miércoles, 30 de septiembre de 2015

Resumen de obras Astilleros de Sestao.- 1919

Resumen de obras Astilleros de Sestao.- 1919

Vista general de los astilleros con los buques actualmente en construcción.
   Continuando las obras de habilitación de estos astilleros, y con el fin de ponerlos en las condiciones necesarias para dar cumplimiento a la gran cantidad de obra que tienen en ejecución, se ha dado comienzo a la construcción de un almacén para depositar la madera cortada, para su sazonamiento, antes de emplearla en las diversas obras de los buques. También se han adquirido un segundo compresor de aire y una segunda conmutatriz, y se han pedido nuevas máquinas-herramientas para aumentar la capacidad de producción de los distintos talleres.

Nuevos almacenes para depositar maderas.
    Están terminados los nuevos talleres de calderería de hierro y maquinaria, los que ya tienen instaladas las dos grúas aéreas de 60 toneladas, una de 50 y dos de 30 toneladas para su servicio. También se están montando las máquinas-herramientas hasta ahora recibidas, esperando instalar en el presente año el resto de este herramental. En el taller de calderería está ya prestando servicio una gran prensa flanjeadora hidráulica, que ha sido construida en nuestros talleres de Sestao.

Vista exterior de los nuevos talleres de maquinaria y calderería de hierro.
   VAPOR “ALFONSO Xlll”, PARA LA COMPAÑÍA TRASATLÁNTICA ESPAÑOLA.- El casco de este buque está casi terminado hasta la cubierta toldo, y se sigue trabajando con toda actividad, tanto en las instalaciones interiores como en las obras de cubiertas.

Trasatlántico “Alfonso XIII”.- Vista de la proa.
   Se han comenzado los trabajos para el lanzamiento de este buque, que se espera tendrá lugar dentro del presente año.

   La construcción de las máquinas principales sigue la misma marcha que las del buque de igual tipo Cristóbal Colón, que se construye en Ferrol, puesto que ambas máquinas se fabrican al mismo tiempo. Las calderas se construyen en Sestao, y están en tal estado de adelanto, que su montaje ha dado comienzo en los talleres. Para la adquisición de la maquinaria auxiliar se sigue una acción semejante a la del buque hermano Cristóbal Colón.

Trasatlántico “Alfonso XIII” para la Compañía Trasatlántica Española.
   Se continúa la construcción del mobiliario para los camarotes de primera, segunda y tercera clase, del que está terminado una gran parte, y se están concluyendo otros trabajos de madera para el interior del buque; también se ha construido en estos astilleros una gran parte del mobiliario para el buque hermano que se construye en Ferrol.

   VAPORES “CONDE DE ZUBIRÍA” Y “MARQUÉS DE CHÁVARRI”, PARA LA SOCIEDAD ALTOS HORNOS DE VIZCAYA.- Al finalizar el año anterior estaba el primero de estos buques, casi terminado, y en 3 de Marzo del presente verificó sus pruebas de máquinas con resultado satisfactorio, siendo entregado a sus armadores el 13 del mismo mes, saliendo inmediatamente para Inglaterra, con cargamento de mineral de hierro.

El vapor “Conde de Zubiria” saliendo a efectuar su primer viaje.
   En el Marqués de Chávarri se llevan con gran actividad las instalaciones de máquinas, calderas y demás elementos de habilitación, y esperamos que este buque haga en breve sus pruebas y sea entregado á sus armadores.

   VAPORES  “FELGUERA” Y “SAMA”, PARA LA SOCIEDAD METALÚRGICA DURO-FELGUERA.- Los cascos de estos buques están prácticamente concluidos. Serán botados al agua y definitivamente terminados tan pronto como el estado de construcción de las máquinas y calderas permitan su colocación a bordo.

Vapor “Sama” para la Sociedad Metalúrgica Duro-Felguera.
   GÁNGUIL «GALINDO», PARA LA SOCIEDAD ALTOS HORNOS DE VIZCAYA. —La construcción de este buque está muy adelantada, y en breve se lanzará al agua. Las máquinas y calderas, que se construyen en Sestao, están terminándose.

Gánguil “Galindo” para la Sociedad Altos Hornos de Vizcaya.
   TRASATLÁNTICO DE 18.000 TONELADAS PARA LA COMPAÑÍA TRASATLÁNTICA ESPAÑOLA.- Los trabajos para este nuevo trasatlántico dieron comienzo a principios de Diciembre último; pero han sufrido una interrupción, debido al estudio que se está haciendo, relacionado con algunos detalles de construcción.

Interior de una de las naves de los nuevos talleres de calderería de Hierro.
   VAPORES “FERNANDO L. DE IBARRA” Y “VÍCTOR DE CHÁVARRI” PARA LA SOCIEDAD ALTOS HORNOS DE VIZCAYA.- La quilla del primero de estos buques se puso en grada el 18 de Julio de 1918, y ha sido lanzado al agua felizmente, el 16 de Abril del presente año. Las máquinas y calderas proceden de Inglaterra; las primeras han sido ya embarcadas para Sestao, y las calderas se están montando a bordo.

Lanzamiento del vapor “Fernando L. de Ibarra” para la Sociedad Altos Hornos de Vizcaya.
   El Víctor de Chávarri fué botado al agua el 14 de Diciembre último. Sus máquinas y calderas fueron adquiridas en Inglaterra, y actualmente se están montando a bordo; faltan algunos pequeños detalles para su completa terminación, pero esperamos que en breve podrá efectuar sus pruebas y ser entregado á sus armadores.

Lanzamiento del vapor “Víctor de Chávarri” para la Sociedad Altos Hornos de Vizcaya.
   GRÚA FLOTANTE PARA SERVICIO DEL ASTILLERO.- La Sociedad acordó la construcción de una grúa flotante de 100 toneladas, para los múltiples servicios de habilitación y armamento de los buques construidos en estos astilleros. Este artefacto es de absoluta necesidad para el embarque de las máquinas, calderas y demás elementos de gran peso y volumen, para cuyas operaciones tiene que valerse de material extraño, no siempre disponible cuando es preciso. Actualmente está acopiado una gran parte del material para el casco, cuyo montaje comenzará en breve, una vez libre la grada número 2. La maquinaria y pluma de la grúa está contratada con Construcciones Metálicas, y su construcción está en buen estado de adelanto.

Interior de una de las naves de los nuevos talleres de maquinaria.
NUEVAS CONSTRUCCIONES.- En 26 de Septiembre de 1918 se firmó un contrato con la “Compañía Marítima del Nervión” para la construcción de dos vapores para carga general, de una capacidad de 5.500 toneladas de peso muerto. Estos buques llevarán los nombres de Mar Blanco y Mar Caribe. Para su construcción está ya acopiado y en trabajo gran parte del material de los cascos, estando en grada el primero de dichos buques, con una buena parte del doble fondo colocado y remachado.

