montanas 100 millones de toneladas de esos ricos minerales, de los que recibía el extranjero 90 millones, y consumían las factorías locales 10 millones, produciendo éstas anualmente, 300.000 toneladas de metal.

   Y en medio de esa fiebre de crecimiento, bajo la previsora iniciativa de sus mejores hombres, la sabia dirección técnica del ingeniero don Evaristo de Churruca, hoy conde de Motrico, y por el concurso material, principalmente, de los elementos mineros y de navegación, se perfecciona el defectuosísimo antiguo centro marítimo y se construye el magnífico puerto exterior, que liga directamente a Bilbao con América.

   La humildísima puebla, nacida con la aurora del siglo XIV, villa de poco más de 6.000 habitantes en los mejores días de ese período y de la siguiente centuria; limitada a 8.000 habitantes al comenzar el siglo XIX, mientras Vizcaya sólo contaba con 100.000 habitantes, sufre su gran metamorfosis entre 1875 y 1900, reanudando, en este último año, su comercio directo con las tierras de Ultramar, suspendido, o rebajado a insignificante cifra, por el monopolio de Inglaterra y las malísimas condiciones para la moderna navegación interoceánica del antiguo puerto de Bilbao. Al expirar el siglo registra Vizcaya cerca de 350.000 habitantes, de los cuales 200.000 entre la capital y el puerto exterior.

   Camina, a partir de esa hora, la villa de Don Diego por nuevos derroteros. La exportación de minerales, la fabricación del acero para el consumo nacional, casi exclusivamente, no son sus elementos únicos de vida; y además, si la fabricación del metal se sostiene, el rendimiento de las minas disminuye rápidamente. Ha recomenzado, en cambio, y crece, su tráfico ibero-americano, el cual pasa de 13.517 toneladas, con un valor de 8.002.078 pesetas en 1900, a 65.523 y 27.883.169, respectivamente en 1913, resultando un embarque total, durante ese período, de 553.952 toneladas, con un valor de 311.341.076 pesetas, de cuyas cifras 304.907 toneladas y 109.614.2S7 pesetas corresponden al movimiento fluvial, y 301.907 y 109.614.287 al puerto exterior.

El puente de Vizcaya en la desembocadura de la ría de Bilbao.
   La Rioja, principalmente, productora de vinos y conservas, Vizcaya, con sus manufacturas, nutren las expediciones a Ultramar, mientras figuran en las importaciones entre otros frutos de aquellos países, el garbanzo de Méjico, de intensos arribos, años atrás, muy reducidos al estallar la revolución en aquella República.

   Funcionaban, domiciliadas en Bilbao, al iniciarse el 1º de Agosto la guerra europea, las Agencias de las siguiente Compañías: “Hamburg Amerika Linie”, “Hamburg Sud Amerika”, “Anglo Cargo Líne”, “Mala Real Inglesa”, “Pacific Steam Navigation Cº", “Trasatlántica Españolan”, “Pinillos, Izquierdo y Compañía”, “Trasatlántica Francesa” (con viajes directos, esta última a los Estados Unidos). Estas líneas y otras, han realizado un movimiento emigratorio, desde el puerto exterior, que arroja, en el curso de catorce años, 58.000 personas.

   No se ha presentado, en la existencia de Vizcaya, un problema como el que tiene hoy delante. A resolverlo, en tal forma que las generaciones futuras enaltezcan su presente acción, aplicarán, sin duda, sus clases directoras las más altas y enérgicas previsiones. En primer lugar, determinarán sus industrias siderúrgicas y la Diputación de Vizcaya el aseguramiento de las minas necesarias, a fin de que las fábricas locales dispongan de alimento para medio siglo, por lo menos. En manos extranjeras los principales núcleos, poco queda ya libre; y si fuesen construidos los proyectadas, horno alto de Castro y horno alto de la Basconia -aparte los acordados aumentos en la producción de lingote en Baracaldo y San Francisco- entonces las reservas a proveer deberán ser mayores.

   Si ha de huir Bilbao de la decadencia, tiene que transformarse en la Barcelona del Norte de España, con todo lo que esto implica de ensanche de múltiples actividades fabriles, y de expansión mercantil; entre aquellas manufacturas deben sobresalir, por razón natural, las derivadas del hierro. Bilbao, en último término, puerto, por excelencia, del Cantábrico, importador de frutos americanos, para distribuirlos por todo el Norte de la Península y por su hinterland; así como el centro de exportación a Ultramar, más activo en toda esta costa, puerto, a la vez, el más cercano a la capital del Reino, abocada, en breve plazo, a una población de más de un millón de almas.

