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viernes, 9 de diciembre de 2016

El puente Palacio en la ría de Bilbao. - 1893

El puente Palacio en la ría de Bilbao. - 1893

   Este precioso puente, que sirve de lazo de unión a Las Arenas y Portugalete, ha revelado por lo bello, lo útil y lo nuevo un genio prepotente y de rica fantasía dentro de la industria moderna: el ingeniero D. Alberto de Palacio.


   Las extraordinarias condiciones de esta construcción, no sólo revelan ya al autor con un genio excepcional, sino que prueban, que aun entregado a las grandes lucubraciones de su espíritu, sabe sujetarse a las exigencias de las especulaciones económicas.

   El Sr. Palacio ha consagrado unos cuantos años a la realización de esta obra, en los cuales no le han faltado ciertamente sinsabores, y para que se realice de una manera cumplida, el que todo lo genial lleva consigo las amarguras de lo mediocre, acaso los mismos que con el tiempo estaban destinados a ser los que más directamente aprovechan su obra han sido causa de ellas. Es claro, es difícil que a un especulador le sepa bien que una obra, por muy original que sea y por muchas dificultades que se presenten en el camino de su realización, cueste 670.900 pesetas si está presupuesta en 500.000; pero es más fácil y muy agradable el recoger un ingreso del duplo de lo presupuesto y recibir felicitaciones y arcos de triunfo por el agradecimiento que los pueblos sienten.

   El viernes 28 del pasado julio se verificó el acto de la bendición é inauguración pública de esta gigantesca obra del genio y de la constancia del notable arquitecto e ingeniero D. M. Alberto de Palacio, habiendo tenido lugar en los días anteriores las pruebas particulares y oficiales con un resultado altamente satisfactorio por lo que respecta a la parte técnica de su ejecución.

   Esta grandiosa obra es un monumento de Vizcaya, a cuya importante industria minera y a la vida y movimiento de Bilbao en sus relaciones con Portugalete y Las Arenas ha prestado un inmenso servicio, asegurando un paso constante, rápido y seguro entre ambos pueblos de las dos opuestas orillas del Nervión, los cuales están unidos a la capital de Vizcaya por vías de comunicación rápidas y directas, dos ferrocarriles casi paralelos a la ría y dos tranvías que siguen la misma dirección a los dos lados de la misma.

   Hace algunos años, el Sr. Palacio se consagraba con una tenacidad singularísima a resolver el importante problema de establecer la comunicación y los medios de transporte entre los pueblos de la desembocadura de la ría, habiendo formulado varios proyectos, tales como el de un túnel por debajo de la ría, el de un puente giratorio, el de un puente fijo superior y el de una vía férrea apoyada, por la que circulaba un bastidor metálico con sus ruedas correspondientes, hasta que se fijó definitivamente en el que ahora acaba de inaugurarse y que consiste en cuatro torres, dos a cada lado del río, de 45 metros de altura, la mayor conocida en los de este sistema, y un tablero horizontal que va de unas a otras y en la que hay establecida una línea férrea de cuatro rieles de 8 metros de anchura total, sobre la cual circula un tren de rodillos acoplados que soportan la plataforma o carro transbordador, capaz para 150 o 200 personas y un carruaje cualquiera, que se transportan de uno a otro lado como por el aire, fuera del alcance de las olas y al nivel de los muelles de ambas orillas, en un minuto de tiempo, sirviéndose de ingenioso y fácil sistema de suspensión por medio de fuertes y resistentes cables cruzados, a fin de evitar los efectos de los vientos fuertes que pudieran producir oscilaciones peligrosas o molestas.

Vista superior del tablero.
   El movimiento es producido por una máquina de vapor situada en una de las torres, que mueve un cable sin fin; y como los movimientos de la plataforma son independientes del agua, va y vuelve de uno a otro lado con gran suavidad, sin cuidado de que haya tropiezo alguno con las embarcaciones que cruzan la ría.

   El embarque y el pasaje se verifican sin incomodidad alguna, como si fuera un carruaje de los más confortables, y no existe el temor de que un desperfecto interrumpa los viajes, porque están tomadas todas las medidas y precauciones necesarias para sustituir en brevísimo tiempo cualquier pieza u organismo que se deteriore.

   El carro transbordador puede soportar 30.000 kilogramos y en el pueden pasar sin inconveniente alguno caballerías, carruajes, vagones con carga y hasta locomotoras por medio de una rampa que permite el acceso al transbordador sin desenganchar y sin apearse los viajeros.

