sábado, 4 de febrero de 2017

Altos Hornos de Vizcaya y la reconversión de la siderurgia integral (II).- 1982

Altos Hornos de Vizcaya y la reconversión de la siderurgia integral (II).- 1982

Oficinas de A.H.V. en Baracaldo  http://www.ezagutubarakaldo.net/es/
   El plan de reestructuración de la siderurgia española se muestra sumamente polémico. El informe Kawasaki, de un lado, y la ofensiva de la dirección de Altos Hornos de Vizcaya con el libro conmemorativo de sus 80 años de existencias, por otro, han abierto una polémica que compete mucho a los trabajadores.

   A Kawasaki le han encargado su estudio la Administración, por lo tanto debía responder a una óptica global del sector, no particularista de tal o cual empresa. El diseño de las inversiones ha debido combinar rentabilidades económicas aseguradas (a nivel de centro de trabajo y a nivel sectorial) con un criterio “social”, inducido por la Administración. Es verdad que esto último ha sido rechazado por los técnicos de Kawasaki que han negado la influencia de cualquier variable “política” en su plan a la hora de distribuir las inversiones.

La perspectiva KAWASAKI y la perspectiva Altos Hornos

   Sin embargo sus conclusiones, se asemejan totalmente a lo que venía pensando la Administración: Tren de Bandas en Caliente para Altos Hornos del Mediterráneo, Nueva acería para ENSIDESA-AVILÉS y Coladas continuas repartidas entre Altos Hornos de Vizcaya y Ensidesa, así como desaparición de la planta de La Felguera (Ensidesa).

   Las perspectivas sobre la evolución de la demanda son más cautas y por lo tanto, más pesimistas que las que se venían tomando en consideración. En realidad el informe Kawasaki prefiere no “aventurarse” y se conforma diciendo que el montaje de tren de Bandas en Caliente (máxima inversión de las previstas, casi el 50% y, también la inversión que va a aumentar ostensiblemente la capacidad productiva del sector) se debe llevar a cabo cuando exista un déficit de oferta de un millón de Tm, lo que se estima que ocurrirá en 1989.

   La propuesta de eliminación de puestos de trabajo de Kawasaki es mucho mayor de los 5.800 puestos reducidos a raíz del acuerdo de marzo del 81, ya que asciende, hasta 1995 culminación del plan estratégico) a 12.500, lo que representa una pérdida de empleos del 30,5% de las plantillas del sector a comienzos del 81.

   La perspectiva de Altos Hornos de Vizcaya es distinta, se trata de la óptica de una empresa que ha diseñado su táctica, el ahora presente, para: adelantarse al plan de reindustrialización definitivo que elabore la administración, condicionándolo de entrada y situándose en mejor relación de fuerzas para negociarlo, si al final, como parece previsible, hubiera de negociarse.

   No se ha sometido a la líneas maestras de la filosofía de distribución de inversiones de marzo del 81, sino que, con la nueva acería de Sestao y el aumento de producción del Tren de Laminación de Bandas en Caliente de Ansio, compite con los planes de inversión de Ensidesa-Avilés y Altos Hornos del Mediterráneo, lo que supone más que duplicar la inversión prevista de Kawasaki (de 17.800 millones de pesetas a 42.143 millones de pesetas).

¿Por qué nacionalizar Altos Hornos de Vizcaya?

   En este país, donde no se habla de nacionalizaciones por parte de las formaciones mayoritarias de la izquierda ni siquiera en plena coyuntura electoral, defender la nacionalización (sin indemnización, por supuesto) de Altos Hornos puede parecer un desatino pero nosotros creemos que existen razones de peso para proponerlo.

1.- Objetivamente, Altos Hornos de Vizcaya igual que otras empresas del acero no integral, debe su existencia al apoyo directo o indirecto del Estado.

   Remontándonos a 1961, con la liberalización de las importaciones siderúrgicas se inicia la crisis de muchas empresas privadas de todo el sector del acero, empresas que, en esta época, preferían conseguir los beneficios en los despachos oficiales y en la antigua Junta de Aranceles y Valoraciones que conseguirlas en las fábrica mediante mejoras técnicas.

   El Estado toma a su cargo la financiación de estas industrias mediante la acción CONCERTADA. En 1961 se declaró a la siderurgia integral “sector preferente”; en 1974 se vuelve a promover la declaración de “interés preferente”. A cada uno de estos jalones corresponden masivas inyecciones de fondos públicos hasta el punto de haberse convertido el Estado en el casi exclusivo canal de financiación del sector a largo plazo.

   Si sumamos los beneficios de todo tipo que ha obtenido Altos Hornos de Vizcaya de 1961 a través de la Administración, así como la garantía que presta a su existencia a pesar de sus cuantiosas pérdidas, debemos concluir que su titularidad es lógico que pase a ser pública.