   Pero esa nueva organización económica de Vizcaya lleva consigo un imperativo categórico; la construcción del ferrocarril directo, el del meridiano, a Madrid, que mide apenas 430 kilómetros, en lugar de los 557 comprendidos en la línea del Norte, por la gran curva de Palencia y Valladolid.

   La pavorosa conflagración que estamos presenciando oficiará de tremendo latigazo sobre la Humanidad, y la Humanidad, en cuya mente anida la ciencia, se moverá, progresará más rápidamente ahora que nunca, aplicando a su labor, en la industria y el comercio, energías máximas y los métodos técnicos más depurados. En Alemania se escribe nada menos que de la militarización económica de la comunidad, una vez firmada la paz.

   Si España entera, en este nuevo período, habrá de seguir, con bríos, esa ruta para evitar su decadencia, a Vizcaya, de suyo, le corresponde avivar, hasta el extremo posible, su propia acción, aprovechando el estado de cosas, tan singular, que la guerra origina al otro lado del Atlántico. La dilatación y el perfeccionamiento de sus organismos de enseñanza, de sus factorías, de su utillaje ferroviario y de su puerto llamarán todos sus cuidados. Así dispondrá de los elementos necesarios para extender su comercio de permuta con los Estados Unidos, y en especial con todas las Repúblicas de la América latina, deseosas de intensificar sus tratos con la vieja Metrópoli.

   Es de suponer que la Villa del célebre Consulado, la que ha construido el soberbio puerto  exterior, no se dedicará a vivir de sus rentas al fenecer sus tesoros mineros, sino que progresará sin cesar, a fuerza de laboriosidad, de ciencia y de disciplina, en esta nueva era, encarnación, ya lo estamos viendo, de heroísmos sin tasa, que preludian, creámoslo, una Humanidad futura, pletórica de avance intelectual y de prosperidad material, bajo ideales de universal justicia.

  
Publicado el 12 de Agosto de 1.916 por Julio de Lazurtegui
Presidente del Centro de la Unión Ibero-Americana de Vizcaya.

En LA ESFERA.

sábado, 15 de agosto de 2015

La navegación Vizcaína.- 1916

La navegación Vizcaína.- 1916

El balandro "Goitzeco-izarra" doblando el Cabo Machichaco.
   Tratándose de España, bañada por tres mares, situada en el punto donde la Historia ha hecho cruzar las civilizaciones de los pueblos más fecundos, a la vista de África, camino de Asia, en la puerta misma del Mediterráneo, el más español de los mares, en constante comunicación con el Norte de Europa, atalayada al Oeste hacia la Nueva Tierra de América, había de parecer natural que sus hijos tuvieran puestas en el mar sus esperanzas, y que sus conductores espirituales y los directores de su política hubieran enderezado hacia el mar sus ingenios y sus enseñanzas y sus propósitos, tanto más cuanto que fue el mar para nuestras generaciones pretéritas el camino de ida y vuelta de tantas y tan estupendas aventuras, que comenzaron con audacia, se desarrollaron con violencia y aun con gloria, y se liquidaron con desgracia.

   No ha sucedido así. Todos han preferido discutir durante un siglo las exquisiteces de una Constitución centralista (cuya innecesidad ha sido puesta de manifiesto) que venció por la fuerza a través de ríos de sangre. Venido el sosiego, las generaciones nuevas,  sin preparación para el trabajo fecundante, pretendieron en todas las instancias del mando alcanzar la felicidad en servicio y aun en deservicio del Estado. Todos los esfuerzos giraron en derredor de la política interior. Y como lo exterior no existe donde sólo lo interno tiene razón de problema, no tuvieron tiempo de ver el mar, sobre cuya superficie, serena o tempestuosamente, transcurren de uno a otro lado los latidos de la vida extraña. Sin embargo, Vizcaya, y con Vizcaya .sus vecinos, ha renovado la historia marítima de su Consulado excelso, muerto a manos de la igualdad.

   La aparición de la moderna flota mercante de Bilbao coincide con la gran explotación minera realizada los extranjeros y con la creación indígena de la industria del hierro, mas su progreso corre también paralelo al desarrollo de las reformas de nuestro puerto y ría.

   Cuarenta años de labor tenaz, empleada en la canalización de catorce kilómetros de ría, en la construcción de un puerto exterior con ochenta hectáreas de agua y en la instalación de servicios complementarios (sesenta y tres millones de pesetas admirablemente gastados) han hecho del de Bilbao el primer puerto de la Nación.