Vapor “Mar Blanco” para la Compañía Marítima del Nervión.
   En los primeros días de Abril del corriente año, se ha firmado un nuevo contrato con esta misma Compañía, para la construcción de otros dos vapores iguales a los anteriores, que llevarán los nombres de Mar Negro y Mar Adriático. Estos dos buques llevarán calderas cilíndricas y tres cubiertas en la sección de popa, en vez de calderas Babcock & Wilcox y dos cubiertas a popa, que llevan los otros buques hermanos.

   También está la Sociedad en negociaciones con varias entidades para la construcción de otros buques.

Vista parcial de los buques en construcción.
   Además de los trabajos antes detallados, se han ejecutado en estos astilleros, durante el pasado año, obras de alguna importancia para otros departamentos de la Sociedad, entre ellas, la de diez gasógenos, tres hornos eléctricos, tres hornos Siemens, seis hornos de recalentar, dos grúas y un cargador, para los talleres de Reinosa, y también una máquina de triple expansión, igual que la del gánguil Galindo, para una entidad bilbaína.

   Con todas las obras aludidas, y no obstante no estar aún este establecimiento completamente habilitado para su plena producción, el Astillero de Bilbao estará a toda carga y trabajará a la velocidad que permita la recepción de materiales y efectos durante mucho tiempo.


Publicado en 1919 por la Sociedad Española de Construcciones Navales.


martes, 29 de septiembre de 2015

Las dos ciudades.- 1919

Las dos ciudades.- 1919


   Próximamente  la hora en que la ría se tiñe con los reflejos de ópalo del sol poniente y los marineros de los pataches que flotan junto al puente de Isabel II cierran las escotillas para meterse a dormir, la Banda Municipal sube al quiosco del Arenal, y este paraje, el más céntrico de Bilbao, comienza a tomar un tinte animado y bullicioso. Allí van las costureras, uno de los encantos más legítimos de la villa, los oficinistas, los obreros que pudiéramos clasificar de más inteligentes, los empleados de todas castas; no faltan las amas de cría. Allí está el Bilbao medio y más modesto que no tiene medios de pasarse el verano fuera y recibe a pulmón lleno las auras un tanto sofocantes de este antiguo barranco donde está colocada la población vieja. La ironía popular ha dado a este punto un título lleno de ilusión bautizándole con el nombre de Ostende. En Ostende, pues, se hace de todo. Se oye la música seriamente, se discute de política, se flirtea y hasta se duerme.

Iluminación Nocturna de “El Arenal”.

   Antes el Arenal era el punto de reunión del Bilbao entero. Allí acudían todas las clases sociales: el obrero, el empleado, el millonario; se formaban paseos distintos; la señorita podía ver, en el paseo de al lado, a la criada paseando con el soldado; el hombre de carrera o el millonario transitaba junto a su empleado. El Arenal era el verdadero centro de vida de toda la población. Después, no. Las señoritas afortunadas quisieron formar su paseo aparte; se fueron a la Gran Vía; las medio afortunadas las siguieron; tras ellas las cursis.  En su intento de despegarse, aun hubo una nueva separación. Aquellas buscaron otra acera; tras ella sobrevino el acercamiento de las otras y los otros. Era un gran ejemplo del hecho de que las diferencias económicas tienden a la creación de una seudo aristocracia desdeñosa. Felizmente para las afortunadas y afortunados, aun le quedaba otro recurso y éste decisivo: Las Arenas, sus “chalet” y palacios de la costa, el Club... La vida comenzó a concentrarse allí, no solamente en verano, sino también en invierno. Y ahora mientras el pueblo que no tiene para veraneos suda en Ostende allá están ellos y también ellas dedicados a sus pasatiempos.

La iluminación en la “Plaza Nueva”
   Sobre el temperamento de esta flotante aristocracia del dinero se han hecho durante la guerra leyendas más o menos humorísticas, pero sin duda, como caso de generalidad, mucho más cómicas que reales. No falta, es verdad, la gruesa y mofletuda naviera señora del “parvenu”, que pide joyas de precio alzado o que condecora sin tino sus abultados senos; es posible que se haya dado el caso del recién enriquecido, indignado porque sus hijas tocan a cuatro manos el piano y corre a comprarles otro; pero cualquiera de ellos u otros parecidos están muy lejos de ser el tipo clásico del rico actual bilbaíno. Estos hombres no son zafios ni torpes; al contrario, tienen cierto sentido aristocrático de la vida y al igual sus mujeres. Saben leer con interés y compran libros y con más o menos afición también cuadros. Conocen la literatura española, la francesa, quizá algo de la inglesa, poseen cierta cultura científica. Su pecado no es ciertamente el analfabetismo o sus derivados. Mejor sería llamarlos decadentes, no ciertamente en ninguno de los siete vicios babilónicos, sino decadentes de temperamento de la voluntad, del espíritu de acción. iCómo han bajado de sus predecesores!. Los primeros, los del ferrocarril de Bilbao a Tudela, los de la terminación de la guerra carlista eran hombres de pelo en pecho, “self made men”, hechos por sus propias fuerzas, anti sentimentales, de franqueza bravía, enemigos de las formas; abundaba el inmoral, el hombre despojado de toda clase de prejuicios, ese tipo que, como todos los pueblos que viven a flor de naturaleza, le da con bastante frecuencia el vasco. A la generación de aquéllos sucedió otra muy distinta. Habían nacido ricos; ya no tenían experiencia de lucha. Nada educa tanto como la lucha, la vida y el trabajo de los propios puños, y éstos se lo encontraban todo hecho. Se educaban en las Universidades españolas, en Deusto con frecuencia o en la rutina de sus oficinas. A partir de aquí empieza decididamente la carrera del millonario político. ¡Y qué responsabilidad más grande la suya!. El millonario se ha hecho conservador o liberal o republicano o nacionalista; pero eminentemente conservador, siempre ha irradiado su espíritu a todos ellos. El negociante, el rico ha mixtificado ciertamente el carácter de los partidos, sobre todo de los rebeldes. En Bilbao, siempre ha habido una casta de hombres que no tuvieron otro ideal que su villa, comerciante y próspera. Lo demás les importaba muy poco. Podían ser españoles, franceses, turcos, con tal que la cosa fuera bien. Con el Gobierno de Vizcaya estuvieron en continua lucha. Un gran vizcaíno de empuje, Zamacola, trató de acabar con la hegemonía bilbaína a principios del siglo XVIII y fracasó. Hoy en día, el Bilbao comerciante parece vengarse de aquellos intentos, aprisionando en sus redes todos los partidos. El Bilbao especulador posee como es natural la prensa; toda ella. Él informa y dictamina, pues, en toda la política general y local. En los pueblos de Vizcaya y del país vasco existen ideales fuertes de una o de otra clase, pero el dinero corre a raudales en las elecciones y envenena la entereza aldeana; favorecidos por la amoralidad política del clero, el aldeano vasco, este hombre capaz de dar un producto admirable a la civilización, se corrompe e inutiliza. Las elecciones son una vergüenza. El Estado tiene la mitad de la culpa. La otra mitad los ricos y los curas. Yo no sé de nadie que haya predicado públicamente contra estos abusos; en cambio, sí les he visto marchar al frente de sus feligreses y dar su voto por una fuente, por un puente u otra merced semejante. Bajo la acción o con la tolerancia de aquellos, los ideales de los partidos se agostan. Estos se han mixtificado. Del liberal han tomado el nombre y han dejado las esencias. Digamos algo parecido del republicano. Al nacionalismo le han puesto unos discos y unos tonos de voz muy radicales, de un énfasis meridional, pero en momentos decisivos le han prosternado ante unos regimientos ansiosos de revancha, le han cortado las uñas y le han dado o permitido que le den un carácter ñoño y estrecho. ¡Da pena pensar lo que podían haber hecho y no han hecho!. El Bilbao heroico y liberal del 75 está siendo ahogado por una, atmósfera de cretinismo mental espantable. Hay partidos que se pasan la vida discutiendo sus quilates de catolicismo; el integrismo más imbécil, oculto con uno u otro nombre, abochorna este país; está aún muy lejos de olvidarse la vieja y oportunista fórmula de “el liberalismo es pecado”. Pues bien, el Bilbao especulador pudo hacer un Bilbao grande y progresivo, de una potencia mental y material enorme, social y alegre, donde no se discutieran estas necedades troglodíticas, ni se proscribieran libros, ni se desangrara en luchas sin finalidad, y no lo han hecho. Este Bilbao industrial, especulador, es liberal, pero sin entusiasmo por sacrificar ni un gesto a esa idea. No han sabido hacer periódicos de altura, no han sabido hacer una Universidad, no han sabido enviar sus hijos al extranjero a empaparse de espíritu de ciencia o de técnica. Su indiferencia ha consagrado el triunfo del integrismo y el de esta estúpida lucha de derechas e izquierdas. No han sabido tampoco extender su poderío industrial. Especulan. Es el Estado, se dice... Pues bien, no han sabido dominar al Estado.