   El presupuesto total de la obra concluida del todo es de 670.900 pesetas, algo más de lo que se había calculado en un principio, lo cual es propio de todas las grandes empresas, y ha sido debido a inconvenientes surgidos en la ejecución de las obras; y el de los gastos anuales, entretenimiento y conservación serán de 10.950 pesetas, habiéndose calculado el producto líquido anual en 96.000 pesetas.

   En el curso de las obras no ha habido accidente ni desgracia alguna entre los obreros, y a pesar de ser una obra tan grandiosa, única en el mundo, todo cuanto se previó hace tres años, al proyectarla, se ha cumplido con exactitud matemática, sin el menor error de cálculo ni falsas maniobras, a pesar de que se conceptuaba por muchos como imposible y quimérica su realización por la dificultad aparente con tanto acierto vencida de evitar las oscilaciones, habiendo sido necesario para corroborar la opinión y las afirmaciones del Sr. Palacio respecto a este punto, pedir, su parecer al eminente ingeniero de París M. Brüll quien hizo por encargo de la Compañía del puente un notabilísimo trabajo de cálculos, con los que vino a demostrarse matemáticamente la posibilidad del proyecto y el brillante resultado que auguraba para el mismo, como se ha visto ahora. Dicho señor ingeniero resolvió también algunas diferencias de apreciación, de carácter puramente técnico, suscitadas entre el Sr. Palacio y el distinguido ingeniero constructor D. Fernando Arnadín, siendo su dictamen en esta cuestión una obra maestra suficiente a formar una reputación, si ya no la tuviera creada y bien cimentada en su larga y brillante carrera, de la que es testimonio el aprecio y estimación en que le tienen sus compañeros de la Sociedad de Ingenieros de Francia, de la que ha sido presidente.

Vista parcial del puente al colgar el transbordador.
   También merece especialísima mención el ingeniero constructor que con acierto singular y sin emplear andamio de ninguna clase ha montado los elevadísimos pilares de hierro del puente y el tablero horizontal, todo al aire, por medio de cables ingeniosos y pies derechos de madera de cuatro metros de longitud.

   En una palabra, esta es una obra de exactitud y precisión admirables; un puente rígido y en completo equilibrio, cuyos pilares tienen 62 metros de altura y 45 metros desde el tablero del puente hasta las aguas de la ría en la sobre pleamar equinoccial, siendo la flecha actual del tablero 0m,20 en sentido no horizontal y 160m de luz total de eje a eje de pilares.

   El motor es una máquina de vapor de dos cilindros de alta presión y de marcha continua, que mueve un árbol, el cual transmite la fuerza por fricción, comunicando el movimiento hacia atrás o hacia adelante o permaneciendo, a voluntad, en reposo. Su potencia es de 25 caballos, pudiendo desarrollar 35, pero no son necesarios más que de 6 a 8 para la marcha ordinaria, y la velocidad del transbordador, que es de cero al empezar y al terminar el viaje, alcanza hasta 3 metros por segundo, siendo nula la oscilación aun con el viento más fuerte.

   Este puente, que hace honor al talento y a la iniciativa de su inventor D. Alberto Palacio, producirá, a no dudarlo, inmensos beneficios al comercio y a la industria y a las relaciones de toda clase entre los pueblos de las dos orillas del Nervión y al de Bilbao, por la rapidez, comodidad y seguridad del transporte, toda vez que puede pasar diariamente de 8 a 10.000 viajeros sin contar las mercancías, ganados y vehículos de toda especie, lo que autoriza a asegurar que el movimiento y el tráfico actuales entre ambas márgenes del Nervión ha de triplicarse o cuadruplicarse.

   Antes de terminar este artículo, reproduciremos algo de lo que acerca de este puente dice el importante periódico L’ Ilustration, de París:

“Generalmente la travesía de las desembocaduras o entradas de puertos análogos, se verifica por medio de puentes giratorios o levadizos o corredizos, que tienen múltiples inconvenientes, puesto que cuando están abiertos interrumpen la circulación: además exigen potentes máquinas para maniobrar sus masas, y finalmente sólo sirven para cruzar distancias relativamente cortas.”

“El puente transbordador, que ninguno de estos inconvenientes ofrece, es digno por ello de admiración y recuerda por su originalidad las atrevidas construcciones que parecían ser especialidad exclusiva de los ingenieros norteamericanos.”

   Estos conceptos, vertidos por un francés, son el mejor elogio de la obra del Sr. Palacio, pues sabido es cuan parcos en alabanzas son nuestros vecinos cuando de algún español se trata.

Conjunto del puente, visto desde la iglesia de Portugalete. 
   Las fotografías que reproducimos nos han sido remitidas por D. Antonio Berdegué, de Bilbao, a quien damos nuestras más expresivas gracias por su atención.