   Con sólo recoger aquí que el promedio de la carga exportada e importada por él, en treinta y siete años, da cerca de cuatro millones de toneladas para la primera y ochocientas mil para la segunda, y que por las circunstancias padecidas, con ser de los peores, en 1915 entraron en Bilbao 2,821 buques de comercio, está expuesto todo el elogio del éxito.

   En esos hechos la actividad bilbaína dio nacimiento a su Marina mercante, eje de la navegación comercial española.

   Según el Lloyd's Register Book (aun aumentando en tonelaje), Empaña, del sexto lugar que ocupaba en 1901 entre las naciones, pasó al décimo en 1915, con 885.755 toneladas de registro bruto. Hablase aquí del tonelaje de buques superiores a 100 toneladas.

   Del tonelaje español, según otra estadística, no distante de la mencionada, corresponden a la matrícula de Bilbao 401.859 toneladas, distribuidas en 200 buques, propiedad de una treintena de navieros (particulares y Compañías) que interesan un capital aproximado a 100 millones de pesetas.

   Esos buques navegan anualmente más de dos millones y medio de millas para transportar unos cuatro y medio millones de toneladas de carga, cuyo flete, en tiempos normales (sería un error hablar de la excepción), calculado a ,grosso modo, supone un valor cercano a cien millones de pesetas, que el esfuerzo bilbaíno arranca de la competencia extranjera. El promedio de la exportación de productos  nacionales realizado por los buques de Bilbao llega al 95 por 100 de la potencialidad transportadora de los mismos. Ella es la colaboración que prestan al productor español.

   Es característica la condición de la navegación realizada por los buques bilbaínos. Mientras casi el total de los buques de Barcelona, con sus 156.942 toneladas, se dedican al tráfico regular subvencionado, y los de Sevilla, con sus 62.S24 toneladas, al cabotaje entre puertos nacionales (sin mentar ahora, por ser innecesario, a los demás puertos entre los que distribuye principalmente el servicio de contratos con el Estado y los de cabotaje y los de líneas sin subvención), los buques de Bilbao, de la cifra apuntada, en su totalidad son dedicados a la navegación libre, que se desenvuelve en función de un flete internacional y de un tráfico entre puertos nacionales y extranjeros con travesías intermedias entre éstos.

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   Puede decirse que, con ser internacional, es la más española de las navegaciones, por la importancia de su tonelaje, por la eficacia de su labor y por la irradiación exterior de su trabajo. Merced a los buques que la sirven, los colores de la bandera son conocidos en puertos donde se ignoró el nombre de España.

   El precio del transporte en los buques de esa navegación, no sujeta a ruta, no es variable a voluntad del armador; se conviene fuera de España en atención a la necesidad mayor o menor de tonelaje en una corriente de tráfico determinada y en consideración a otros factores de orden secundario, como son las características de los puertos, su outillage y aun las condiciones de sus cargaderos. Como sucede con toda suerte de contratación pública, en la que juega la libre concurrencia, en términos generales, en el concierto de ese flete no cabe la confabulación. Donde tratara de surgir ésta para disminuir el flete, la ausencia del tonelaje lo haría subir: donde pretendiera encarecerlo, la invasión de tonelaje lo haría bajar.

   Sus directores, como elementos integrantes de la producción nacional, tuvieron también otra virtud, la de ser escuchados, unas veces con favorable y otras con adversa fortuna.

   El pensamiento siempre alto (se da por descontada la autoridad) del buen ciudadano don Antonio Maura, en cosas de Marina mercante, como en tantas otras que afectan por modo sustancial a la vida española, con ocasión de una memorable asamblea celebrada por los múltiples y diversos elementos que tienen su vida entrelazada en el litoral y en el mar, acertó a concretar las aspiraciones y las quejas, aun contradictorias, y a definir en fórmulas de armonía los remedios y las reparaciones. Excusado es advertir que, llegado a los Consejos de la Corona, siguió pensando lo mismo, y, claro es que, obrando en consecuencia. Y por ello nacieron la Dirección de Navegación y la ley de Protección a la Marina mercante; las primeras manifestaciones serias de que los Gobiernos se habían enterado de la existencia de ese sector del trabajo de la Nación.