   Los millonarios de otras generaciones tuvieron mucho más carácter. Se servían de todo si favorecía sus intereses, pero con la seguridad y la franqueza del hombre fuerte. Sabían despreciar al título por inútil, al político por charlatán, al militar también por inútil. Estos han cambiado. Son más finos, más instruidos y saben halagar e inclinarse ante los altos políticos. El título les hace gracia, aunque no tenga dinero. También el militar, si lo tiene. En ocasiones le prestan su automóvil y le ofrecen homenajes. Y en punto a “calaveras”, este tipo tan frecuente en Bilbao, ¡ah!, aquellos “calaveras” desenfrenados que se consagraban con toda su enorme potencia a Baco y a Venus van desapareciendo. Los “calaveras” actuales tienen más maldad, pero no tienen genio. Yo he oído en una ocasión: “Estos ni siquiera saben gastar la fortuna del padre”. Y así es. Ya ni siquiera se arruinan los “calaveras”.



   Estos muchachos y hombres que pasan por el Arenal nos consuelan un poco de la decadencia de los adinerados. El espíritu de acción, no de acción especuladora, sino de acción trabajadora, parece haberse refugiado aquí entre estos capataces o maestros de obras, entre estos jóvenes ingenieros o estos oficinistas que bromean con estas alegres costureras, que sonríen más que las señoritas. Este es el Bilbao más alegre y también el más emprendedor. Los casos de algún genio o de algún espíritu audaz que se han visto durante la guerra han salido más bien de aquí. Yo podría citar algunos de estos que saben recorrer cientos de kilómetros a pie o en bicicleta por Castilla o Extremadura o Andalucía, explorando minas o saltos, explotaciones de algún género. En punto a espíritu, corre un instinto fuerte de rebeldía de juventud, de algo nuevo; desgraciadamente los otros dominan la imprenta y los partidos y el tiempo se pasa sin salir nunca de un sentimentalismo estéril.

   ¿Quién de estas dos clases es más digna de tomar el gobierno de la ciudad y del país, aquel gobierno que sólo debe pertenecer a los mejores?. Platón, el aristocrático Platón, se vería un poco perplejo. ¿Es que los dominadores han producido una casta superior?. ¡Si eso fuera verdad!. ¡Bien venida la esclavitud si a favor de ella pudiera nacer el superhombre!.

Pero es el caso que el capitalismo moderno, en lugar de producir el superhombre, no ha dado en la mayor parte de los casos, sino el degenerado. Es algo casi matemático, que en familias ricas, recién ricas sobre todo, el hijo está muy lejos de ser lo del padre y el nieto mucho menos aún. Se podrían poner muchos ejemplos tristes en un escenario tan a propósito como el de Bilbao. Ya desaparecieron las viejas dinastías de los comerciantes bilbaínos, en cuanto se hicieron muy ricos y claudicaron con el ocio. El ocio es peor que la sarna, dice el Eclesiastés. Y es el caso que sólo un alto ideal de clase, una lucha continua puede mantener en el trabajo continuo a los adinerados y sostener el relieve de una clase. La nobleza inglesa ha sido un producto maravilloso. Pero aquí no hay que pensar en eso. Además que el problema no es de mañana, es de ahora.

   ¿Acaso estos modestos paseantes podrían sustituir de pronto la dirección política o la técnica o la administradora de los otros, de los opulentos?. No nos hagamos ilusiones. Educados poco más o menos como el otro, no pueden ser muy distintos de él. Tienen, sí, Seguramente, más genio, más carácter, más audacia, pero les hace falta algo más: “capacidad”.

Bilbao. Astilleros Euskalduna, al fondo Deusto.
   Y este, el problema de la capacidad, de la dominación de las clases medias y de las modestas, es no solamente de Bilbao, de nuestra villa agitada y en estado de formación, sino en España entera. La dirección de los altos ha fracasado. No han sabido dar altas capacidades ni a la ciencia, ni a la agricultura, ni a la industria, ni a la política, ni a nada. Los grandes capitalistas no han hecho grandes figuras ni de sí propios ni de sus hijos; los terratenientes no han puesto el pie en sus tierras ni se han preocupado de mejorarlas absolutamente, los industriales apenas han creado, pero en cambio han especulado a más y mejor. De la clase media han hecho sus siervos. Del abogado hábil han formado el político de su hechura, del militar el defensor de sus intereses, del juez el amparador de sus caciquismos. La clase media se ha relajado en buena parte. La revolución de las clases medias que inició la Revolución francesa no ha llegado todavía a España. Sin embargo, la reacción comienza. La juventud de la clase media se hace más fuerte, se acerca a las clases modestas; la reforma palpita.