 * * * * *
   
Publicado el 28 de Agosto de 1893 en

La Ilustración Artística.


viernes, 2 de septiembre de 2016

Desde Bilbao a Santurce.- 1957

Desde Bilbao a Santurce.- 1957


   Bilbao se despereza y mira desde el “bocho” en que se asienta un horizonte hoy limpio, recortado de pronto por el anillo de sus montes. Un cerco que sólo permite la escapada de los ojos, aguas abajo, por la ría. Un cerco que sólo permite la escapada de los ojos, aguas abajo. Por la ría. Son las siete de una mañana extrañamente soleada. Las gentes van de prisa a los lugares de trabajo. Una riada humana se desborda en las calles, camino de las fábricas.

La ría y al fondo el monumento a Churruca.
   Zorroza, Luchana, Baracaldo, Sestao, Portugalete. Los barrios y los pueblos que se alzan a izquierda de la arteria industrial de Vizcaya, esa ría ancha sembrada en esta orilla de Altos Hornos, de astilleros, de unas cuantas docenas de factorías importantísimas, de un centenar de fábricas que tienen a esta banda de agua ennegrecida por corazón que todas necesitan.

   El tren arranca suave junto a un costado del puente de la Victoria.

   Zorroza. Todavía es Bilbao. El último barrio que por aquí le crece a la ciudad.

AL GUARDAGUJAS LE MOLESTA EL HUMO

   Unos cuantos hombres beben y charlan animadamente en el bar. A las ocho en punto tienen que estar en el trabajo.

-La S.E.I.D.A. está cerrada.

   Aquí tiene su fábrica de carrocerías metálicas esta Empresa española que ha lanzado al mercado los primeros trolebuses construidos en nuestra Patria. Al día siguiente volverán los obreros de sus vacaciones y todo marchará al ritmo de antes, al movimiento acelerado de siempre. Ahora son ellos los que se empeñan en invitarme. Está al caer la hora de empezar los sudores y con ellos me marcho hasta la fábrica. Todos trabajan en Industrias Químicas Canarias. El complejo mecanismo productivo se pone en marcha rapidísimamente. Diez minutos después un camión ya cargado frena sus ruedas sobre la báscula. Cuatro hombres se cuelgan del techo agarrándose a las viguetas de hierro. Un aparato eléctrico va cargando de sacos un segundo camión. Del techo va cayendo el mineral formando en el montón estalagmitas caprichosas que se desmoronan para que otras se alcen.

-A veces eso se pone como si fueran los Picos de Europa.

   El guardagujas de la estación es un hombre sano. Gallego de nacimiento lleva por estas tierras treinta y cinco años justos.

La central térmica de Burceña,
 que será inaugurada en breve.
   -Aquello que hay junto al andén es una fábrica de jabón.

    Me señala con el dedo cada cosa. Allá arriba el sanatorio Tres Cruces, una de las instalaciones sanitarias más importantes de España, propiedad del Seguro de Enfermedad, alza su tripleta de airosos pabellones. Más cerca a la derecha la central térmica de Burceña, ofrece al visitante una conquista nueva de la industria nacional. La central, que será inaugurada uno de estos días, producirá energía eléctrica con carbón y fuel-oíl. Una de las más modernas de este tipo ha sido importada de Norteamérica e instalada por técnicos americanos y españoles al servicio de Iberduero, que es la sociedad propietaria. Será empleada especialmente en épocas en que disminuya la producción de energía hidroeléctrica. Tiene barcos propios para llevar las escorias al mar y para traer el carbón necesario hasta la central. El Barco que trae el combustible se llama “Marques de Arriluce” en memoria del primer presidente de la Hidroeléctrica Ibérica, asesinado por los rojos a bordo del barco prisión “Cabo Quilates”. El que transporta los residuos se llama “Arteche”, en honor del actual presidente del Consejo de Administración. Conde de Arteche, de Iberduero, la compañía formada por la fusión de la primera con Saltos del Duero. Al fondo una columna de humo dibuja un hongo atómico y negrísimo.

   Las edificaciones de este importante lugar de sacrificios ocupan una superficie dilatada. Más allá una fábrica dedicada a la quema de sebos y grasas, llena el ambiente con un olor que molesta.

-Antes no había aquí tanta fábrica. Zorroza era, eso sí, el cementerio de los coches viejos. ¡Por que aquí se arreglaban todos los cacharros! Pero no había humo ni estos ruidos que vuelven a uno loco.

   Los entendidos decían que estas industrias matarían a las plantas. Pero el guardagujas cree que a quienes mata es a las personas.