   Estimó la Marina mercante, como necesario a su progreso, el reconocimiento de su personalidad en un organismo oficial, y fue creada la Dirección con el propósito de acceder a la demanda, y para evitar que estuvieran esparcidos los asuntos que afectaban a aquella en los cuchitriles y recovecos de cinco ministerios. En ese centro han colaborado respetables intereses de la Marina mercante de Bilbao, aunque sin éxito.

   Después de quince años que la Dirección existe, es preciso confesar que se ha frustrado el propósito perseguido. Tal cual funciona, (y no puede funcionar de otra suerte) es una rueda del ministerio de Marina, sin otra conexión con las clases comerciales que una Junta consultiva, cuya autoridad no pesa en las resoluciones y en cuyo seno, apartada la discusión de lo que fundamentalmente, neutralmente
afecta a los grandes intereses de la Marina del Comercio, gira, casi exclusivamente, en derredor de cuestiones de personal, las menos adecuadas a una labor patrióticamente útil. Aun con las probadas buena voluntad y diligencia de los encargados de regirla, sin autonomía burocrática, organizada a base del inevitable escalafón y, por ende, con los consabidos sueldos, con el natural y frecuente trasiego del alto personal, ese centro no puede especializar, ni, por lo tanto, ser marítimamente beneficioso. Si ha de responder al fin que se persiguió al fundarlo, debe ser objeto de una reforma sustancial.

   Tras seis años de contienda llegó a puerto, con la ley de 14 de Junio de 1909, el intento de protegerla la navegación y a sus industrias. Apenas promulgada se pretendió reformarla por dos veces (1910 y 1912), no en lo que pudiera tener de más costosa, sino en lo que exclusivamente afectaba a la navegación libre, a los intereses de Bilbao. Los gobiernos liberales tuvieron especial predilección por la economía de la villa invicta.

   A pesar de su inestabilidad, la ley produjo grandes beneficios a la Nación. En primer lugar, salvó a la industria de la construcción naval, v después sirvió eficazmente de amparo a la navegación de nuestros buques.

   Apenas promulgada, aumentó la exportación en buques nacionales en un tres por ciento, en un cuatro la importación y en un tres el tráfico total. En 1913 la exportación española en nuestros buques subió en más de 600.000 toneladas, lo que significa en su desarrollo un aumento de veinte por ciento. En los cinco primeros años de la vigencia de la ley, la flota española creció en 120.000 toneladas de registro, y en los cuatro primeros se rescataron del extranjero, y en cada uno de ellos, más de siete millones de pesetas; en junto más de veintiuno.

   Dicho esto en alabanza de esa ley, la actualidad obliga a dejar anotado, como complemento, el sentido de las relaciones de la navegación mercante con la inevitable política.

   El caso estupendo de la renuncia de los navieros bilbaínos a los beneficios de la ley, justificada sinceramente por la realización, durante la actual guerra, de extraordinarios beneficios, que, según dijeron, “les permitía mirar sin inquietud el porvenir”, renuncia nacida en Bilbao y seguida por los demás puertos, quizá con reparos, desde luego, en algún caso, con quebranto, fue recibido con marcada indiferencia. Hubo quien, olvidando los preceptos de la ley, sostuvo que la renuncia se debió al intento de sustraerse al cumplimiento del deber de exportar productos nacionales en la proporción impuesta. Con decir que la imposición no existe, puesto que el deber es condicionado y voluntario, y que solamente los buques de Bilbao, durante los cinco primeros meses de este año, han importado más de 450.000 toneladas de carga y exportado más de 750.000, se pone de manifiesto el error o la injusticia.

   Si el supuesto tan infundadamente alegado hubiera sido el propósito, no se hubieran renunciado las primas a la navegación de manera tan general y absoluta, pues es obvio que no había para qué renunciar beneficios por y para aquellos buques que indefectiblemente, inexcusablemente, por sus características peculiares y por las exigencias de su tráfico, habrían de estar siempre en condiciones legales de alcanzar tales beneficios.

   Ni tampoco hubieran renunciado al importe de las primas ya devengadas en 1915.

   Lo que sucede es que aún no se ha dado en España el caso de que nadie renuncie a dos millones y trescientas mil pesetas después de haberlas devengado, como aconteció con los navieros de Bilbao (los del resto de España renunciaron a un millón y doscientas mil pesetas), ni el de que nadie renuncie a la esperanza de cobrar esas cantidades multiplicadas por cinco, que son los años que faltan para que se cumpla el término de la ley. El caso es estupendo.