2.- Es la única empresa privada de la siderurgia integral y, sin embargo, se aprovecha de todos los planes estatales para el sector en igualdad de condiciones a las empresas públicas.

3.- La nacionalización de Altos Hornos de Vizcaya permite la unificación de las tres empresas en un ente siderúrgico único, cuyo control puede recaer en cada nacionalidad o región sobre los entes de autogobierno y los sindicatos eliminando así tensiones competitivas absurdas, y llevando, de este modo, a su culminación lógica todas las medidas de concentración técnica, comercial y financiera.

El edificio “Ilgner” en Baracaldo.
¿Y después qué?

   Es evidente que la nacionalización no resuelve el problema de los sacrificios del Plan de Reindustrialización. La lógica de cualquier proceso de este tipo en una sociedad capitalista esta recorrida por la lucha de clases. Cuanto más duro sea el plan en pérdidas de empleo, congelaciones salariales, jornadas de trabajo y movilidad de plantillas, serán más rentables y competitivos resultados.

   Por mucho que la patronal, la administración y las direcciones reformistas de los grandes sindicatos exijan colaboración, unificación de esfuerzos para abordar la reindustrialización, so pena de que si no se hace será peor (se perderán más puestos de trabajo, desaparecerá la siderurgia de base en zonas enteras como ha ocurrido en la Lorena francesa, se debilitará el país al correr peligro su principal industria estratégica, etc.), la unidad resultante jamás podrá ser natural. Y por desgracia como corrientemente enseña la práctica de las reconversiones y reestructuraciones son los trabajadores los que pierden. En mayor medida aún si caen en las falacias reformistas de creer es posible “aunar esfuerzos” y compartir sacrificios en lugar de resistirse a ellos.

Algunos criterios que nos parecen útiles para enfrentarse a las reestructuraciones siderúrgicas son los siguientes:

1.- A raíz de la presentación del informe Kawasaki hemos visto algo que se volverá a repetir: direcciones de empresas, autoridades territoriales vascas y asturiana, e incluso direcciones sindicales clamando para que las inversiones se realicen en sus territorios y empresas, sin preocuparse de denunciar los contenidos anti obreros de la reindustrialización.

2.- Los trabajadores no deben entrar en este juego, no pueden consentir ser instrumentalizados por la más reaccionaria insolidaridad para evitar que a ellos les toque lo menos malo del plan. De seguir este camino la reindustrialización se impondrá con todas sus secuelas de sacrificios para la parte social y no habrá posibilidades de hacer un frente común de plantillas de todos los centros.

3.- No es posible presentar un plan alternativo al de Kawasaki o al de Altos Hornos de Vizcaya que se mueva sobre los presupuestos de la competencia interempresas e interpaíses capitalistas y sobre la lógica del beneficio y la rentabilidad capitalista y que al mismo tiempo responda a la óptica de los intereses de la clase obrera.

   De intentarlo, tal plan se convertiría en una de las dos variantes posibles: un plan alternativo corrientemente elaboran las direcciones reformistas de los grandes sindicatos por planteamientos económicos burgueses.

Empecemos por algún sitio
  
 Establezcamos unas trincheras de resistencia al plan de la patronal o la Administración, con la clara conciencia de que cuanto más se resista menos sacrificios haremos. Estas pautas son bastante obvias:

-No admitir la pérdida de más puestos de trabajo, aunque estas pérdidas no sean “traumáticas”. Es una exigencia ineludible frente al paro creciente. Se dijo que con 5.800 amortizaciones de empleos la plantilla estaba ajustada, ahora se habla de casi 13.000. Al final ¿cuántos serán? 

   Las nuevas inversiones no amplían la mano de obra sino la sustituyen. Además se paran instalaciones y desaparecen centros de trabajado que incorporaban mucha mano de obra.

   Desconfiamos de que las promesas de creación de puestos de trabajo alternativos que sustituyan a los que se ha perdido sea una salida. La experiencia nos dice que hasta ahora no lo ha sido (ver el caso de La Felguera). La crisis generalizada que afecta a todos los sectores no hace fácil la creación de empleos con rentabilidad. En todo caso, y como el plan de reindustrialización es a largo plazo, bien se puede exigir que el empleo alternativo simultáneo a ese empleo producido.


   Son los trabajadores los que están pagando todos estos desvaríos de la Administración y las empresas y lo seguiremos pagando en el futuro si no demostramos la capacidad de oponernos a planes que además de ser nocivos para nuestras economías, resultan innecesarios o mal ajustados a una realidad industrial en profunda y larga crisis.


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Publicado por Iñaki Uribarri en 1982

en la revista Combate

Obra original perteneciente a los fondos bibliográficos de la Fundación Sancho el Sabio Fundazioa. (Vitoria-Gazteiz).







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