   Y allí lo dejamos con su sonrisa de despedida sin terminar diciendo “no hay de que” a las gracias que le doy y un “nunca viene mal” al cigarrillo que le ofrezco.

   Atrás queda Zorroza con sus calles retorcidas aireando en los balcones las ropas que pusieron la víspera sus dueñas a secar. Las tiendas van abriendo sus puertas al comercio. Los bares ya hace tiempo que despertaron al negocio. En la base automovilista del Ejército, pegada a este barrio bilbaíno, reina la actividad desde temprano.

MAS QUE ESTO HAY EN EL BARRIO

   Luchana pertenece a Baracaldo. Pero hay en este barrio media docena de factorías encuadradas en la primera línea de la industria española. Es del todo imposible visitar una a una. La Lube-N.S.U. es la razón social que comprende la firma nacional a la casa alemana de prestigio mundial ha aportado herramientas, máquinas y la colaboración técnica precisa para hacer el milagro de que salga una moto completa cada doce minutos. Todo perfecto y rápido. Un probador –hay cuatro- sale con ella disparado por la pista aperaltada que rodea la fábrica hacia un camino infernal que sube monte arriba.

   -No todos valen para probadores -me dice el señor Sanchez de la Subdirección.– Agunos buenos corredores no han servido para eso. Hace falta una sensibilidad especial.

   Asusta verlos salir lanzados sendero arriba. Pero solo uno de ellos ha sufrido hace poco un accidente. La barra de protección no estaba echada y gracias a una hábil maniobra no se estrlló contra un tren que pasaba en aquel momento.

   Cerca de nosotros está la Sefanitro, esa gigantesca Empresa de interés nacional que muy pronto producirá anualmente 180.000 toneladas de sulfato amónico.

   Aquí la preocupación social es algo que salta a la vista. Basta ver el botiquin con toda clase de instalaciones precisas para su fin. Hasta allí llegan no solo los heridos de la fábrica, sino cualquiera del pueblo que lo necesita. Unos bidones me llaman la atención.

   -Son de aceite- me dicen -. Los traemos desde Jaén y los vendemos a los obreros muchas veces a menor coste, según el número de hijos que tengan. Los comedores de obreros y empleados son una maravilla. Ventilados y limpios, invitan a la alegría con sus jarrones de flores colocados con profusión. Mas de 500 obreros comen en el suyo completamente gratis. La comida es abundante y variada. Solo se cobra el vino a quien lo pida. La botella de tres cuartos a 1,25.

   -Casi todos lo piden- me dice el cocinero.

   La razón es que no les dejan llevar botellas al sitio de trabajo. Ni fumar, tampoco. Para eso tienen salas a propósito donde pueden hacerlo.

   -Porque si fuman por allí –me informa un técnico- ellos mismos resultan perjudicados en la salud. Además puede haber un escape de gases y originar una catástrofe espantosa.

   Por Navidad todo el personal de la fábrica –unos 1000 hombres- reciben un racionamiento especial y voluminoso donde no falta de nada. Y también por entonces se rifan entre los obreros media docenita de cerdos criados con las sobras de la comida.

   -Todo este  tinglado que usted ve –dice el jefe de control térmico- sirve para realizar lo que voy a explicarle en cuatro palabras.

   Y en una sola cuartilla me hace ver cómo llega el gas de las baterías de cok desde los Altos Hornos. La Sefanitro se aprovecha del hidrógeno y el resto lo devuelve a su origen. Por otro lado del aire quitan el nitrógeno y el oxigeno lo envían, para su aprovechamiento, a la Sociedad Española e Oxigeno. Del nitrógeno e hidrógeno combinaos resulta el amoniaco. Me sigue explicando que de la pirita se prepara el SO2, que en las torres de contacto pasa a ser SO3 y en absorción con agua se forma el ácido sulfúrico.

   -Sulfúrico más amoniaco nos da sulfato amónico. Lo que ahora está viendo.

   Me lo dice como el prestidigitador que acaba de sacar media docena de huevos de una chistera vieja. Pero así es la cosa. Ante mis ojos hay una montaña de blanco mineral salado, apretando las paredes de un silo capaz para 50.000 toneladas.

Vista de la fábrica de Baracaldo de Altos Hornos de Vizcaya.
AL “BAR DE LOS JAMONES” VAN TODOS LOS ANDALUCES

   Sesenta mil habitantes empadronados. Otros cuantos miles que no están en el censo municipal. Las personas que viven en Baracaldo, un pueblo que ha crecido como la espuma desde hace ocho años para acá. Casi ya una ciudad. Y una ciudad cosmopolita de fronteras para adentro, donde hay representante de todas las provincias y pueblos de España.