   Así es que no pudo sorprender, a los que están acostumbrados a padecer “las cosas” de la política, el que fuera publicado el decreto de 7 de Enero de este año, arbitrario y anticonstitucional, que sin mentar (aun cuando trataba de remediar, según decía, la carestía de la vida) a los acaparadores de los productos nacionales, amenazaba con la incautación de los buques de la navegación libre, olvidándose de disponer antes del tonelaje que el Estado tiene espléndidamente contratado en más de doce millones de pesetas al año. A renglón seguido del decreto persecutorio, los bilbaínos se vieron compelidos a formar parte de una llamada Junta de transportes que, hasta ahora, les ha costado, por reducción de fletes, una cifra que llega a cuatro millones de pesetas {100.000 toneladas por 40 pesetas).

   Renunciar en un año a dos millones trescientas mil pesetas y reducir los beneficios legítimos de su flota comercial en favor de los intereses del Estado en tres millones de pesetas (cifra que Dios sabe hasta dónde ha de llegar, en fin de cuentas), indica un patriotismo hasta ahora desconocido en España.

   A tanto desprendimiento se ha contestado con el impuesto sobre los beneficios extraordinarios obtenidos con ocasión de la guerra europea, y para hacer aún más visible su aceptación, se ha hecho preceder su estudio y su debate de una preparación a los consabidos gritos de ¡guerra a la plutocracia!. Plutócratas en España son todos “los haraganes” que tienen más de cien pesetas invertidas en industrias nacionales. No importa que las tengan comprometidas.

   El efecto del argumento, que revira descaradamente hacia la izquierda, no falla. En un país donde tanto abundan los políticos mendicantes y las tribus de holgazanes, nada ha de ser tan odioso como el trabajo y su dinero.

   Por si todo ello no hubiera sido suficiente para fundamentar el proyecto, se dijo también a las gentes que los armadores de Bilbao, en junto, no satisfacían al Tesoro por sus utilidades sino noventa mil pesetas al año; cuando no debiera haberse ignorado que esa cifra es la de un encabezamiento supletorio al concierto económico con las provincias Vascongadas, por razón del impuesto sobre utilidades obtenidas en territorio nacional no exento por las Compañías navieras constituidas después del 27 de Marzo de 1900, y cuando debiera haberse sabido que, aparte de la cifra que las Diputaciones satisfacen al Estado por utilidades de esas y de otras Compañías anónimas, lo pagado por las navieras de Bilbao al Tesoro, con cargo a las utilidades del año 1915 por el impuesto sobre los dividendos y por el que grava la negociación de títulos por ellas emitidos, llegará, respectivamente, a las cantidades de
900.000 y 200.000 pesetas, según se desprende de los datos correspondientes a veinte compañías.

   Es dudoso que exista contribuyente español que cumpla mejor sus deberes para con el Tesoro.

   Se ha repudiado, como es natural, el carácter persecutorio de ese impuesto extraordinario, más con sólo consignar que la medida excepcional a una casta de productores nacionales, hay bastante para sospechar de la sinceridad de esa protesta. Si se deseaba la igualdad ante el impuesto, fundamento de su justicia, era preciso disponer que se aplicara a todos los que extraordinariamente se beneficiaron con la guerra.

   En términos generales es saludable y es justo el intervencionismo del Estado, pero cuando el intervencionismo es para todos y por igual. Es intolerable cuando se trata de ensayarlo sobre una mí noria, precisamente por serlo.

   La guerra ha hecho palpable una verdad antigua, pero hasta poco hace no experimentada. Que no es posible a los españoles ni encender las cocinas, ni forjar el hierro, ni mover las máquinas, ni sulfatar las viñas, ni tejer, ni colorar los paños, ni fabricar el jabón, ni producir el pan, ni exportar su riqueza, ni usar, ni gozar de tantas y tantas cosas necesarias a la vida nacional, sin tener libre el mar, ni poseer buques que lo surquen para traer o llevar los productos ¡indispensables.

   Cuando todos se convenzan, los de arriba y los de abajo, los que producen y los que consumen, de que depende del mar el patrimonio de los unos y la tranquilidad de todos, desaparecerá no sólo "la ceguera, espuma de la pasión”, sino la pasión misma y los recelos contra quienes del mar nacieron, en el mar viven y a la orilla del mar quieren vivir en estas costas, apartadas por la cordillera cantábrica, que la voluntad virgen de gente de corteza dura, pero de corazón blando, allana para esparcir complacida por la península sus sentimientos de confraternidad y sus riquezas, logradas en la fuente legítima del trabajo de cada día.