   En su libro “The evolution of modem Germany”, Harburt Dawson describe el caso del obrero o del empleado alemán que al volver del servicio dedica su primera visita al jefe de la oficina o del taller,- que, millonario o no, sabe trabajar diez y once horas y tomarse nada más que quince días de vacaciones. Esto está muy bien; aquellos se lo pueden merecer. Los capitalistas alemanes morirán con gloria y habrán llenado dignamente el papel que les designe la historia. En cuarenta años levantaron a su país por encima de los otros y a punto estuvieron de conquistar al mundo. ¡Ah! Aquellos sí que fueron unos chapel-aundis; en cambio casi todos los nuestros, los de ahora, no los de antes, no son más que unos chapel-chiquis.

Bilbao. El Arenal.
    Hubo un tiempo en este país en que el hombre de guerra, el banderizo y señor dueño de la tierra, dirigía la ferrería y era el técnico de la industria, colocada junto a aquélla, y convivía con los obreros. Hoy van desapareciendo de día en día estos casos. Los señoritos de la “créme” se preocupan un poco más de hacer de policías honorarios o de festejar al ejército, que de desempeñar esos menesteres.

   No nos quedan, pues, sino los hombres de las clases modestas, los aldeanos, los técnicos, los modestos hombres de carrera, los jóvenes de la Universidad. Capacitarse, he aquí la fórmula. Yo daría una solución un poco prosaica quizá, pero eficaz de dominio. Los presupuestos municipales o provinciales o del Estado deben elevarse a su máxima capacidad para ello. El trabajo debe dominar a la especulación. El dinero de la especulación debe emplearse en su servicio y su prosperidad, si es necesario obligatoriamente. Las clases medias y modestas deben adquirirla a costa de la especulación. Los jóvenes deben ir por ese medio al extranjero, adquirir la ciencia, la técnica, la ilustración donde sea preciso. “Capacitarse”. Es claro que para eso la ciudad del trabajo debe desplazar a la ciudad de la especulación del dominio de la política.

Publicado el 11 de Septiembre de 1.911

Por Ramón de Belaustegruígoitia

En el semanario España.

viernes, 25 de septiembre de 2015

La marina vizcaína.- 1919

La marina vizcaína.- 1919


   Desde los más remotos tiempos vienen figurando en la “Historia de la Navegación” un gran número de marinas vascongados.

La ría en y las fábricas de “El Desierto”
   Ilustres y célebres navegantes que realizaron grandes descubrimientos; capitanes, pilotos y marineros que hicieron atrevidas e interesarles travesías; pescadores arriesgados que lucharon en cercanos y alejados mares contra las más recias tempestades, mentidos en débiles embarcaciones.

   Todos esos vascongados, habían hecho su aprendizaje en nuestro mar Cantábrico y su acendrada afición a la náutica era debida a su carácter emprendedor y ansioso de buscar fortuna, pero también muy principalmente a que nuestros antepasados dedicaron una buena parte de sus riquezas a construir y armar buques.

   Ya en tiempos del famoso Consulado de Bilbao, ilustre Corporación que dio a luz excelentes reglamentos y disposiciones para las contrataciones marítimas y para la navegación, tenía la construcción de buques gran importancia en Vizcaya, y eran ya muchos los armadores vascongados propietarios de naves que se dedicaban a toda clase de travesías.

Bilbao.- Un barco en Sendeja.
    Decayó años después en Vizcaya el negocio marítimo, y no volvió a resurgir hasta después de terminadas las guerras civiles. Durante ese tiempo fueron nuestros marinos a ocupar plazas en las compañías de navegación más importantes de España, y en ellas y en los cargos de más confianza, figuraron siempre nombres de marinos vascongados.

   El resurgimiento de la navegación en Vizcaya, tuvo lugar después del año 1876, en que terminada la guerra carlista, empezaron a exportarse desde Bilbao a Inglaterra, principal mente, grandes cantidades de mineral de hierro.

   Allá por el año 1882 D. Eduardo de Aznar y de la Sota, en unión de su socio D. Juan Bautista Astigarraga, fundó la “Compañía Bilbaína de Navegación”.

Bilbao.- Barcos junto a Sendeja y Arenal.
   Algunos años más farde, el mismo Sr. Aznar, con su sobrino D. Ramón de la Sota, formaba otra nueva entidad para la adquisición de buques de gran tonelaje.

   D. José María Martínez de las Rivas, adquirió también por aquellos tiempos varios hermosos vapores.

   D. Modesto Abásolo, padre del actual conde de Abásolo, con su “Soc¡edad Marítima Vizcaya”, D. Fernando Carranza, D. Juan Durañona y al algún otro armador, que seguramente no recordaré en este momento, eran los que representaban unos veinte o treinta buques de gran tonelaje, que eran todos los que pertenecían a la matrícula de Bilbao hacia el año 1899, época de la terminación de nuestras guerras coloniales.

   Fue durante los años 1889 y 1900 cuando en Bilbao se dio un gran empuje al negocio marítimo.

   Se adquirieron por diverjas compañías de navegación que se formaron, más de cien vapores de gran tonelaje. El principal promotor fue aquel hombre bondadoso, de esclarecido talento mercantil, que se llamó D. Eduardo de Aznar y Tutor, quien conocía mejor que nadie en España el negocio marítimo y que solamente para las compañías que dirigía adquirió treinta vapores.

Baracaldo: Barcos junto a la fábrica de Altos Hornos.
   Llegó a notarse en aquella época escasez de personal marino. Hubo que habilitar para capitanes a pilotes jóvenes, sin gran experiencia. Sin embargo, no se condujeron mal éstos, y es que los marinos vascongados se han distinguido siempre por su esmerado cuidado en el cumplimiento de su deber y por su gran prudencia y esas son las condiciones más preciadas que pueden poseer les que se dedican a esa arriesgada profesión.

   Al mismo tiempo que se adquirían nuevos buques en el extranjero, resurgía también en Bilbao la construcción de buques, y el Sr. Martínez Rivas en sus “Astilleros del Nervión” y los señores Sota y Aznar, en los de “Euskalduna”, empezaban la construcción de vapores de gran tonelaje, que después ha sido aumentada con los que se construyen en los “Astilleros de Sestao”, de la Constructora Naval y otros muchos talleres más modestos.

   Aquellas grandes adquisiciones de buques, que importaron unos cien millones de pesetas fue posible hacerlas con relativa facilidad por el espíritu de confianza mercantil y por la facilidad de asociación que existe en Bilbao para constituir sociedades anónimas.
   
   Basta que unas personas de reconocida seriedad inicien un negocio y digan que lo han estudiado, para que los capitalistas grandes y chicos se fíen de sus palabras y acudan con sus fondos a suscribir el capital solicitado. 

Portugalete: El vapor “Giralda” saliendo del Abra.
   El negocio marítimo fue malo hasta hace cuatro años. Si bien algunos años producían los vapores una utilidad bruta de diez o quince por ciento, que no podía considerarse como un buen negocio, teniendo en cuenta la amortización rápida que por desgaste de material tienen los vapores, hubo algunos años que la mayor parte de los buques estuvieron amarrados porque se perdía dinero en cualquier tráfico a que se dedicasen.