   Luis “El Enano” es una institución popular. Con sus treinta y cinco años y su medio metro se lleva las simpatías de todos los que le conocen. Y son más de 60.000. Hasta hace poco ha estado en el Juzgado copiando el Registro Civil actas de muertos y de recién nacidos. Es un hombrecillo simpático y alegre, amigo de todos y enemigo de nadie.

   Con Luis sólo se codean, para los visitantes, los palacios a la inglesa con Jardines deliciosos que se ven acá y allá y la iglesia de San Vicente con una antigüedad que se remonta al siglo  XIII.

   ¡Ah!, y el Alcalde. Porque esta primera autoridad, a quien el pueblo mira con agradecimiento, ha realizado al frente del Ayuntamiento una labor social que a todos maravilla. Son cientos y cientos las casas que el Municipio ha levantado y ha puesto a disposición de quien las necesita con las máximas facilidades de pago.

   Trescientos cincuenta bares. Mas de 65.000 litros de vino despachados al día. A litro por barba. Claro que hay quien ni lo prueba y barbas que se metan entre pecho y espalda ocho o diez como si tal cosa.

   -Aquí se bebe de lo lindo- me dice el dueño de un bar.

   Los que trabajan en los Altos Hornos son los que más consumen porque el calor los debilita bebiendo agua y llevan sus botellas al trabajo. Pero todos los obreros, en general, le sacuden al tinto que da gusto.

   Otra nota curiosa. Todos los dueños de los bares son de fuera. Sólo dos o tres son del pueblo. Nadie se explica por qué cuando uno de aquí abre un bar lo tiran todos a hundir. Una paradoja que se paga cara. O demasiado barata, porque no suele ir nadie.

   Aquí me sale un amigo como a otro le sale un grano en la nariz. Un hombre abierto y comunicativo que se llama Luis Ibaurei. Con él voy ahora por Arriluce Ibarra, un precioso parque a cuyo lado se levanta la Escuela de Maestría de Altos Hornos, dirigida por religiosos y atendida por técnicos formidables, donde se dan cita cientos de obreros y oficiales de todas las cercanas factorías después de salir del trabajo.

   -En el Bar de los Jamones se reúnen todos los andaluces que han venido a Baracaldo. Por allí pasan todos.

   Y allí nos vamos porque, según él, -mi nuevo amigo-, aquello es digno de verse. No son muchos los que hay, porque la hora no es tampoco la más oportuna. Hay unas mesas llenas con cuartetos de jovenes que juegan al tute. Con los andaluces es sencillisimo establecer dialogo.

   Salvador Peralta es un mozo de veitiseis años que subió hasta Vizcaya desde Teba. A su gracia andaluza une un tartamudeo simpático que no le importa conozcan los lectores.

   -Porque eso de que los andaluces somos unos tíos vagos se lo cuenten a su abuela.

   Me dice Salvador que aquí hay días que gana hasta 25 durillos.

   Se llama José Mena Millán. También él subió hasta aquí con otra caravana desde otro pueblo del Sur.

   Van entrando más muchachos de vuelta del trabajo. Todos se conocen y se saludan. Se invitan unos a otros a “potes” y a “chiquitos”.

   -En este bar solo entramos andaluces.

   Y José Mena me hace un guiño picaresco como de capitán que ha conquistado una fortaleza a pulso. Una satisfacción que no vale dinero.

CUESTA ARRIBA POR UN PUEBLO ALARGADO

   Allá en Baracaldo, que ya he dejado atrás, comienza en hilera las factorías de Altos Hornos de Vizcaya. Bordeando la Ría se estiran hasta donde termina Sestao para entrar en Portugalete.

   En Sestao, con Ayuntamiento desde 1805, con una densidad de población y una superficie industrial que le hace ir en cabeza de los pueblos de España, no es fácil encontrar donde pagar algo para llevárselo a la boca. En cambio hay zanjas abiertas en todos los rincones, porque aquí va a alzarse pronto una central telefónica que permitirá instala treinta mil teléfonos.

   El pueblo con sus treinta mil habitantes se extiende a lo largo de tres kilómetros por la falda de un monte que ya dejó de serlo. Hay docenas de casas con sus fachadas limpias que parecen estrenadas ayer. Edificios alzados a distancia como jugando al escondite y gentes que suben hacia arriba, apoyando las manos en las piernas porque cansa la ascensión.

Preparación del caldo para los Altos Hornos.
   Me pierdo adrede por una callejuela que termina en el campo. Desde el final se divisan sobre el fondo soberbias construcciones que brillan a trozos a los choques del sol. Una mujer madura cuida de unas gallinas.