Publicado el 12 de Agosto de 1916

Ángel de Jausoro en LA ESFERA.

domingo, 2 de agosto de 2015

Los ferrocarriles de Vizcaya y el puerto de Bilbao.- 1916

Los ferrocarriles de Vizcaya y el puerto de Bilbao.- 1916

Fragmento del plano de las obras de la ría y el Abra de Bilbao.

   Poco después de abrirse al público el ferrocarril de Madrid a Hendaya, se inauguró, hacia el año 1863  el de Tudela a Bilbao por Miranda, que fue el primero que se estableció en Vizcaya.

   La construcción de esta línea fue un arranque digno del espíritu emprendedor del pueblo de Bilbao, y los valientes comerciantes que emprendieron tan magna empresa merecen nuestra mayor gratitud, porque su entusiasmo no se limitó al acometimiento prematuro de la obra, sino que supieron llevarla a cabo con un criterio tan grandioso, que asombra cuando se recuerda lo que entonces era la invicta villa.

   En el centro de ella se levanta la estación de Bilbao, como muestra de la singular gallardía de aquellos patriotas que hace más de cincuenta y tres años construyeron esta instalación que aun hoy es suficiente para el tráfico, no obstante el extraordinario crecimiento de la villa. Este mismo amplio criterio subsiste en el trazado de la línea, que es inmejorable en planta y en perfil, tanto, que el paso de la Divisoria Cantábrica se salva con pendientes que nunca llegan al uno y medio por ciento, mientras que en los tres pasos de la misma cordillera, situados al Oeste, existen muchas y más largas alineaciones al dos por ciento, y esta afortunada previsión coloca a Bilbao en ventajosas condiciones.

   A pesar del buen criterio que dominó en la instalación de la línea y de la explotación sencilla y económica, planteada desde un principio, como el país no prosperó en los primeros años con la rapidez necesaria, y ocurrió luego el levantamiento carlista, que paralizó por completo el tráfico, la Compañía de Tudela a Bilbao se vio en el duro trance de declararse en quiebra, y el ferrocarril pasó a manos de la Compañía del Norte.

El tiempo ha venido a demostrar que no se equivocaron aquellos intrépidos comerciantes al plantear el problema con la amplitud que lo hicieron, pues esta línea, arruinada casi al nacer, es ahora uno de los principales factores de prosperidad de la Compañía del Norte, hasta el punto de que en el año de 1913, último de explotación normal, el beneficio líquido por kilómetro, que alcanzó fue por lo menos diez veces mayor que el obtenido en la línea principal de Madrid a Hendaya.

   Con corto intervalo de la inauguración del ferrocarril de Tudela a Bilbao, se construyeron cinco nuevas líneas férreas destinadas todas ellas al transporte de minerales de hierro.

   La primera, de vía normal, por la Diputación de Vizcaya, con la denominación de Ferrocarril de Triano, y las otras cuatro de vía estrecha, por las Compañías de Galdames, Luchana-Mining, Franco Belga y Orconera. El resultado financiero de estas empresas ha sido espléndido, a causa de las condiciones del transporte y de la abundancia de mineral.

   La construcción de la red de ferrocarriles secundarios de Vizcaya se inició en 1882 con la línea de Bilbao a Durango, que atraviesa un país industrioso y muy poblado, y como las obras se ejecutaron con gran economía, el resultado financiero fue altamente halagüeño, lo que estimuló a los capitalistas a la construcción de otros ferrocarriles de servicio local, que no en todos los casos dio igual resultado económico, porque en algunos se trataba de trazados que exigían obras importantes que aumentaban
los presupuestos, y por otra parte, las zonas servidas no eran tan ricas ni tan pobladas como la del primero.

   La línea de Durango a Zumárraga tuvo ya un carácter más general, pues no sólo venía a prestar un servicio local, sino que facilitó la comunicación con San Sebastián, estableciendo además un nuevo empalme con la línea del Norte. Más tarde se construyeron los ferrocarriles de Santander, de San Sebastián por Elgoibar y de La Robla a Valmaseda.

   Quedó así virtualmente terminada la red de los ferrocarriles secundarios vizcaínos, dentro de los límites de su provincia, con una longitud de 264 kilómetros, sin contar los ferrocarriles mineros y la línea de interés general de Tudela a Bilbao, pero el esfuerzo hecho por Vizcaya es mucho mayor del que de lo expuesto se deduce, porque las prolongaciones de estas líneas por Guipúzcoa, Santander, Burgos, Palencia y León, que suman una longitud casi doble de la enclavada en Vizcaya, fueron también construidas con capitales vizcaínos en su gran mayoría. Todas estas líneas y sus prolongaciones se han construido sin subvención alguna del Estado, y el resultado del negocio en conjunto ha sido mediocre para los accionistas, pero no así para la Hacienda, que ha obtenido y continúa obteniendo de él pingües beneficios.