    En cambio, en estos cuatro años, puede decirse que han sido objeto del negocio mas grande que se ha conocido.

   Con motivo de la escasez de tonelaje por los torpedeamientos y por otras causas debidas también a la guerra europea, ha sufrido tal transformación este negocio que por lo que se refiere a Bilbao y a los cien millones que próximamente tenía invertidos, puede calcularse que se han convertido en unos dos mil millones teniendo en cuenta el valor actual de la flota y las utilidades realizadas en estos últimos años.

   Y como una buena parte de ese dinero se haya depositado en fondos de reserva de las compañías navieras para dedicarlos a nuevas adquisiciones de buques, puede asegurarse para el porvenir, y por lo que se refiere a la matrícula de Bilbao, un gran desarrollo de la marina mercante.

Bilbao: Barcos en Uribitarte.
Publicado el 11 de Septiembre de 1.911

Por Rufino de Orbe en el semanario España.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Cincuenta años de vida económica en Vizcaya.- 1919

Cincuenta años de vida económica en Vizcaya.- 1919

   Al conjuro de la Ciencia, intensamente aplicada a la industria y al comercio, desde hace poco más de medio siglo, han surgido transformaciones grandiosas, con frecuencia metamorfosis insoñadas, en regiones sobre todo de Europa y la América del Norte, ampliamente provistas de minerales de hierro y hulla, palancas fundamentales, durante ese período, de la organización material de los pueblos.

   Fronterizo al Cantábrico y dueño de legendarios criaderos ferruginosos, ofrece el Señorío, de aquella ley, en esa era, testimonio irrecusable, si bien el grado de su expansión económica resulte modestamente cifrado en términos absolutos, y esto no tanto por la relativa limitación de sus recursos mineros -destinados, por desdicha, al agotamiento, en el curso de los próximos cinco o seis quinquenios- como por el empirismo, por la escasa utilización de un tecnicismo perfecto, informadores del ensanche de las actividades regionales en sus varios aspectos, rasgo que no ha correspondido, dentro de la Península, a Vizcaya sola, pues él se manifiesta como razón básica del atraso nacional en su conjunto.

Bilbao: Detalle del Puerto.
   Triste sino ha sido ese comparativo retroceder de la energía mental comarcana. La verdad es que los anales de nuestro solar, referentes a su accionar, en materia de industria y de comercio, hasta la llegada de la gran revolución técnica, acusaron el vigor máximo conocido por aquellos tiempos remotos; y esa modalidad iba, precisamente, ligada por la entraña con el metal por excelencia de la paz y de la guerra, producido en Vizcaya el que, para su honra, hasta penetra, al terminar la Edad Media, en la literatura universal, en alas de Tirso de Molina y Shakespeare, conquistando la inmortalidad. “Bilbao se fundó sobre el hierro»”- dice Guíard en su 2 “Historia de la Villa” y en su “Historia del Consulado y Casa de Contratación”- y alrededor, esencialmente, de ese producto, ha girado, no lo dudemos, a partir de fecha ignorada, en su vida material, la región entera.

   El fructuoso ejercicio de la pesca, las copiosas exportaciones constantes de lanas y demás frutos de Castilla, de que fueron las “Siete Calles” próvido almacén y la navegación vizcaína vehículo perenne; los laboriosos astilleros que inundaban de rumor de trabajo las costas y los arenales de las rías del país, las importaciones considerables de manufacturas, especialmente de los puertos de Flandes (Brujas, sobre todo), de Inglaterra, Francia, todas esas corrientes -animadas por el poderoso aliento del célebre Consulado, promotor central, durante varios siglos, del mecanismo económico del Señorío-  apoyaban, básicamente, en la explotación, para aquellas edades muy activa, del subsuelo, y en la enérgica labor cultivada por los ferrones sin descanso al amparo de las ubérrimas veneras. Después, en la Edad Moderna, la de la metamorfosis de Vizcaya, hasta el instante en que estalló la guerra europea, el mineral de hierro, con intensidad máxima extraído, ha continuado siendo -desgraciadamente en proporción mucho mayor como primera materia exportada que en calidad de metal fabricado- la fuente madre, el eje de nuestra constitución física, en su conjunto, y del alto grado de civilización integral de que hoy puede el Señorío envanecerse.
  
   No dudemos que, dentro de algunos decenios, el historiador sereno de las andanzas de nuestra región, dividirá su proceso material en tres grandes épocas, perfectamente diferenciadas, pero unidas las dos primeras al intenso aprovechamiento de su pródigo subsuelo: 1°, la que arranca de los días más remotos, inscritos en las crónicas, hasta 1860-70, fecha afortunada que vio inaugurarse los ferrocarriles “Bilbao-Tudela” y “Ortuella-Desierto” ; 2°, el período comprendido entre 1870-76, tras del último sitio de Bilbao por los carlistas, y el final de la conflagración europea; 3°, la era que comenzaron el Tratado de Paz firmado en Versalles.

   Podemos calificar el primer espacio -extensivo, como se ve a cientos de años- de gestación lenta, de período embrionario, dentro del cual ha consumido y suministrado sin reposo, a regiones cercanas, la Vizcaya del hierro, en las pequeñas dosis anuales propias de la edad, un total “grosso modo” de TREINTA MILLONES de toneladas de sus más ricas y puras menas. Durante ese tiempo acusa la comarca, en su manera de ser económica, un diapasón más o menos normal, con el rasgo saliente de su actividad metalífera y mareante, una existencia, empero, en su conjunto, análoga a tantas otras, menos fabril, de todas suertes, tocante a variedad de objetivos, que la de Cataluña y de no pocas zonas de Europa, sin grandes explosiones mentales, sobre todo, porque las perennes disputas, las estridencias, radicantes en las feroces peleas de banderizos correspondientes a muy largo período eran tan sólo volcanismos psico-fisiológicos, parecidos, dicho se está, a los imperantes, en aquellos “bons vieux temps”, indistintamente, por casi toda tierra de cristianos y de herejes.

   En la hora luminosa del Renacimiento –si es verdad que contribuyen aisladamente no pocos de sus hijos al progreso de la civilización hispana- no surge, sobre el Señorío, una brillante expansión de arte y de ciencia, como en algunas villas de los Países Bajos, Gante, Amberes, Brujas, Bruselas, por diversos sectores de España, en Toledo, Córdoba, Sevilla, Granada, Valencia, Barcelona, Salamanca, Madrid, en varias ciudades de Italia y otros países del Viejo Mundo, ni aparecen, más tarde, conspicuos inventores, alrededor de la industria del hierro, como en Suecia, Inglaterra, Bélgica, Francia... y ello hacia las postrimerías de esa era, a pesar del accionar feliz de la célebre “Real Sociedad Vascongada de Amigos del País”, con entusiasmo protegida por el gran Monarca Carlos III, a la que tanto realce dio su primer presidente, el inolvidable conde de Peñaflorida.