   -Esto primero que se ve es la Babcok Wilcox. Y la que está a la derecha la General Eléctrica Española. Estos edificios grises son de la fábrica de cementos Portland.

   Pabellones y más pabellones todos a la misma altura como un mar de tejados ayuntados. Una extensión inmensa que pertenece entera a esa empresa gigante e donde salen tubos de acero estirado sin soldadura, vagones, locomotoras, motores marinos, un enjambre de aparatos y máquinas que enorgullecen a nuestra industria.

    Junto a la estación hay un bar con murmullos de gente. Setenta copas ganadas en competiciones de bateles, trainerillas y traineras se alinean en un armario o se apiñan en un rincón de mostrador. Un chaval despejado me prepara un bocado de jamón, indicándome que en Portugalete hay muchos sitios donde comer. Y a Portugalete –dos kilómetros andando, porque el tren tardará un cuarto de hora- me voy por caminos que no han pisado muchos de estas tierras. ¡Algo maravilloso!.

PATRAÑAS QUE SE INVENTAN

   En mitad de la plaza, sobre una piedra monumental descansa el busto en bronce de Víctor Chávarri, el hombre de ímpetu y empresa que trajo a la realidad española la Iberia Altos Hornos que dio más tarde al fusionarse con Altos Hornos de Baracaldo, estos hoy famosos mundialmente Altos Hornos de Vizcaya. Bajo el busto dos obreros que en esta gran empresa dejaron el sudor. A un costado la basílica de Santa María con sabor de antigüedad que se remonta al siglo XI y su papel en las guerras carlista como fortaleza de unos hombres que en ella se defendieron con heroicidad. Y allá arriba el monte San Roque, arranque de “la baja” el 16 de agosto, día de fiesta grande en este pueblo, paréntesis limpio en esta margen lleno toda de humos. Ese día los mozos y las mozas, agarrados del brazo bajan desde allá arriba hasta la orilla, cantando sus canciones, a sobresalir en la caza de patos y divertirse con las cucañas.

La campana de Santa María en Portugalete.
   Miraba ahora desde la ría junto a otro amigo, de esos que uno se encuentra sin darse cuenta como, la maravilla del puente Colgante, Transbordador o Puente de Vizcaya, porque categoría sí que tiene para llevar encima media docena de nombres con sonoridad. Casi 49.000 taladros, más de 18.000 remaches y 326 metros de longitud de perfiles lleva este milagro en hierro que dibujó sobre un papel en blanco el arquitecto Palacio y hace ya tiempo es paso de uno a otro lado del agua.

   Y me contaba este buen muchacho –José Ortego en la partida de nacimiento- que él había oído hablar de un subterráneo bajo la planta de la iglesia donde la Santa Inquisición llevaba a sus condenados a morir.

   Una vendedora de periódicos pasa a nuestro lado y escucha las últimas palabras.
   Se enfurece y nos grita:

   -No haga usted caso, Joven. Esas son calumnias. Patrañas que se inventan.

   El chico se defiende porque él sólo me dijo que “había cído”. Pero la mujer insiste en que aquello no es cierto.

   Y me dice adiós mientras empuja hacia arriba con la cadera el montón de papel.

   Yo se lo digo a Portugalete, a este pueblo agradable que no tiene bailes cerrados y en la plaza vende a los mozos tiques para cuatro piezas por una sola peseta. Porque cuando la banda municipal descansa tocan los altavoces y su dueño ha pagado por eso una bonita cantidad en la subasta.

EN SANTURCE YA NO HAY SARDINAS FINAS

   Santurce, marinero y devoto de la Virgen del Carmen, enseña al visitante, junto a la rampa de su puerto, la imagen, alzada en piedra, de la Virgen. El 16 de Julio es el gran día de Santurce. Por la tarde, la Virgen Marinera, colocada sobre una trainera es llevada a la bocana del puerto entre vítores y jubilosas sirenas. Más de 50 embarcaciones de motor y numerosas barcas acompañan a la Madre de Dios en esta procesión porteña de todos los años. Los espigones del muelle y las bellas alamedas de Las Arenas, Neguri y Algorta, se pueblan del gentío devoto que saluda con blancos pañuelos a la milagrosa. Patrona de la Marina.