   La electrificación de algunas de estas líneas o trozos de ellas, especialmente las de intenso tráfico de los alrededores de Bilbao, contribuiría al fin que se persigue.

   La persona o entidad que consiga aunar voluntades para la fusión de las Compañías hoy existentes, o por otro medio adecuado, prestará a la provincia un señalado servicio.

   Estos ferrocarriles secundarios puede decirse que se hallan en comunicación con la ría, porque los pocos que aún están aislados podrán afluir a ella por el ramal de Matico a Azbarren, en construcción; pero tienen una importancia primordial para el tráfico marítimo el ferrocarril de Tudela a Bilbao, prolongado hasta Portugalete, y los ferrocarriles mineros que transportan grandes cantidades de minerales de hierro para ser embarcados en muelles particulares a todo lo largo de la ría.

   Son excepcionales las ventajas que presta para el embarque de toda clase de mercancías el puerto de Bilbao, porque éste no sólo comprende la ría, desde Achuri, donde llegan las mareas, hasta su embocadura en Portugalete, con un recorrido de 14 kilómetros, sino también el puerto exterior, que mide una superficie de 300 hectáreas.

   La ría, como es sabido, era de muy difícil navegación en toda su longitud, pero muy especialmente en su embocadura, hasta el punto de que antes del año 1878, en que comenzaron los trabajos para mejorarla, no podía contarse con más de un metro de agua en bajamar equinoccial, pero ya en el año 1886 el calado mínimo de la barra excedía de cuatro metros, y el tonelaje medio de los buques que frecuentaban la ría había triplicado, y como consecuencia, los fletes del mineral de hierro al Canal de Bristol, que en 1872 llegaron a 17 chelines, quedaron reducidos a menos de cuatro.

   Todo esto produjo un aumento tal en el tráfico, que en el año de 1886-87 se exportaron 3.872.535 toneladas de mineral de hierro, y el movimiento total del puerto fue de 4.394.434 toneladas.

  Circunstancias tan favorables contribuyeron a mejorar la situación financiera de la Junta, y esta, considerando los beneficios que podría reportar al pueblo de Bilbao y a la provincia la construcción de un puerto exterior, que era el complemento obligado de la obra ejecutada en la ría, se decidió a llevarlo a cabo, pero como, no obstante el aumento obtenido en la recaudación, era necesario reforzar los ingresos de la Junta, solicitó del Gobierno, con el entusiasta apoyo de la Cámara de Comercio y Centro Minero de Bilbao, el aumento del impuesto de exportación que para las obras cobraba, a la vez que una subvención del Estado, y solicitó y obtuvo también subvenciones; de la Diputación de Vizcaya y del Ayuntamiento de Bilbao.

Playa y puerto de Algorta y al fondo el Abra de Bilbao.
   Como resultado de las gestiones practicadas, recayó el Real decreto de 1888 en el que después de ensalzar “el patriotismo, digno de imitación”, de la Cámara de Comercio y Centro Minero de Bilbao, se concede por el Estado una subvención de 250.000 pesetas durante doce años económicos.

   Resuelto este punto esencial, el día 1º de Septiembre de 1888 se comenzaron las obras el puerto exterior proyectadas por el eminente ingeniero D. Evaristo de Churruca, hoy conde de Motrico, a cuya inteligente y asidua labor durante treinta y un años se debe la creación del puerto de Bilbao, de que con justicia nos enorgullecemos.

   Se construyeron dos rompeolas, que segregan del Abra una superficie de 300 hectáreas, capacidad suficiente para establecer el puerto de refugio y para instalar dentro de él muelle de atraque para los grandes trasatlánticos.

   El rompeolas del Oeste mide 1.450 metros, y el del Este, llamado comúnmente contramuelle, 1.100 metros. Entre los extremos de los dos rompeolas queda una boca de 600 metros, orientada de tal modo, que dificulta la transmisión de la mar hacia el inferior y hace fácil la entrada y salida de los buques, aun en los días de mayor temporal.

   Para dar idea de la magnitud de este puerto, lo compararemos con otro de los más importantes, construido recientemente por el Almirantazgo inglés en Dover e inaugurado con toda solemnidad en Octubre de 1909 después de diez años de activos trabajos, y cuyo costo ha sido de tres millones y medio de libras esterlinas.