   Nota gloriosa de Vizcaya es, sin embargo, por aquellos tiempos iniciales de la renovación europea, el concurso magnífico, que hombres de méritos excepcionales -exponentes por excelencia de la energía nata, del alto espíritu organizador y del cosmopolitismo de la raza... los Juan de la Cosa, Zumárraga, Garay, Zabala, entre tantos más- prestan, en las vanguardias, al lado de otros ínclitos y esforzados varones, hijos también de Iberia, a la creación, allende el Atlántico, de nuevas y florecientes comunidades, que, tras de breve tiempo emancipadas, al calor ante todo del inmortal Simón Bolívar, descendiente de vizcaínos, habían de estrechar, después, año tras año, con amor creciente, lazos inquebrantables que les unieran a la antigua metrópoli, España, la nación excelsa, vigorosísima, de los siglos XV y XVI, descubridora, exploradora y colonizadora de un continente prodigioso.

   Durante el segundo período,- al soplo ardiente de las invenciones promovidas por los Arkwright y los Nielsen, los Foulton, Watt, Stephenson, Bessemer, Thomas, Martin, Siemens, Bell, bajo el imperio avasallador del uso, siempre en inconcebible aumento, del carbón mineral y el acero, por el Norte de Europa, concatenado a poderosa siderurgia, al desenvolvimiento constante del ferrocarril, la navegación a vapor, las aplicaciones eléctricas, el maquinismo en todas sus modalidades, que transforman el globo, constituyendo la era de la hondísima revolución industrial, en que no soñaron ni egipcios, ni griegos, ni romanos, en esa nueva era, cristaliza, también alrededor del hierro, la grande, la profunda reforma, la metamorfosis de Vizcaya.

Bilbao: Detalle de la ría.
   Solicitóse, entre 1865 y 1880 especialmente, por buen número de poderosos metalurgistas del Reino Unido, asimismo por algunos de Francia, Bélgica y Alemania, el preciado fruto de las, montañas del Señorío; y éste -a favor de las copiosas explotaciones resaltantes y actividades conexas por extranjeros y nacionales organizadas- rápidamente evoluciona. En el espacio de cuarenta años (1875-1914) crea un amplio y seguro centro marítimo interior, coronado de un magnífico puerto exterior, que une a Bilbao, por las grandes naves trasatlánticas, con América; exporta a Inglaterra, Francia, Alemania, Bélgica, Estados Unidos CIENTO TREINTA (130) MILLONES de toneladas de menas; pone en marcha una industria siderúrgica, consumidora de cerca de VEINTE (20) MILLONES de toneladas de mineral, que anualmente rinde 350.000 toneladas de hierros y aceros, es decir, tres cuartas partes del metal que toda España produce; crea medio centenar de talleres transformadores de estos productos, y cientos de factorías; teje sobre el propio reducido territorio extensivo apenas a 2.200 kilómetros cuadrados, 1.000 kilómetros de carreteras y 500 kilómetros de vías férreas y de tranvías eléctricos ; arma una flota mercante de 200 vapores, transportadores de cerca de 500.000 toneladas de carga; invade la Península, acometiendo en ella todo linaje de empresas ferroviarias, hidro-eléctricas, mineras, fabriles, forestales, agrícolas y bancarias; y la provincia que el año de 1875, apenas registrara 150.000 habitantes, alcanza en 1914, 425.000 y la capital y sus prolongaciones hasta la desembocadura del Nervión, representativas, al comenzar ese período, de poco más de 20.000 habitantes, en junto suman 200.000, al llegar aquel a su término.

   Y esa metamorfosis, abocada a un retroceso posible, impulsado por la fatal extinción cercana de los criaderos ferruginosos de la provincia, tiene al pronto un epílogo resonante, fatídico, llega a una encrucijada inesperada, portentosa: la titánica guerra europea, que, entre Agosto de 1914 y Marzo de 1915, parece conducir a Vizcaya a angustiosa ruina, y que luego, por las efectos de la detención de las huestes germanas en el Marne y en el Iser, le abre de par en par una era de prosperidad inaudita, basada en la fecundísima acción de ciertas actividades, entre las naciones neutrales -los fletamentos, la producción metalúrgica, hullera y agro-pecuaria sobre todo- que, dentro de la extraordinaria anormalidad de la contienda mundial se realiza.

   De esa suerte alcanza nuestra región, en la hora del armisticio, al fenecer el año 1918, y en lo que va del 1919, la cúspide de su prosperidad en la Historia, hasta el día, atesorando, por añadidura, en su activo, como acervo invisible, una reserva de acaso más de los SETENTA (70) MILLONES de toneladas dé minerales de hierro (pocos años ha así calculada) -destinadas por impulso de la post-guerra a una valorización notablemente mayor que en los cinco decenios precedentes-, saldo final de sus legendarios yacimientos, los que, de ésa suerte habrán contenido en junto alrededor de DOSCIENTOS CINCUENTA (250) MILLONES Í)E TONELADAS.

   Pero no es, a la verdad, el caso vizcaíno (descartado, desde luego, el accidental fenómeno procedente de la gran guerra), un caso de muy altas previsiones, del predominio de una depurada dirección científica local, en materia de industria, de comercio, de implantación de un perfecto utillaje.

   Con referencia a la tradicional manufactura del hierro, susceptible en nuestros días de millares de formas, en las que tanto se han distinguido Sheffield y Birmingham, Lieja, Solingen, Remscheid, Elberfeld, acusan Bilbao y su comarca una pobreza que les deprime. En cuanto a otras actividades, el gran sector textil y la industria editorial particularmente, de donde Cataluña entera, Barcelona sobre todo, derivan tan extraordinarios beneficios ique figura tan triste ofrece en ese terreno nuestra Villa!. Y respecto a su mecanismo circulatorio, al equipo de su gran puerto, y otras esferas de su acción ¡qué distancia no queda hasta llegar al perfeccionamiento que los nuevos tiempos reclaman!.

   Felizmente para nuestro solar, descuella, en la presente hora, un hecho tangible, preñado de posibilidades.  Es que, no obstante su empirismo, su limitada aplicación de la ciencia, en su gran época de progreso, dispone actualmente Vizcaya de una riqueza, más o menos movilizable, cuya fama se extiende no sólo a la Península entera, sino también al extranjero. De ella ha dado fe el reciente empréstito nacional, apareciendo la plaza de Bilbao con una suscripción de 7.300 millones de pesetas, es decir, cerca de 45 por 100 de la cantidad solicitada por, las 49 provincias.

   Hagamos de todas suertes caso omiso de esa actuación, engañosa cual es, por lo demás, y deprimente en cierto modo la mencionada cifra -que muchos vizcaínos hubiesen querido ver cristalizada en utillaje, fábricas regionales y empresas de todo género en España y América-, detengámonos, en cambio, un instante frente a una prueba más concreta: puntualicemos los rasgos básicos que dan a luz los balances de los establecimientos de crédito locales y otros datos fehacientes.