   Los remos de la embarcación de la Virgen los mueven desde siempre, por vieja tradición, los patronos pesqueros de Santurce. La procesión se detiene al final de su pequeña singladura. Las bandas de música no cesan en sus acordes durante todo el recorrido y las sirenas guardan ahora silencio. Varias coronas son arrojadas a las aguas azules, en memoria de los caídos en el mar, mientras la Virgen es vuelta cara a la ría mirando con su rostro hacia el marco que le tiende Vizcaya, la del mar y la de la industria, que hace presente allá al fondo con sus altas chimeneas, sus humaredas y sus astilleros.

La Virgen del Carmen recorre la ría en trainera. 
   -No se le ocurra. ¡Si no son de aquí! Las traen de fuera y encima las cobran como si fueran de oro.

   Este consejo de un hombrecillo, el olor que soltaban a asarse sobre la parrilla y sus dimensiones, demasiado grandes para los diminutivos de la copia, me hicieron desistir de mi intención. Y no probé las sardinas. Pero esto que yo hice porque me vino en gana le ocurre a los que llegan, las comen y las pagan diciendo cuando vuelven a sus tierras, que han catado las famosas sardinas. Y es que, por lo oído, en este pueblo que levantó su fama junto al Abra ya no se comen sardinas tan ricas como antes.

   Pues, sí señor, es cierto. Estas ni tienen grasa ni na. Fíjese que tamaño. Las de antes eran la mitad.

   Nos lo dice Valentín Fernández, ojos muy húmedos y arrugas en la frente, natural de Santurce y habitante del mar desde hace cuarenta años, pescador veterano de todo lo que salga.

   -Entramos con ardor a destrozar la pesca. Todo por no gastar lo que se debe. Y porque los barcos grandes se han comido a los chicos.

   Lo de siempre. Y nos explica la primera paradoja con su lenguaje cargado de vocablos enteros nacidos en el mar y frescos siempre. Ya no se pesca con “raba”. Ahí está el quid al parecer, La “raba” –huevas de merluza y bacalao echada al agua con prodigalidad llamaba a las sardinas a un banquete diario. Sin acabarlo nunca, caían  en las redes y un poquito después en la parrilla.

   -Pero ahora ya no hacemos eso. Pescamos con luz y por la noche. ¿Comprende? Las sardinas se escaman y salen de estampida. Hay que irlas cogiendo cuando saltan.

   Lo dice con un tono como si hoy cada día cometiesen una traición. Y me dice también que hoy un barril de raba cuesta más de 1.200 pesetas –él llegó a comprarlos por sólo cinco duros-; que las sardinas ya no vienen como antes junto al Abra y que las que se comen son de Levante o de Galicia y en los bares “las pasan de matute” como si fueran santurzanas legítimas. Otro interviene y Valentín Fernández, pescador fuera y dentro del mar dice:

   -Tú calla, que esto es para mí solo.

      Pero el amigo le quita la tajada y nos informa que un año, el día del Carmen, las sardinas que en el pueblo se comieron eran todas de Huelva.

   -Tome usted nota de esto y en ortografía hagamelo bien.

   Los barcos grandes –me explica- han costado mucho dinero y para no salir perdiendo pescan lo que sea. Y la pesca de la sardina con los viejos pescadores ha resultado perjudicada. Allí junto a la rampa hay amarrados un par de docenas de barcos que ya no salen a pescar porque los grandes se lo barren todo. Y allí está el “Virgen de Chanteiro”, la embarcación de Valentín, que va a salir ahora por si han dejado algo.

   -Aquellas de antes sí que eran sardinas de Santurce. Dígalo. Hoy ya no. Pregúntele a esa vieja que lo sabe mejor que yo.

   Y la anciana Josefa Luzaco, ochenta y seis años de edad, con una memoria prodigiosa, boca sin dientes que ha comido muchos kilos de sardinitas finas, afirma con la cabeza y dice:

   -Pero la vida no hay que contar la de antes, hombrete.

   La vieja sardinera de copla –que ya desaparece- tiene su fundamento en esta abuela que hoy se pasa las tardes sentada al sol junto a la iglesia. Por la orilla de la ría se fue miles de veces a Bilbao, con cesta en la cabeza y apretando pasos para llegar de las primeras. Porque ella era el Pico Amarillo, de las lanzadas que compraba la flor de la pesca nada más tocar puerto las embarcaciones y hacía sus perrillas cuando apuntaba el sol.

   -Entonces se trabajaba, pero se comía, Jopelín! Ahora Lujo, lujo.

   Ella sabrá por qué lo hice. Nosotros no conocimos lo de antaño ni llegamos a comprar, como ella, una arroba de sardinas por cuatro pesetas.

   -Antes se comía mejor de la pesca catorce veces. Y le digo poco.

   Si hubiera dicho 18 también se lo creeríamos, porque, según me dice, ha sido hasta hace poco una magnifica cocinera con el paladar en su sitio.