   Dejamos dicho que la superficie protegida por los dos rompeolas del Abra es de 300 hectáreas en bajamar equinoccial, y de éstas, en 196 la profundidad varía de seis a catorce metros y en 132 es de nueve a catorce metros en bajamar equinoccial.
  
   En el puerto de Dover, las áreas equivalentes son 279, 152 y 12S hectáreas» es decir, inferiores todas ellas a las primeras, lo que quiere decir que el puerto de Bilbao es, por todos conceptos, más amplio que el de Dover.

   El muelle de atraque del puerto exterior, de 640 metros de longitud, con calado mínimo de diez metros, se halla completamente terminado, y en espera de que se establezca la comunicación ferroviaria para que pueda prestar servicio.

   Se continúan los trabajos en la margen izquierda de la ría, que es donde están instaladas las más importantes industrias y los medios de transporte, con objeto de convertir dicha margen en una estación marítima, para que las fábricas y talleres tengan una comunicación rápida y económica con los ferrocarriles y con la vía fluvial.

   En el año de 1900 alcanzó el puerto de Bilbao su mayor movimiento, con un tonelaje de 5.807.43S toneladas, que será seguramente superado a los pocos años de terminada la guerra, no obstante el descenso de la exportación de mineral pero este aumento no ha de causar trastorno alguno en el tráfico, porque la capacidad del puerto es inmensa, y la Junta tiene medios sobrados para atender a las nuevas necesidades.

   El problema del puerto no existe, porque respecto a la facilidad y seguridad de la navegación es sabido que pasan años sin que se cierre un solo día su entrada o salida, y la ría en toda su longitud tiene el calado suficiente, y además es muy fácil el ampliarlo.

   Las instalaciones de carga y descarga en la ría y puerto se hallan en tramitación muy adelantada, pero todo esto no basta, porque los buques buscan fletes, y no mares tranquilos y docks, así es que todas las miras deben dirigirse a impulsar el espíritu comercial, arraigado ya en el país, para que aumente el tonelaje de la importación y exportación, y a ampliar la zona de atracción en el interior, estudiando el movimiento ferroviario, que forzosamente ha de progresar en España, pero con nuevos rumbos.

   La prestigiosa Junta de Obras resolverá seguramente con acierto esta incógnita, pero ¡cuántas facilidades le hubiera proporcionado la malograda línea Tudela a Bilbao!.

   Para terminar presentamos el resumen de todos los gastos efectuados en el puerto y ría de Bilbao desde que se instaló la Junta de Obras a fines de 1877 hasta el 31 de Diciembre de 1915, o sea algo más de treinta y ocho años:


                                                                                          Pesetas
                                                                                                 _______________
1   -  Obras de nueva construcción  ………………………………………………..  64.674.820,60
2   - Conservación y reparación de muelles, alumbrado eléctrico,
boyas, grúas, tinglados, etcétera, etc.., ..……………………………… 15.811.375,30
3   - Impuestos, gastos de personal, oficinas,
    inspecciones del Gobierno, etc.., ………………………………………………. 4.353.969,66
4    - Intereses de los empréstitos ………………………………………....……….. 9.579.946,00
_____________________________________________________________________

                                     TOTAL  ………………………………………… 94.420.111,56

Han contribuido a satisfacer esta suma el Estado y las Corporaciones que se citan en la forma siguiente:
La Junta de Obras del Puerto ………………….... 86,5 por 100
El Estado (subvención) ……………………………...   9,9 por 100
La Diputación de Vizcaya ¡subvención) ……..   2,6 por 100
El Ayuntamiento de Bilbao (subvención) …..   1,0 por 100
                                                            ----------------
                                                       TOTAL 100,00

   Es muy satisfactorio, al especificar las subvenciones concedidas generosamente para la grandiosa obra del puerto de Bilbao, que todas ellas han sido remuneradoras para los otorgantes.

   Al Ayuntamiento de Bilbao y a la Diputación de Vizcaya de un modo indirecto y difícil de apreciar en su cuantía, y al Estado, cuya subvención alcanza 3.946.666,25 pesetas, que representa el 9,90 por 100 del importe total de las obras, de un modo más directo con la percepción del impuesto de transportes, que anualmente asciende a más de dos millones de pesetas.

Publicado el 12 de Agosto de 1.916

Por V. Gorbera

En LA ESFERA.