   Dicen estos, con fecha 30 de Junio último, que en Bilbao radica el siguiente activo: capitales nominales de los Bancos (sin contar los relacionados con las Agencias de otros establecimientos aquí domiciliados), pesetas 150.000.000; desembolsado, pesetas 91.750.000; reservas, pesetas 38.288.074; cajas de ahorros, 217.031.636 pesetas; cuentas corrientes acreedoras e imposiciones (incluso en Bancos fuera de Bilbao) pesetas 361.291.513; depósitos en valores en custodia (acciones y obligaciones diversas) en Bilbao y otros establecimientos, pesetas 2.828.815.545; si a esto se agrega el valor de las propiedades de los vizcaínos en América, pesetas 175.000.000, se deduce que nuestra plaza cuenta hoy con disponibilidades (metal, papel, etc.) cifradas en más de 3.700 millones de pesetas. Claro es que tiene ese activo su contrapartida en los préstamos concedidos por los Bancos; mas este capítulo va cubierto por los valores entregados en garantía. Teniendo por lo demás en cuenta que los depósitos de papel en custodia representan en Bolsa mucho más que la cifra señalada, siempre resultará que el potencial vizcaíno excede de CINCO MIL (5.000) MILLONES DE PESETAS, sin contar la riqueza local encarnada en los talleres personales. Sociedades comanditarias, propiedad urbana, etc., etc.

   No es dudoso que Vizcaya ha llegado a su tercera gran encrucijada en la Historia. Si en la primera vióse impulsada por el Renacimiento, y en la segunda —comenzada por los años 1860 a 1875— le abrió el invento de Henry Bessemer las puertas de una poderosa expansión, ahora, el singular ensanche de las riquezas del Señorío, promovido por la tragedia europea, y las posibilidades de la post-guerra, le brindan una etapa de la mayor brillantez, si sabe utilizar “científiamente” sus vastos recursos, su extensísimo crédito.

Bilbao: Los Altos Hornos
    Deberá su programa abarcar ocho grandes sectores de actividad: 1°, la intensificación sabia las industrias del suelo y pesqueras; 2°, el desarrollo, en varia forma, de su labor fabril y editorial, mejorando, si viable, el modelo de Cataluña; 3º, el progreso incesante de la capital, la urbe, dotándola de los más perfectos elementos docentes conocidos, Universidades, Museos, Bibliotecas, Palacio de Exposiciones, etcétera; 4°, el perfeccionamiento de su organización circulatoria, puerto, marina mercante (sin descuidar la trasatlántica de pasaje), ferrocarriles, carreteras; 5°, su intervención en negocios diversos fuera de Vizcaya, en la Península, ferroviarios, minero-hulleros e hidroeléctricos particularmente; 6°, el máximo desenvolvimiento practicable de sus relaciones intelectuales y materiales con América, las cooperaciones inclusive en empresas de allá, a ejemplo de Inglaterra sobre todo; 7°, el reajuste de su poderosísimo instrumento bancario dentro de un molde nuevo, comprensivo de activa acción por Ultramar, en armonía con el momento histórico; 8°, la explotación metódica de la atracción y el turismo regional, fundada en la Villa Universitaria, etc., los establecimientos de aguas medicinales de la provincia y limítrofes, y el Biarritz de España encarnado en la pintoresca Guecho.

   Qué duda cabe que Vizcaya dispone de medios para realizar un programa de ese calibre, acrecentador, en altísimo grado de su prosperidad y su cultura, al correr de los dos inmediatos decenios, a pesar del agotamiento de su reserva minera, cooperando, poderosamente, a la vez, en pro de la ansiada “España Mayor”. ¿Pero estarán a la plena altura de su misión trascendentalísima sus clases directoras?. “¡That is the question !”.

Publicado el 11 de Septiembre de 1.919

Por Julio de Lazúrtegui en el semanario ESPAÑA.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Bilbao, puerto cerrado.- 1919

Bilbao, puerto cerrado.- 1919

   Extraña notar cómo este Bilbao, que tiene abiertos ante sí los caminos del mundo, es tan hermético para las nuevas ideas universales. En la historia de la villa, el mar es siempre la arteria vivificante.  Desde que la población se manumite de las luchas primitivas de sus banderizos y rompe la marcha hacia lo futuro, es imposible hablar de ella sin hablar de su puerto. En las orillas de su canal, los carpinteros de ribera levantaban costillares de naves. Sus capitanes eran los más duchos de la península. Ya en un viejo grabado del siglo XVII, aparece la ría llena de bergantines que arriban repletos de bienandanza mercantil. La flota bilbaína traficaba con las colonias, con los Países Bajos, con Inglaterra y toda la Escandinavia. ¿Cómo fue que el espíritu errabundo, curioso, inestable, de aquellos hombres, no llenó de inquietudes el país?. A veces he pensado si no habrá sido precisamente el quietismo del labriego, el estatismo de la montaña, los que agobiarían a Elcano, a los muchos vascos de alma exploradora que se lanzaron en pos de Colón. ¡Hombres enrolados en carabelas que enfilaban sus proas hacia una descomunal quimera!. Decididamente, hicieron bien alejándose. De haber estado tierra adentro, hubieran sido gentes peligrosas y mal vistas: reformadores, descontentos,  heterodoxos. Se fueron con los ojos sedientos de nuevos panoramas y al regresar del periplo azaroso, hallaron su solar inconmovible. Todavía hoy le dura esa resistencia. Yo no sé si atribuirla a la forma un poco anormal en que aquí se crean los elementos directores del país. En Bilbao no mandan las jerarquías nobiliarias; son los ricos los que ejercen preponderancia. Esto no encerraría peligro, si no fuese porque aquí los ricos llegan en tandas. El dominio de la riqueza es tolerable cuando logra tener buenas maneras. Un hombre a quien encumbra un golpe de fortuna, es casi siempre vanidoso y despótico, pero luego el ambiente va suavizando a las generaciones sucesivas. La desgracia de las corrientes ideales que llegaban a Bilbao por los caminos del mundo, ha sido encontrarse con una tanda de ricos, nueva e incomprensiva. Los nietos de los enriquecidos por el auge minero de 1876, eran hoy hombres afables, acogedores, tolerantes. No discutían con aquella terquedad de sus abuelos, no se alzaban frente al obrero rebosantes de amor propio. Los refinamientos, la sensibilidad del siglo los iban ganando. El reflujo que hasta nosotros llegue del volcán del oriente de Europa, los hubiera encontrado atentos. Mas de pronto, viene una nueva tanda de ricos, la del auge naviero, hecha no por elaboración, sino por resurgimiento, y penetra en todos los lugares donde se organiza la dirección del país. Las ideas universales que quieran penetrar en Bilbao encontrarán otra vez, oponiéndose a su paso, un bloque berroqueño.