   Josefa Luzano cuenta ahora la muerte de Sindo –el hermano de una nuera- en el mar y la de dos mocetes del pueblo “cuando estalló la caldera del Pitorrita”. Y se nos va porque se acuerda que ha dejado abierta la puerta de la casa. Aquí me deja con la conclusión de que en Santurce ya no se comen sardinas santurzanas.

   -No deje de ver el rompeolas.

   Y allí me voy, donde el mar es ya mar a verle chocar contra los muros de piedra en una lucha desigual y embravecida. Dos horas mirando el trozo negro que viste los que arrastra la ría, el morado de la tarde plomiza, el verde de las orillas poco profundas y el intenso azul e una lejanía que se escapa.

*****

Publicado por Carlos Prieto Hernández en 1957 en EL ESPAÑOL.

Obra original perteneciente a los fondos bibliográficos de la Fundación Sancho el Sabio Fundazioa. (Vitoria-Gazteiz).

http://hdl.handle.net/10357/22372




miércoles, 6 de julio de 2016

El famoso puente de Vizcaya.- 1951

El famoso puente de Vizcaya.- 1951


   Fue iniciativa del arquitecto bilbaíno D. Alberto Palacios, el proyecto fue aprobado por el autor de la torre Eiffel y su coste – a fines del siglo XIX -, no llegó al millón de pesetas.

   Se habla mucho del Puente de Vizcaya – el Puente colgante, como se le conoce popularmente -, se han editado innumerables fotografías; hasta en algunas obras teatrales del género revisteril ha aparecido como decoración de fondo la ingente mole  de hierro y acero; se admira por todos este magnífico esfuerzo de la ingeniería, pero…
   Pero es lo cierto que no todos los españoles saben el origen y la gestación de esta famosa obra de la técnica metalúrgica.
   Digamos de estrada que el Puente de Vizcaya fue el primero de sus características que se construyó en el mundo. Esto ya es algo.
   La primitiva idea se debe al ilustre arquitecto en ingeniero bilbaíno, don Alberto Palacios. Este  señor, enamorado de la ría y de Bilbao, tuvo la iniciativa de llevar a cabo una construcción que trasladase sin rodeos de una a otra orilla de la ría. Y de acuerdo con tal iniciativa formuló un proyecto, que sometió a un grupo de amigos. En el proyecto consignaba un presupuesto de 415.000 pesetas que pronto se vió que era insuficiente.
   El proyecto en cuestión del señor Palacios fue llevado a París para ser consultado el ingeniero francés Eiffel, autor de la famosa torre. Este opinó que, en principio estaba bien, salvo algunas fundamentales modificaciones, declarando que era necesario, cuando menos, duplicar la cifra de coste consignada en el presupuesto.


   Por indicación de Eiffel se llevó el proyecto a su discípulo más aventajado y querido: el ingeniero Monsieur Arnodin. A los pocos meses, Arnodin se trasladó a Bilbao para inspeccionar sobre el terreno.
   Era necesario alrededor de un millón de pesetas, cifra poco menos que fabuloso a fines del siglo pasado. En una reunión de ilustres figuras bilbaínas se constituyó la Sociedad Anónima “Puente de Vizcaya”. En la misma reunión se recaudó por derrama entre los asistentes el capital necesario. Se llegó a la cifra de 900.000 pesetas, de las qque puso de su patrimonio particular 350.000 pesetas el prócer bilbaíno don Santos de Letona, a quien ya se había nombrado Presidente de la Sociedad “Puente de Vizcaya”. Y se acometió la obra, llevándose a cabo la mayor parte de la mecanización en Talleres de Zorroza.
   Como consecuencia de la guerra fraticída española, que culminó con la victoria de nuestro Caudillo Franco, el Puente colgante de Bilbao quedó espantosamente mutilado. Se encargó de la reconstrucción al ingeniero de Caminos español señor Aracil, habiendo corrido la parte mecánica a cargo de la Compañía Anónima “Basconia”, y la eléctrica, a cargo de la Casa Eguren. Al mostrarse en principio un poco remisa la Banca local para financiar las obras de reconstrucción, en un bello gesto de blbainismo, se comprometió a hacerlo la por tantos títulos benemérita Caja de Ahorros Vizcaína, Y la reconstrucción fue felizmente coronada.





Publicado en 1951 en la revista METALURGIA Y ELECTRICIDAD.

Obra original perteneciente a los fondos bibliográficos de la Fundación Sancho el Sabio Fundazioa. (Vitoria-Gazteiz).

http://hdl.handle.net/10357/8521