“En la ría de Bilbao”.- Cuadro de Tomas Campuzano.
   Cuando todavía no estaban estirpados definitivamente los sedimentos feudales, ese despotismo advenedizo desentonaba menos, pero ahora su sola insinuación puede causar serias conturbaciones. Los deberes sociales del hombre rico son mayores de día en día. Ha de revertir una parte de su dinero sobre aquellos que le han ayudado a ganarlo; ha de ejercer, por decirlo así, una munificencia reparadora. Cuando el rico dota a su ciudad de una Biblioteca que permite adquirir cultura a los hijos de sus obreros, no hace más que devolver el favor que antes le hicieron los obreros; auxiliándole a formar la fortuna con que pudo comprar la Biblioteca. En todo el mundo se nota una tendencia de justa mediatización. Estas teorías inyectan de sangre los ojos de los nuevos ricos. No conciben que nadie pueda mandar en su dinero, aunque ellos, en cambio, encuentran hacedero mandar en la dignidad ajena. Algunos intentan presentarse como víctimas: “¡Pero es que nosotros lo hemos de hacer todo!”. No comprenden, los necios, esa alta felicidad, ese alto orgullo de poder ampararlo todo, de poder remediarlo todo. Cuanto mayor es la merced que se desea, mayor es la potestad a quien se pide. Se implora de Dios la salud perdida, la vuelta del desaparecido, lo que no está dentro de los poderes humanos. Si de los ricos se solicita hoy tanto, es porque ellos son como dioses terrenales, y pueden evitar, con su dinero, la muerte del hijo raquítico, la entrada en un hospital, las horas de hambre con toda su cohorte de malas tentaciones. Pero este placer de aliviar y consolar, este señorial deleite de acercarse algo a la omnipotencia, no está en el catálogo de los regocijos opulentos. El nuevo rico sólo juzga indispensables en su equipo dos utensilios: el automóvil y la concubina. Lo demás le parece cosa de poco cuidado, a lo menos mientras haya tercios de la Guardia civil.


   Yo no entiendo cómo se pueden vivir las horas actuales en tan profunda despreocupación y en tan profundo egoísmo. Uno de los días de recientes fiestas atronaban una calle principal (diez minutos antes de comenzar la corrida de toros) cientos y cientos de automóviles que corrían trepidantes, veloces, enrareciendo el aire con una neblina fétida. Junto a mí, por la acera, pasaron dos obreros. Uno de ellos, calmosamente, dijo a su amigo: “En estos coches, hemos de ir nosotros al trabajo”. Bajo la gasconada de ese obrero, había un concepto profundo. No rechazaba, aun en plena subversión del orden presente, su deber humano de trabajar, mas exigía, para después de cumplido ese deber, la suma de comodidades que creía le eran debidas. Y en tanto esas ideas llenan de graves alarmas y meditaciones todos los Estados, una gran parte de la juventud vizcaína -que como juventud debía ser vanguardia- se enternece contemplando el acervo de mojigaterías que pretende entronizar el nacionalismo. Para contener la lucha de clases y atajar las sacudidas sociales, el nacionalismo ha inventado un bálsamo de Fierabrás: el imperio de las buenas costumbres vascas, unas costumbres ficticias, confeccionadas a base de sonido de tamboril, canto de coros dóciles y hogueras para tostar heterodoxos. Yo no creo en, ninguna pasada costumbre angélica de ningún país. Desde que hincamos los dientes en el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, somos propensos al pecado. Revisando más de una vez las páginas del Fuero, la ley patriarcal y peculiar de Vizcaya, he visto consignados castigos para homicidas, jugadores y blasfemos, así como disposiciones sobre mancebas de clérigos e hijos habidos por mujer, en dañado ayuntamiento, con clérigo o fraile. El pecado original ha endurecido la cerviz de los hombres y nos hace caer en flaquezas. Las costumbres pasadas, como obra de seres arcillosos, no fueron impolutas, a pesar de cuanto digan los que quieren crear aquí un pueblo elegido que no se ha de juntar con el Heteo, el Chananeo y el Jebuseo, para no contaminarse.

Regatas de balandros en Bilbao
   Pero lo que se pretende es vivir no de apariencias -que al cabo, si eran puras y se vivía de ellas, se vivía de pureza- sino bajo las apariencias. Por salir con la verdad a la superficie, unos cuantos pobres diablos de aquí y algún lansquenete literario destacado en Madrid, han dado en decir que mis escritos van contra Bilbao, cuando no van más que contra los procedimientos de ciertas gentes de Bilbao. Esta habilidad de cubrirse con el decoro de la urbe no es rara entre nosotros. Si las gentes dan con sus obras a la ciudad, sordidez, egoísmo y torpeza, la ciudad no se desacredita, pero en cambio se la denosta si se publica la conducta de esas gentes. No importa que a pesar de los millones entrados desde 1914, nadie –excepto D. Horacio de Echevarrieta- haya hecho una ofrenda magnífica a obras de cultura; no importa que haya familias que duerman a la intemperie; no importa que la prostitución, azuzada por el dinero, realice una trágica siega entre muchachas apenas núbiles. Todo eso se cubre con blasonar de los grandes presupuestos de las Corporaciones, con vestir bien a los guardias municipales y dar unas carreteras cuidadas a los automovilistas veraniegos. Los optimistas a ultranza, cuando escuchan estas cosas gritan: “¿Es que hay algo mejor en otros lugares?”.  Supongamos que no. No nos importa. Precisamente de lo que se trata es de superar a los otros lugares. A mi juicio, Bilbao es, entre todas las poblaciones españolas, la más viva, la más enérgica, la que puede llegar a hacer mejores cosas. Por eso mismo, cualquier error de orientación en ella es de una enorme trascendencia para toda España. Y ahora, en los momentos más críticos de la historia, nos amaga ese peligro. Al mismo tiempo que Europa está forjando rudamente los estatutos morales de lo futuro, estos hombres enriquecidos de pronto, los del auge naviero, los de la última tanda, amenazan invadir, llevando a rastras sus conceptos anacrónicos, los escaños de las Corporaciones públicas, los Consejos de Administración, todos los sitios donde el país tiene la rueda de su gobernalle. Las ideas universales van a encontrar, como antes, un bloque berroqueño cerrándoles el paso. Sólo que antes, las ideas eran calmosas, se avenían a estar cincuenta años desbastando generaciones, y ahora tienen prisa, piden plaza y, si no se les hace, la toman por sí mismas, terriblemente. Por amor a Bilbao, yo quisiera verla convertida en guía de toda España; sedienta de curiosidad en el pórtico de los caminos del mundo que se abren ante ella; ofreciendo su seno para la fecundación de todas las ideas generosas. Esa superchería de buenas costumbres vascas a base de tamboril, coro y hoguera, no le hace falta para nada. Está mucho más necesitada de que su puerto cerrado se abra ampliamente y deje pasar una idealidad europea y unas buenas costumbres europeas.

Publicado el 11 de Septiembre de 1.919

Por Joaquín Adán

En el semanario España.